
Bailando En Un Mar Legendario
Capítulo 186
Capitulo 186 La casa en la colina de Acrotiri, sin ninguna decoración, se llenó de gente por primera vez en mucho tiempo. Si Orión hubiera sido el mismo de siempre, nunca habría permitido que nadie de Atenas, Amazonas, Tebas o cualquier otro lugar entrara a esta habitación. Pero por el momento, se trataba de una emergencia. Necesitaba ayuda de cualquiera. Cuando la prioridad era la practicidad, la nobleza o el origen no importaban. Sobre el suelo alfombrado había un gran mapa de Grecia. Había tres hombres a su alrededor, contemplando el mapa. El vasto espacio vacío del pergamino estaba lleno del Mar Egeo, e innumerables islas estaban esparcidas a lo largo de él como la Vía Láctea. A la izquierda estaba la península griega de Europa, extendiendo sus brazos. A la derecha estaba el hombro de Asia, donde se encontraba Lidia. Ahora que la luna se había trasladado a Metagitnión (agosto), Lokira podría haberse dirigido a cualquier lugar de estas tierras. El área que había que rastrear era demasiado amplia. Por eso George y Saphira habrían instado a esperar el regreso de su informante, pero Orión ya se había dado cuenta de que había una solución mucho más rápida. Los dos extranjeros frente a él. Habían bajado voluntariamente a las lejanas islas del sur. En la superficie, solo fingían estar aquí, pero en realidad eso era poco probable. Deben haber preparado previamente una red de comunicación con sus propias naciones. Hasta ahora, no había ninguna razón para interrogarlos, así que los había dejado en paz, pero dada la situación en la que se encontraban, las cosas eran diferentes. Habían venido con el objetivo de cazar a la bestia divina, pero la bestia divina había desaparecido. Naturalmente, habrían activado su red de comunicación y habrían realizado consultas en todas partes. Dado que la bestia divina era su único objetivo, su operación ciertamente sería mucho más eficiente que la inteligencia de Saphira, que originalmente operaba transportando informantes extranjeros. Entonces, Orión decidió aliarse temporalmente con estos desagradables individuos. Se ocuparía de las consecuencias más tarde. En este momento, era más importante descubrir dónde estaba Lokira y recuperarla lo más rápido posible. Orión miró a los dos hombres por turno y dijo. —Debieron darse cuenta en la playa el otro día. Para lidiar con Hércules, ese bastardo de Micenas, es difícil enfrentarlo solo y esperar ganar. Aunque el enfrentamiento uno a uno podría ser una lucha honorable, para Orión eso no era lo más importante. Lo primero era ganar, incluso si eso significaba golpear al enemigo por la espalda. —Como dije antes, revelaremos lo que sabemos sin ocultar nada. No es momento de pensar en detalles. Incluso si los tres nos lanzamos juntos, no podemos estar seguros de poder rescatar a esa persona. Dijo con seriedad. Actaeon, cruzándose de brazos, resopló ruidosamente, claramente molesto por la situación. Al ver esto, Hipólito se encogió de hombros y sonrió con indiferencia. Siempre rápido para llegar a un compromiso, empezó a señalar el mapa mientras hablaba con agilidad. —Es una lástima, pero no tengo ninguna red de comunicación marítima en este momento. Al reducir la cantidad de personas al llegar a esta isla, asumí una gran pérdida. Así que no tengo a nadie que me traiga noticias rápidas del mar. En ese momento, había sido una estrategia para enviar a las demás mujeres Amazonas de vuelta a su tierra. Debido a esto, habían quedado desconectados de las noticias del mar, lo que, en cierto modo, era inevitable. Incluso las Amazonas no eran una nación acostumbrada al mar. Hipólito sonrió con amargura mientras señalaba algún lugar de la península griega. —En condiciones normales, habría tenido bastantes contactos en el puerto de El Pireo, cerca de Atenas, pero ya llevo meses en esta isla. Ahora mismo, mis lazos allí están casi rotos1. Si aún tuviéramos contacto, sería de gran ayuda. De todos modos, ese puerto es el más rápido para obtener información de informantes en todo el mundo. —¿Qué? ¿Entonces eso significa que no sirves de nada? Intervino Actaeon, molesto. Orión lo miró fríamente y se dirigió a Hipólito. —Eres astuto, pero seguro que tienes algo. Sobre todo, cnsiderando las jinetes que tienes a tu lado. —Es cierto. Parece que las Amazonas recuerdan bastante bien ese incidente donde ese hombre de Micenas luchó contra mi madre. Debió ser una gran hazaña. Hipólito frotó su mejilla, marcada por las cicatrices de la lucha. Recordó cómo, al enterarse de que había luchado contra Hércules, su cercana Antíope había quedado aterrada. Ella, siempre tan firme como guerrera, se había preocupado de manera sincera, hasta llegando a decir que estaba feliz de que no hubiera muerto en la pelea. —No pensaba que Antiope me considerara tanto. En fin, ese hombre de Micenas... Hércules, parece que es el guerrero más fuerte de todos. A pesar de que mi madre estuvo a la altura y combatió contra él, no deja de sorprenderme. —Bah, quizás sea el deber de un hijo alabar a su madre, pero en cuanto a fuerza física, hombres y mujeres tienen marcadas diferencias. —Eh, Tebas, ¿te atreves a decir eso después de haberlo probado? Hablando de fuerza física o agilidad, mi madre cruzó el continente cuando era joven. Según me contó Antíope, cuando mi madre se subía a su caballo, no había nadie que pudiera derrotarla. Incluso luchando contra ese hombre, logró resistir bastante. En una ocasión, intentó pisarlo con las patas del caballo, pero Hércules terminó lanzando al caballo de vuelta. Orión asintió en silencio a esas palabras. Aunque él tampoco había experimentado las habilidades de Hipólita de primera mano, las razones lógicas lo convencían. Un caballo es un animal mucho más fuerte que una persona. No importa si se trata de un hombre o una mujer, no hay distinción cuando se busca acabar con un rival usando un caballo. Si realmente sería posible arrojar un caballo descontrolado como lo hizo Hércules, Orión no podía asegurarlo, ya que él mismo no tenía experiencia en ese tipo de combate. Después de pensar por un momento, dijo. —Entonces, en otras palabras, es un perfecto guerrero. —Probablemente. Hipólito asintió con la cabeza. Actaeon chasqueó la lengua con pesadez. Hércules era un hombre tan poderoso que incluso su orgullo no podía evitar reconocerlo. Gran estatura, cuerpo ancho, fuerza física impresionante. Movimientos ágiles que no correspondían a su tamaño. Si había algo como el talento otorgado por los dioses, sin duda era algo como eso. La razón por la cual la leyenda de que Hércules derrotó a doce bestias en Micenas se había transmitido casi como un mito, la había experimentado en carne propia. —Cuando era joven y escuchaba historias de su valentía, honestamente pensaba que estaban exagerando. Pero ahora me doy cuenta de que, si esta es su fuerza en la vejez, ¿cómo habrá sido de joven...? —Bueno, es cierto que, aunque los tres lo enfrentáramos, sería una lucha difícil para nosotros. —Pensar en eso ahora no tiene ningún sentido. Orión levantó la voz, interrumpiendo las lamentaciones de los dos hombres. Sus ojos brillaron intensamente. —Aunque ese tipo sea un guerrero perfecto, no puede ser un hombre perfecto. Eso no existe en este mundo. De hecho, aunque empató con tu astuta madre, no la venció. ¿Es cierto que ese tipo de Micenas no tiene debilidades? —¿Debilidades? ¿Ese tipo? Hipólito frotó su barbilla con su mano delgada. —Bueno... quizá sea algo pequeño, pero escuché que tartamudea. Dicen que su apariencia torpe hace que uno se confíe, pero si lo haces, te llevarás una sorpresa desagradable. —¿Tartamudea? Orión preguntó sorprendido. En su encuentro con Hércules, no había notado nada que indicara que tartamudeaba. Aunque sí recordó que su pronunciación era un tanto torpe y su velocidad al hablar algo lenta... Pensó en la posibilidad de que con el paso del tiempo los síntomas hubieran mejorado, pero luego sacudió la cabeza. Se decía que tanto las enfermedades como los defectos, tal como el tartamudeo, solo se curaban cuando uno era joven, ya que en ese momento los músculos y la lengua eran maleables. Nunca había escuchado que alguien dejara de tartamudear de repente después de adulto. En ese momento, algo pasó por su mente: el hombre sacando algo de su pecho y mordiéndolo, algo que parecía una flor. Aunque estaba oscuro y no podía verlo con claridad, estaba seguro de que era una flor. Recordó haber pensado en ese extraño momento en medio de la pelea: ¿por qué diablos mordía una flor en medio combate? ¿Acaso tenía algún propósito especial? Orión se detuvo por un momento, pensativo. Sin embargo, no era el momento para quedarse atrapado en esa cuestión. Apartó por un momento sus pensamientos sobre las flores y miró hacia Actaeon, que estaba al frente. —Mira. El embaucador contó lo que sabía sobre el hijo de Micenas. Tonto, tú tampoco deberías seguir ocultando nada. Vamos, suéltalo. —¡Bastardo, no me llames así! Exclamó Actaeon, irritado. Lo miró por un momento, pero al ver que Orión no reaccionaba en absoluto, sus ojos se abrieron con furia y apretó los labios. Al darse cuenta de que cuanta más rabia sentía, más ridículo se veía, suspiró y empezó a hablar de nuevo. —...Bien. ¿De qué hablábamos? Ah, sí. La línea de comunicación marítima. La conexión entre Tebas y yo aún funciona bien. ¿Es suficiente? Respiró hondo y extendió el dedo sobre el mapa, señalando Tebas. Su dedo siguió un trayecto hacia el norte de Tebas, pasando por Beocia y extendiéndose hasta el mar Egeo, descendiendo hacia el sur. Finalmente, su dedo se detuvo en una isla circular llamada Tira. —Recibo noticias de mi país y del mar mientras navegan por esta ruta marítima. Lo más reciente que recibí fue la situación de mi nación después del año nuevo. Hipólito, sorprendido, habló. —¿Realmente has recibido noticias tan recientes? Para recibir información tan rápido, debe costar una fortuna. —¿No es lógico? Tengo a mi madre y a mi hermana, quienes dependen de mí. Respondió Actaeon, murmurando en tono molesto. Orión frunció el ceño ligeramente al escuchar la palabra "madre". —Entonces, supongo que has recibido noticias sobre el bienestar de tu madre y hermana. —Hasta ahora, sí. Parece que siguen con vida. Dijo Actaeon. Dado que Actaeon estaba completamente dedicado a la caza de bestias divinas, esto confirmaba que Dionisio no tenía intención de hacerle daño a su familia. Cuando Actaeon recordó una dolorosa verdad, frunció el ceño involuntariamente. Orión rápidamente intervino. —Si tienes una red de comunicaciones tan eficiente, entonces seguramente habrás escuchado algo sobre extraños movimientos en el mar. Dime la verdad. ¿No has recibido ninguna novedad? Si Actaeon intentaba evadir la pregunta, Orión no dudaría en arrastrarlo al puerto y arrojarlo al mar. Al percatarse de la mirada penetrante de Orión, Actaeon se sintió intimidado. Tras un momento de vacilación, decidió que lo mejor era compartir la información. —Esto es solo algo que los barcos de comunicación han visto mientras navegaban, pero… Actaeon comenzó a hablar. Entonces, con su dedo, tocó un área en el mapa, hacia el noreste de la Atlántida, donde no había manchas de tinta, solo un espacio vacío y limpio, que parecía un mar abierto sin tierra visible. —En esta zona, hay una isla deshabitada que ni siquiera aparece en los mapas. Recientemente, llegó la noticia de que varios barcos han estado anclando allí y transitando. No sé a qué flota pertenecen ni cuáles son las circunstancias, y tampoco lo sabe la línea de comunicaciones. Sin embargo, escuché que la magnitud del anclaje es bastante grande en comparación con el tamaño de la isla. Hipólito se inclinó hacia adelante con inmediato interés al escuchar estas palabras. —Parece bastante plausible. Pero el problema es que no podemos estar seguros. —Exactamente. Si no hay actividades sospechosas y a la isla cercana simplemente la usan como una parada personal, ¿cuál sería el sentido de perseguir algo que no lleva a ninguna parte? Actaeon, mostrando señales de descontento, señaló. —Si tomáramos un barco desde aquí y fuéramos a la isla, tardaríamos días. Si al final no encontramos nada y tenemos que volver a buscar, sería una pérdida de tiempo valioso. Por eso no actué de inmediato, a pesar de haber escuchado la noticia. Actaeon levantó la cabeza. Parecía que se había dado cuenta de la mirada que había encontrado antes y lo fulminó con la vista. —¿Y qué hay de Orionis de Tira? ¿Sabes algo? No solo pidas que nosotros revelemos nuestra información, tú también deberíamos compartir algo. ¿No era eso lo que acordamos cuando nos reunimos aquí? —Esta vez, estoy de acuerdo con Tebas. Espero que no estés hablando en grande sin tener nada con que respaldarlo. Añadió Hipólito, mirando a Orión. Orion exhaló tranquilamente antes de responder. —Por supuesto, engañarlos y sacarles información no es una mala estrategia, pero— —¡Este maldito hombre de Tira, no puedes estar hablando en serio! —No intervengas primero y mantente en silencio. No me adelanté sin saber nada. Lo que descubrí fue esto. Orión sacó una pequeña tablilla de arcilla de su pecho y la lanzó sobre el mapa. Acteón e Hipólito lo miraron con expresiones desconcertadas ante la repentina aparición del objeto. Orión señaló la tablilla con su dedo y habló. —Escuché las características del barco de Lidia del encargado. Tebas, si es posible, explica con más detalle sobre el barco en la isla deshabitada que tu línea de comunicación vio. Si coincide, probablemente esa sea la respuesta que buscamos. Traducción: Claire ◈❖◈ Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas ] http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas ] https://www.facebook.com/MangoNovelas Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas ] https://www.tiktok.com/@mangonovelas