Bailando En Un Mar Legendario

Capítulo 178

Capítulo 178 Al verlos, Kira inspiró hondo y se obligó a recobrar la compostura. Los dos hombres, a quienes había supuesto confinados en sus casas de huéspedes, surgieron de pronto ante ella. Lo último que deseaba era que notaran su rostro aún marcado por las lágrimas derramadas por Orión. Con rapidez, se secó las mejillas con el pañuelo que una criada le había prestado; luego alzó la cabeza y los enfrentó con la mirada. —Príncipe Hipólito, Lord Actaeos, ¿qué los trae aquí? —Ah, mujer de Delos, haces una pregunta innecesaria. ¿Acaso nosotros no tenemos derecho de pedir bendiciones a Poseidón? Respondió Actaeos, con tono frío e indiferente. A pesar de su tono despectivo, Actaeos no podía evitar observar a Kira, vigilando cuidadosamente su expresión. —Al final, dado que nos hemos visto en una situación donde deberemos pasar el Año Nuevo en esta isla, obtuvimos permiso para asistir al ritual. Esa es la razón por la que estamos aquí. ¿Acaso te molesta? —No dije eso. Solo me sorprendió que aparecieran tan de repente. Kira respondió con indiferencia. Ya estaba acostumbrada a los comentarios sarcásticos de Actaeos, por lo que no le prestó mucha atención. Lo que realmente deseaba en este momento era estar sola. Incluso la criada le resultaba molesta. Quería esconderse bajo las mantas en la cama de la casa en la colina de Acrotiri, enroscarse como un caracol y desaparecer del mundo. Pero —¡ah!— incluso esa cama pertenecía a Orión. Kira se sumió en la melancolía, atrapada en un callejón sin salida. Como si no pudiera dejarla sola en ese estado, Hipólito se arrodilló frente a ella. Observó atentamente su rostro, del que apenas se había borrado la mitad de la palidez. Su voz se tiñó de una profunda compasión. —Vaya. La doncella de Artemisa ha estado llorando. Pobrecita. Supongo que te asustado el sacrificio con ofrendas vivas. Le quitó el pañuelo de las manos y, con suavidad, le limpió los restos de polvo. Su gesto mostraba una ternura infinita, pero Kira no sintió nada en especial. No planeaba dar explicaciones, y mucho menos de aclarar lo que había sucedido. Y como Kira no hizo nada para detenerlo, Acteón, no queriendo quedarse atrás, la rodeó por detrás. Como si temiera que la brisa de la noche de verano fuera demasiado fría, se quitó apresuradamente su media capa y se la echó sobre los hombros. —Hmph. Estos rituales de las islas del sur… Jamás había oído hablar de una ceremonia en la que se arroja la ofrenda al mar. Y eso de manchar de sangre a una doncella… no me agrada en absoluto. —Claro, es un ritual que en el continente ni siquiera podrían imaginar. Pero aun así, doncella de Artemisa, debo decir que estabas magnífica disfrazada de Anfitrite. En especial, el adorno de alas era espectacular. De hecho, vine hasta aquí porque quería verlo de cerca. Kira lanzó una mirada de reojo al adorno de alas que había dejado a un lado. La envolvió una tristeza silenciosa. Si de verdad fuera una ninfa del mar, con alas propias, quizá habría podido disfrutar plenamente de lo que era sentirse cortejada. Pero siendo Lokira con alas falsas, lo único que había hecho era ser rechazada. Aunque llevara unas alas hechas de cera de vela, no dejaba de ser un monstruo con cuernos. Y por eso, Orión la había rechazado. Al llegar a esa conclusión en su interior, Kira ya no pudo contener su frustración. Todo le resultaba molesto. Por más amable que fuera Hipólito o por más que Acteón intentara tratarla bien sin ser él mismo, nada le alegraba el ánimo. El ser rechazada por Orión no significaba que su atención ahora se posaría en esos dos hombres. Con esfuerzo, reprimió las ganas de estallar en irritación y resentimiento. A los hombres que no dejaban de preguntarle cómo se sentía o si tenía frío, les respondió con un gesto seco. -Príncipe Hipólito, Lord Actaeos, ¿podrían apartarse un momento, por favor? También quiero ver el festival que hay fuera. Era mentira. No estaba de ánimo para disfrutar del festival, al igual que no sentía nada por los dos hombres. Solo necesitaba una excusa para irse. Sin embargo, Hipólito rápidamente notó algo inusual en su tono y expresión. Inmediatamente suavizó su sonrisa y dio unos pasos atrás, levantando las manos en señal de comprensión. —Claro, si así lo deseas, no hay problema. Actaeos tardó más en darse cuenta. Cuando Kira comenzó a quitarse su media capa, este alzó la voz. —¡Espera un momento, mujer de Delos! Si es un festival, deberíamos disfrutarlo juntos. Además, acabas de salir del agua, ¿no? Podrías resfriarte. ¡Déjame ponerte de nuevo mi capa! —Está bien, el calor afuera me mantendrá caliente. Y tengo que hablar con el magistrado Saphira. ¡Así que deja de molestarme! Dijo Kira, apartando al hombre insistente. Salió del refugio y se adentró en la animada atmósfera más allá de esos hombres. Si no podía estar sola, al menos en medio del bullicio de la multitud podría aliviar su ánimo. Esperaba que, al hacerlo, pudiera calmar un poco la pesadez que se había apoderado de su corazón. Más allá de la sombra, el ambiente era ruidoso por la comida y el festejo tras la ceremonia. En medio de la arena, una gran pila de troncos estaba apilada hasta lo alto y una hoguera ardía. Encima de ella, se usaba un viejo escudo como parrilla para asar la carne de los animales sacrificados, cuyo sabroso aroma se esparcía en el aire. Un atractivo esclavo, elegido especialmente para la ocasión, repartía trozos de carne a cada persona, mientras una esclava hermosa se sentaba junto a una gran jarra, sirviendo copas de vino. Los músicos reales tocaban la lira, la cítara y el aulos, cuyas melodías se mezclaban con las canciones alegres y vibrantes de un trovador ambulante, que añadía más entusiasmo al ambiente festivo. Como era un sacrificio especial realizado al aire libre, la atmósfera, aunque oficialmente se trataba de un evento real, se sentía relajada. Tal vez era porque bajo Poseidón todos los humanos eran iguales. Incluso las criadas, absortas, comían carne y bebían vino, sin preocuparse por nada más. Al parecer, se olvidaron de acompañar a Kira al salir del refugio. A Kira le pareció que esto estaba bien. Sin embargo, cuando vio a Saphira conversando con alguien de alta posición en el altar, sintió que el impulso con el que había rechazado a los hombres molestos se desvanecía. Aunque había excusado a Saphira, ¿era correcto acercarse ahora a ella? La veía muy ocupada, organizando el festival y recibiendo a los invitados al lado del rey George. Pero en este momento, ella era la única con quien podía hablar sobre lo que sentía, porque realmente no sabía qué hacer. ¿Qué debería decirle? Orión no me quiere… No, no podía hablar tan directamente de esa manera. Pensó en varias cosas mientras caminaba, pero todas las opciones parecían extrañas. Finalmente, llegó al altar sin haber tomado ninguna decisión. Al ver a los guardias, uno de ellos reconoció sus cuernos, hizo una reverencia y le abrió el camino. Justo en ese momento, la persona con quien Saphira hablaba terminó su asunto con ella y se fue. Al ver a Kira, Saphira reaccionó con alegría y dijo. —¡Oh, Lokira! Te has cambiado de ropa. ¡Adelante, ven! Justo acabo de traer una parte deliciosa de la lengua. ¿Te gustaría probarla? Saphira le ofreció un plato. Era carne sabrosa, pero el recuerdo de la sangre de la ceremonia la hizo perder el apetito, y Kira negó con la cabeza en silencio. Se sentó en la silla que los sirvientes le ofrecieron y, con cautela, preguntó. —¿...Dónde está Orion? Ah, después de todo lo que había pasado, ¿y la primera pregunta que hacía era esa? Sin embargo, Orión seguía dominando su mente. No lo había visto desde hace un rato. Seguro que se había cambiado de ropa detrás de otro refugio, pero ¿a dónde habría ido en la playa? George, quien estaba frente a Saphira bebiendo vino, respondió rápidamente. —Lokira, no te preocupes. Ese tipo fue al bosque. Normalmente lleva su rango de máximo guerrero como si fuera un adorno, pero en días como estos se muestra muy diligente. Dijo que iría a inspeccionar a la guardia real y luego inspeccionaría la vigilancia de la tropa naval. Kira miró en la dirección que George señalaba. Ya estaba atardeciendo, y el paisaje se había oscurecido. El bosque de pinos, como un velo negro, rodeaba la playa. Parecía que, a diferencia de la guardia del rey, los marineros estaban patrullando por esa zona. Saphira añadió una explicación adicional. —Afortunadamente, el sacrificio se realizó sin incidentes, pero aún no hemos encontrado al culpable que dañó los sacrificios y tu atuendo. Creo que Orión está preocupado por eso y quiere asegurar el área. —Él no es muy fan de estas ceremonias, ya lo sabes. Lokira, ¡come y disfruta! Has hecho un papel tan importante por esta isla, es momento de que tomes un trago como agradecimiento. —Querido rey Georfr, sé que te has relajado, pero estás bebiendo demasiado. Si te emborrachas, ¡iré a verte al palacio! Las palabras severas de Saphira hicieron que George se sobresaltara como un ratón frente a un gato. Ordenó a uno de los sirvientes que mezclara más agua con el vino. Kira recibió una copa, que estaba recubierta con Oriharukon. Era muy costosa. No pudo rechazar el gesto, así que bebió un sorbo. Aunque había sido diluido, el sabor picante hizo que su estado de ánimo se volviera aún más sombrío. «Orión se preocupa tanto por comprobar la seguridad del evento, mientras yo estoy aquí, sintiendome completamente rechazada…» Pensó para sí misma. Se sintió avergonzada. Era ella quien debía estar vigilante y preocupada por el peligro, pero en su lugar, se había centrado sólo en el dolor del rechazo. Kira contuvo las lágrimas con esfuerzo. «Orión no ha cambiado. Siempre es tan buen hombre...» ¿Qué debía hacer? Le había rechazado, y ahora, ¿cómo podía guardar este sentimiento y dejarlo ir? No lograba cortar ese vínculo en su corazón. Pensaba en él, esforzándose en el bosque, y su corazón se apretaba de dolor y ternura. Por otro lado, sentía que lo quería tanto que no podía soportarlo. ¿Qué debería hacer? ¿Cómo iba a regresar a la casa en la colina de Acrotiri? Él le había dicho que podía quedarse como antes, pero ¿sería posible vivir bajo el mismo techo como antes, con estos sentimientos? ¿Qué pasaría si un día sus emociones explotaran? ¿Qué pasaría si la bestia dentro de ella empezara a desbordarse? Entonces, como Merope, podrías dejarle cicatrices profundas en él. Ese miedo recorrió la columna vertebral de Kira como un escalofrío. De esta manera, no podría vivir con Orión. «Aún así, abuela Baki, te extraño. Quiero verte en este momento.» Sí. Aunque su movilidad estaba limitada, pensaba que una mujer tan experimentada como ella podría entender cómo se sentía. Nikos y Lykos no lo entenderían, y Hatsha iría inmediatamente a reclamarle a Orión. Kira deseaba descansar sobre las rodillas de la abuela. Quería enterrar la cabeza allí y desahogarse como mujer. Pero ahora estaba en la isla interior, y no podría regresar hasta que el ambiente del festival se calmara. Kira respondía sin interés a las charlas de Saphira y solo tomaba sorbos de vino. Miraba distraída las chispas que saltaban en medio de la playa de arena. Debajo de la plataforma, la atmósfera del festival estaba alcanzando su punto máximo. Quizás porque sus estómagos estaban llenos de carne y vino, alguien levantó la voz y propuso algo con fuerza. —¡No podemos dejar que el juego se quede fuera de la diversión! ¡Llevemos a cabo un Pancracio*! ¡Un Pancracio! ¿Pancracio? Kira se sorprendió por el agresivo juego mencionado y volvió a la realidad. El Pancracio era el combate más brutal. No había reglas, excepto no morder, no sacar los ojos o golpear en la entrepierna, y los luchadores podían pelear de cualquier manera. Si hombres tan rudos se enfrentaban así, podría haber un accidente en cualquier momento. Pero el ambiente ya había tomado un impulso tan grande que el público comenzó a animar. Georgr, claramente intimidado por la energía, vaciló y trató de detenerlo. —¿Un Pancracio? Eso podría llevar a lesiones graves. Aún no hemos atrapado al criminal que intentó arruinar el festival… —¡Ah, Su Majestad! ¿No deberíamos mostrarle a ese criminal la valentía de los soldados de Atlantis? —Los hombres del mar de Tira no son tan débiles como para retroceder por una herida. ¡Vamos todos a pelear! El público volvió a aplaudir y alentar la idea. Incluso las mujeres parecían emocionadas por ver a los hombres demostrar su virilidad. Saphira, que estaba observando desde debajo de la plataforma, esbozó una sonrisa irónica y susurró a George. —Su Majestad, sería una buena idea permitirlo. Si seguimos así, parece que los hombres perderán el control y causarán problemas en otro lugar. —Mmm. Simplemente no entiendo cómo alguien puede disfrutar de algo así… Pero al final, Georfr suspiró y levantó la mano en señal de aprobación. —¡Entonces prepárense para la arena! ¡El ganador recibirá un brindis de victoria en mi nombre! —¡Lo permitió! —¡Viva el Rey George! Una vez que se dio la autorización, todo avanzó rápidamente. Alguien despejó un espacio en la arena. Los soldados y los hombres, ahora llenos de energía, comenzaron a quitarse las camisas y a prepararse para el combate. Las mujeres que observaban estaban muy ocupadas susurrando entre ellas, ansiosas por ver el despliegue de virilidad. Después de tirar piedras para determinar el orden, dos hombres subieron a la arena. Estiraron los brazos y las piernas, preparándose para mostrar sus habilidades de lucha. El público rápidamente se sentó en círculo alrededor de la arena, gritando de emoción cada vez que un puño impactaba. Los músicos tocaban intensas melodías para acompañar la pelea. El Pancracio, sin reglas más que la violencia, era tan estimulante que la energía del festival seguía subiendo sin cesar. Kira observaba la escena con una expresión indiferente. Silenciosamente estaba de acuerdo con la opinión de Georgr. ¿Por qué tendría que encontrar emocionante los puñetazos y las patadas? Más importante aún, ninguno de ellos podría vencer a Orión. Su cuerpo era mucho más fuerte e impresionante que el de ellos, y nadie dentro de la arena podría vencer su fuerza. A este paso, solo sería un espectáculo aburrido. Kira ya no quería mirar más el combate y giró la cabeza. El cielo se había oscurecido, y el mar negro brillaba ocasionalmente con la luz de la luna. Lo que antes había sido una vista trágicamente hermosa durante el atardecer, ahora parecía peligrosa, como si pudiera tragar a cualquiera que se acercara. Entonces, sucedió. —¿Eh? Kira se levantó de repente, haciendo que su silla cayera, pero no le importó. Algo iba mal. Algo iba muy mal. Algo grande y oscuro… algo… Algo se dirigía hacia ellos. Por un momento, fue invadida por una sensación de temor y gritó fuertemente. ¡Parecía que algo estaba a punto de suceder! —¡Esperen, esperen! ¡Deténganse! Pero su voz se ahogó rápidamente en el bullicio del festival, y el soldado victorioso, levantando ambos brazos en señal de triunfo, gritó confiado al público. —¡Gané! ¡La mejor de tres! En ese momento, una figura enorme apareció detrás de él, empapada de agua, y le agarró la cabeza de un solo movimiento, lanzándola lejos. Traducción: Claire *El Pancracio era un antiguo deporte de combate griego que combinaba elementos de lucha libre y boxeo, sin muchas restricciones. Era una de las competiciones más populares en los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia y se caracterizaba por su brutalidad y falta de reglas. Los luchadores podían usar casi cualquier técnica, como golpes con los puños, patadas, estrangulamientos, inmovilizaciones y sumisiones. Las únicas prohibiciones eran morder a tu oponente o golpear en los genitales. Juegos Olímpicos ◈❖◈ Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas ] http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas ] https://www.facebook.com/MangoNovelas Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas ] https://www.tiktok.com/@mangonovelas