
Bailando En Un Mar Legendario
Capítulo 179
Capitulo 179 Alguien gritó. ¿Era una criada? ¿O simplemente una mujer noble que había venido a mirar? Al mismo tiempo, el soldado, que flotaba en el aire, se estrelló de cabeza contra la playa de arena. Sólo después de escuchar el repugnante golpe de su cabeza al estamparse contra el suelo, el grupo, que había estado sentado tranquilamente, finalmente comprendió la situación. En un instante, la multitud se puso de pie y retrocedió presa del pánico, creando el caos. —¿Qu-quién es ese? —¡I-Intruso! —¡Apártate del camino! Todos gritaban al mismo tiempo. Tampoco reinaba el silencio en el andén. George tragó un gran suspiro y casi se cayó de la silla mientras se levantaba. Saphira le bloqueó el paso y gritó con fuerza. —¡Guardia Real! ¿Qué están haciendo en esta emergencia? ¡¿Por qué no están protegiendo al rey?! Los asistentes y soldados finalmente parecieron prestar atención y se movieron apresuradamente. En poco tiempo, George, rodeado de gente, gritó con pánico. —¡Espera, regente! ¡Soy el señor de esta isla! ¡No puedo simplemente dejar a los ciudadanos atrás y salir corriendo! —¡Deberías preocuparte por eso solo después de salvar tu vida! Saphira casi lo empujó fuera de la plataforma y giró rápidamente en dirección a Kira. Su firme voz estaba dirigida a ella. —¡Lokira, tú también, date prisa! —¡Saphira también…! —No puedo simplemente dejar a los soldados peleando aquí por su cuenta. Vamos, ¿quiénes crees que son realmente las personas importantes en esta isla? ¡Sigue al rey, apresúrate! Entonces Saphira agarró a Kira por el hombro y la empujó hacia adelante. La fuerza de su agarre fue tan sorprendente que le pareció algo inimaginable por parte de Saphira. Kira, abrumada por la fuerza, cayó de la plataforma. Mientras caía, escuchó un grito desde la distancia y rápidamente se giró hacia él, sobresaltada. El gigante todavía chorreaba agua fría. Había surgido de la oscuridad, pareciendo como un carbón bajo la luz de las antorchas, mientras esquivaba los ataques de los soldados que quedaron atrás. Pero en su desesperación, sus torpes golpes con lanzas y espadas no eran nada para él. Finalmente, agarró a un soldado por el brazo y se lo retorció, rompiéndolo con un fuerte crujido. Kira observó la escena en shock. El tiempo pareció congelarse por un momento y varios pensamientos pasaron por su mente. La tierra, especialmente el bosque que rodeaba la playa, estaba custodiada por Orión y la guardia real. Ese hombre era tan alto como Orión. Si hubiera intentado infiltrarse a través del bosque, incluso si hubiera intentado colarse, habría sido detectado a mitad de camino. Entonces este hombre había cruzado el mar nadando. No tenía idea desde dónde ni qué tan lejos había nadado, pero a juzgar por sus brazos y piernas que parecían troncos de árbol, era posible que pudiera atravesar el mar interior si se lo propusiera. ¡Su físico era inimaginable! «¿Sabía cómo se instalarían los guardias aquí hoy...?» ¿Sabía cómo se instalarían los guardias aquí hoy...?» En el momento en que Kira llegó a esa conclusión, una realización tan fuerte hizo que todo su cuerpo se erizara. La pata delantera de la vaca, que había sido un sacrificio para el templo, la habían roto, tal como el antebrazo del soldado frente a ella. La ropa que había estado guardada en los adentros del palacio real fue rasgada sin más. Todo parecía estar sucediendo de manera insidiosa, como si supieran de antemano los complejos procedimientos de patrullaje del palacio. El tiempo que le tomó unir cables y llegar a la conclusión de que el culpable era esa figura colosal fue mínimo. En ese momento, su mente, acostumbrada a resolver problemas, rápidamente lo entendió. «No hay duda. ¡La información ha sido filtrada desde dentro!» Entonces pensó, ¿y si...? «¿El Senado? ¿Dónde está el Senado?» Kira detuvo sus pasos por un momento, pero entonces los retomó rápidamente, mezclándose entre la multitud que corría descontrolada sobre la arena. Revisó las sombrillas caídas, pero no pudo encontrar a nadie. Pensó que los miembros del Senado estarían entre la multitud, pero no estaban por ningún lado. Incluso Daeton, a quien había mirado durante la procesión, había desaparecido sin dejar rastro. «¡Por los Dioses! ¿Acaso sabían que se desataría el caos y se retiraron a tiempo?» Sin embargo, los alrededores estaban demasiado ruidosos para encontrar alguna evidencia que comprobará aquello. Otros corrían hacia el bosque, mientras que Kira, sabiendo que Saphira le había instruido huir, sabía que debería escapar. Pero, ¿qué sucedería si...? Pensó en la posibilidad de ir tras George, pero el hecho de hacerlo podría ponerlo en peligro. Además, la guardia real tenía una relación cercana con el Senado, lo que significaba que alguien podría haber calculado que Kira iría en esa dirección, precisamente para atraparla. Con ese pensamiento, sus pies vacilaron. No podía dejar que alguien más estuviera en peligro solo por salvarse a sí misma. Y mucho menos George, quien la había ayudado cuando no tenía a dónde ir. En el breve momento en que permaneció en su lugar, su mente corrió a través de estas posibilidades. Mientras tanto, el gigante seguía enfrentándose por su cuenta a los soldados. Había roto el brazo de uno de ellos y justo cuando la lanza de otro soldado se dirigía hacia él, el gigante, con una agilidad sorprendente para su tamaño, la esquivó, y con una mano rompió el asta de la lanza. La lanza rota golpeó con fuerza en el casco de otro soldado. —L-Lar-go… Dijo el hombre con una pronunciación torpe, como si le costara hablar. Sin embargo, los soldados que le hacían frente no tenían tiempo para pensar en ello. Un soldado, armado con una cadena de bronce, giró el extremo de la cadena y la lanzó, envolviendo la muñeca del gigante. —¡Lo tenemos! ¡Tiren de ella! —¡Maldito invasor! ¡¿De qué isla eres, o es que acaso eres un bastardo de la península?! Tres hombres tiraron de la cadena con fuerza. Era un esfuerzo titánico, casi como si estuvieran sujetando una bestia. Si cualquier otra persona estuviera en su lugar, sus huesos habrían comenzado a romperse, pero la expresión del gigante seguía siendo tranquila. De manera sorprendente, respondió honestamente. —Yo, Micenas. Soy de Micenas. Nací en Micenas, pero vengo de Lidia... En un abrir y cerrar de ojos, el gigante apretó su muñeca con fuerza, y con un solo tirón, los tres hombres fueron lanzados al suelo, rodando por la arena. Su fuerza era inimaginable. Incluso Kira, acostumbrada a ver a Orión usar su gran fuerza, nunca había visto algo así. Mientras observaba atónita, sus ojos se cruzaron con los del gigante, y de repente se dio cuenta de algo. El gigante la había visto. Sus ojos, que antes parecían fríos mientras luchaba, se suavizaron y esbozó una sonrisa como si estuviera contento de verla. —Ah… En ese momento, Kira comprendió que el gigante venía directamente a por ella. Como un depredador en el bosque, se acercó rápidamente. —La bestia divina, está, aquí…. No podía huir sin más. Si lo hacía, podría poner en peligro a Saphira y tal vez arrastrar a otros que huían hacia el bosque. En ese instante, cada paso que Kira daba debía ser cuidadosamente calculado. Pero no podía quedarse quieta. Si parpadeaba, su cabeza probablemente terminaría atrapada en esas gigantescas garraz. ¡Así que, así que—! —... ¿Eh? Esta vez, el hombre que venía corriendo se detuvo de repente. Kira dejó escapar una respiración profunda, inflando sus hombros. Miró fijamente al hombre, sin parpadear. Su concentración en la energía elemental era tan intensa que su cabello se levantaba ligeramente sin que ella se diera cuenta. La arena se elevó y envolvió sus pies. Tiró con fuerza, como si intentara hundir sus pies en ella. La gran figura perdió el equilibrio cuando sus tobillos fueron absorbidos por la arena. De repente, su enorme cuerpo tambaleó hacia adelante. Estaba a punto de caer de cara en la arena. El hombre, sin embargo, reaccionó rápidamente. Con ambas manos se apoyó en el suelo para evitar caer. Al ver que el hombre resistía, Kira se sorprendió y trató de arrastrar más arena hacia él, pero había demasiada arena, y era imposible controlarla toda. El sudor comenzó a acumularse en su frente. —Esto es... poder divino… El hombre murmuró, luego apretó los dientes y tensó las piernas. Como si estuviera haciendo flexiones, expandió sus músculos y tiró con fuerza de sus pies atrapados en la arena. Entonces, alzó la voz en un rugido. —¡Venceré! En ese momento, una fuerza descomunal derribó la arena, rompiendo su control. El impacto de la fuerza hizo que Kira soltara un pequeño grito. Justo cuando pensaba que sería atrapada, un fuerte sonido de ruptura resonó y una presencia pasó rápidamente junto a ella. Kira miró sorprendida hacia adelante. —¡De ninguna manera! Kira exclamó con incredulidad. Actaeos, a quien había dejado atrás bajo la sombra, apareció de alguna parte y se interpuso entre ella y el hombre gigante. Con sus manos, desvió hábilmente el brazo que había estado a punto de atraparla. —¡Retrocede, mujer de Delos! Actaeos gritó, bloqueando otro golpe del gigante con su escudo. A pesar de que el choque entre el puño del gigante y el escudo de bronce era difícil de bloquear, los pies de Actaeos comenzaron a deslizarse hacia atrás. —¡No es un oponente fácil! ¡Una mujer sin armas como tú no puede enfrentarse a él! ¡Muévete ya! —Esta vez, tienes que escucharlo, hija de Artemisa. Otra voz llegó desde atrás, empujando a Kira hacia atrás. Kira reconoció de inmediato a Hipólito, quien, con una lanza en mano, atacó a la pierna del gigante. El hombre, esquivando por poco, mostró por primera vez sus dientes, mirando a Kira ferozmente desde lejos. Fue en ese momento cuando Kira pudo ver claramente el rostro del gigante. Su cabello estaba rapado casi por completo y su piel era mucho más oscura que la de Orión, casi como el color de la terracota, lo que indicaba claramente una ascendencia etíope. Su enorme constitución y la piel de león que lo cubría parecían cobrar vida con sus movimientos. Lo más sorprendente de todo era que parecía mucho mayor. El gigante, al menos, parecía tener diez años más que Orión o los otros hombres que Kira conocía. Por lo tanto, su apariencia era muy diferente de cualquier cazador que Kira hubiera conocido hasta ahora. ¿Quién era este hombre? ¿De dónde venía? Gracias a la intervención de Actaeos e Hipólito, los demás soldados comenzaron a rodear al gigante, recuperando el control de la situación. El gigante, ahora más cauteloso, observaba con mirada aguda a su alrededor. Hipólito, sonriendo de manera burlona, comentó. —Pensé que era solo una actuación ceremonial para el festival, así que lo dejé pasar, pero debería haber traído a mi escuadrón. Habríamos necesitado su ayuda. Actaeos miró a Hipólito, desconcertado. Hipólito miró al hombre gigante, que se mantenía a cierta distancia, y luego dijo con desprecio. —¿No es ese Hércules de Micenas? Kira se estremeció al escuchar el nombre. En ese momento, el gigante reaccionó. —Yo, ¿sabes quién soy...? —Puedo deducirlo por ese físico y la piel de león, pero sobre todo, por ese cinturón. Una sonrisa amarga se dibujó en los labios de Hipólito. Señaló la decoración del cinturón con la punta de su lanza. —Es un cinturón amazónico, ¿verdad? Debe haber sido un regalo de mi madre, Hipólita. Escuché que alguna vez ustedes dos pelearon en el pasado.. El hombre llamado Hércules finalmente abrió los labios con una amplia sonrisa. A pesar de la tensa situación, su expresión era puramente la de encontrarse con alguien que reconocía desde lejos, luciendo complacido. —Hipólita, ella era fuerte. Capaz. ¿Tú eres...su hijo...? —Por el momento, sí. Hipólito respondió brevemente. Luego, Hércules se volvió para mirar a Actaeon. —Y tú, eres de Tebas, ¿verdad? Escudo ovalado, es típico de la región… —¡Sí, soy Actaeos de Tebas! ¿Qué rayos haces tú aquí? Actaeos gritó inmediatamente. La tensión surgió en el aire en un instante. Por otro lado, Hércules respondió con un tono indiferente, como respondiendo a una pequeña charla. —Mmm-m-mi señora, me envió. Ella quiere, que le traiga a la bestia divina… Por supuesto, eso era evidente. ¿No era eso lo que buscaba este hombre? En ese momento, cuando Kira rápidamente comenzó a pensar cuál sería el mejor curso de acción, Hipólito le habló en voz baja. Él no se volvió para mirarla en ningún momento, pero continuó hablando. —Hija de Artemisa. Corre. Corre en cualquier dirección que puedas. Kira tragó seco ante las repentinas palabras. Entonces volvió a escuchar la voz de Hipólito. —Me pregunto si es apropiado que diga esto como hombre, pero aún así, debo ser sincero contigo, ni siquiera puedo pensar en una manera de derrotar a este hombre. Más allá de su tono gentil, se escuchó el sonido de sus dientes rechinando. Luego, con una voz que casi sonaba como la confesión de un vergonzoso secreto, continuó. —Este hombre luchó contra mi madre hasta empatar, por lo que su habilidad debe ser comparable a la de ella... Una vez intenté desafiar a mi madre y debo decir que ni siquiera pude ser capaz de ponerle un dedo encima. Fue en ese momento. Actaeon agitó su escudo. Entonces, Hércules agarró el borde del escudo y lo atrajo hacia él, golpeó su rodilla contra este y lo usó para empujar a Actaeon, que se tambaleaba. Con un solo movimiento de su escudo, derribó a los soldados que corrían hacia él. Hipólito, que había estado esperando este momento, arrojó a Hércules un dardo escondido en su cuerpo, pero perdió su efectividad al impactar en la piel de león. Mientras se preparaba para atacar con su lanza, llamó urgentemente a Kira. —¡Vete! ¡Rápido! ¡No puedo dejar que te lleven de aquí! Antes de que pudiera siquiera considerar la ironía de sus palabras, Kira se giró y empezó a correr. Los gritos y el ruido metálico detrás le perforaron los oídos. A su alrededor, la gente se escondía detrás del refugio por miedo o corría hacia el bosque lo más rápido posible. Lokira tragó secamente. ¿Debería ella también adentrarse en el bosque? ¿Dónde podría ir para evitar al cazador? Ella se escapó de la hoguera en medio del festival, hacia la oscuridad, sin saber siquiera en qué dirección iba. Simplemente estaba corriendo a ciegas. Sólo podía percibir dónde estaba al sentir el suelo debajo de ella. Todavía era arena. Eso significaba que todavía seguía en la playa. El suelo arenoso era irregular y dificultaba la carrera, provocando que sus pasos flaquearan. Fue en ese momento, cuando estaba jadeando por respirar, que sucedió. —¡Al suelo! Una voz, inesperadamente familiar e increíblemente acogedora, llamó su atención. En ese instante, una intensa luz brilló ante sus ojos. Kira, siguiendo instrucciones, se dejó caer en la arena. Justo cuando sintió una presencia aterradora corriendo hacia ella, un zumbido cortó el aire. Pronto, se convirtió en un ruido sordo seguido de un breve y pesado gemido. Kira miró hacia arriba. Las dudas en su corazón se evaporaron en un instante y la alegría llenó su pecho. Orión, que había soltado la cuerda del arco, rápidamente se agachó y gritó. —¡Lokira! ¡¿estás bien?! Traducción: Claire ◈❖◈ Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas ] http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas ] https://www.facebook.com/MangoNovelas Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas ] https://www.tiktok.com/@mangonovelas