Bailando En Un Mar Legendario

Capítulo 254

Capítulo 254 Partegita estalló en voz alta. —¿Me pides que vaya a todos los velorios de Tira a presentar condolencias? Qué tontería, es un engaño. No es más que la actuación de una mujer que se encoge para parecer buena. —¡Pero son vidas humanas! —replicó Kira—. Una vez que cruzan el río del Hades, no hay vuelta atrás. —¿Y qué? Mira al hombre que está detrás de ti. ¡Un hombre famoso por matar bestias! ¿Acaso no es lo mismo mancharse las manos con sangre de bestias que con sangre de personas? ¿Cuántas vidas ya segó ese soldado ateniense con su propia espada? Partegita señaló con el dedo a Orión. Kira se enfureció al oírla mencionar a Orión de pronto. El papel de Orión había sido, desde el principio, combatir fieras que hacían daño a la gente; si no hubiera estallado la guerra, ¿hubiera apuntado alguna vez su arco a un hombre? Pero Partegita no retrocedió ni un ápice. Sin dar a Kira oportunidad para hablar, continuó: —Si obtienes poder, matar también puede ser un acto honorable. El sacrificio es inevitable para volverte fuerte y completo. Yo he sido fiel a ese principio. Solo he hecho lo que debía por mi tierra, Atenas. —¡Encubrir tus acciones de esa manera es de cobardes…! —objetó Kira —¿De cobarde? ¡Así es la mentalidad de Atenas donde nací y crecí! Esos barbudos discuten filosofía, hablan de honor y sabiduría con palabras brillantes, pero en esencia veneran la encarnación de la guerra: casco y armadura. Incluso evitan ponerse esa carga sobre si mismos y lo asignan a una ídolo con forma de mujer. Partegita torció los labios en una sonrisa. Kira sintió consternación ante la franqueza: llamarla “ídolo” era tratar a Atenea como ficción. No podía creer que tales palabra salieran de la boca de la máxima sacerdotisa. Partegita tomó aire y dio un paso adelante. —¿Qué hay con esa expresión? Lo sé. Lo que acabo de decir es peligroso desde mi posición. —Lady Partegita… en realidad no crees en Atenea, ¿verdad? —dijo alguien. —Piénsalo como quieras. Estoy agradecida a Atenea; la fe sirve de algo. Es útil en muchos sentidos. Se puede emplear eficazmente aquí y allá. En ese sentido, lo mismo va para la criatura sagrada de Artemisa. Partegita avanzó hasta quedarse a una distancia calculada —lo justo para que Orión no pudiera abalanzarse y derribarla—. Entonces extendió la mano hacia Kira. —Tú, mujer con cuernos, ¿por qué no vienes y te unes a mí? —… —No soy como los demás cazadores. No te convertiré en una bestia de trabajo o en una mascota. Tú posees una asombrosa energía en un cuerpo femenino. Seguro que podrías mirar desde arriba a multitud de ciudadanos, hombro con hombro conmigo. La voz de Partegita ganó brillo; se volvía cadaa vez más enérgica. —Si lo deseas, tu hombre puede acompañarte. Nuestra asamblea no tendría reparo en aceptar al gigante de Tira. Puedo ponerlo a tu lado. Darte un puesto para que te sirvan toda la vida. Ven a mi Atenas. Estoy segura de que juntas llegaremos a gobernar el mundo entero. Kir escuchaba sin mostrar reacción alguna. Partegita, al interpretar aquel silencio como una señal de esperanza, extendió un dedo para señalar los cuernos de Kira. —Naciste distinta. ¿No piensas que esos cuernos en tu cabeza son prueba de ello? Sin duda eres diferente de los demás. Ya que solo hay una vida, ¿para qué conformarse con un pequeño aposento y un telar? Vive en grande. Si me ayudas, yo también te ayudaré sin reservas. Por fin, Partegita remató con tono definitivo. —¡Bestia sagrada de Artemisa, ven a Atenas! ¡Sé mía! —Qué disparate… —murmuró Orión en voz baja desde atrás. De no ser por la contención de Kira, ya se habría lanzado hacia delante. Solo por él, Kira sintió que no debía titubear con su respuesta. Alzó el rostro y miró fijamente a Partegita. De sus pequeños labios salió una breve réplica. —No quiero. Una sola frase que hizo añicos toda la larga persuasión de Partegita. No había alternativa. Por mucho que aquella mujer pintara un futuro espléndido en Atenas, para Kira no era más que un espejismo vacío. Partegita se quedó petrificada. La sonrisa se borró de sus labios. Aun así, Kira atravesó el silencio opresivo y añadió: —Has subido tan alto que parece que olvidaste cómo era la tierra firme. Tal vez ya no recuerdes por qué la gente sin rumbo necesita apoyarse en los dioses. Kira comprendió con crudeza a través de esta guerra. Para los ciudadanos, la guerra era una calamidad externa contra la que no podían hacer nada. A cada rato, familias y vecinos volvían muertos o heridos. En una situación sin lógica ni justicia, lo único que necesitaban era un punto de apoyo emocional. Por eso buscaron a los dioses. Imaginaron una presencia que podía infligir el sufrimiento y también quitarlo. Kira estaba, por casualidad, cerca de esa gente, y por llevar unos cuernos en la cabeza se vio obligada a hacer de intermediaria divina. —Puede que tú pienses lo que quieras de mí, pero yo… me siento una mujer sin importancia. No tengo valor, ni soy especialmente inteligente. Pero la gente de Atlantis nos consideró sagrados a personas como yo. — Aun así, no le importó. Si con eso podían recibir la fuerza para sobrellevar la desgracia; si eso bastaba para consolar los corazones heridos y a la deriva; Kira estaba dispuesta a fingir ser Artemisa y socorrer a los ciudadanos. Podía darles vendajes y consuelo a quienes sangraban sin rumbo ni apoyo. —He visto cuánto sufren por esta guerra y cómo se aferran a mí. Pensando en eso, por más grandiosa que sea esta guerra —por más noble que se diga que es la intención detrás de ella—, yo no necesito el puesto que tú ofreces, la posición que ha causado tanto de todo esto. ¡No quiero ser como tú! —¡Qué mezquina! —exclamó Partegita, apretando el puño con rabia—. ¿Por qué son así las mujeres? Aunque les arranquen las garras de la ambición, siguen prefiriendo los jueguecitos de barro a los grandes caminos de piedra. ¿Que no quieres ser como yo? Pues yo tampoco quiero ser como tú. Si tuviera tu poder… Las palabras de Partegita, que acababan de caer en torrente, se detuvieron de pronto. Kira notó cómo la oleada de pensamiento que la envolvía retrocedía como la marea. Un gesto como de miedo, la inquietud de que su lado más miserable quedara expuesto; su rostro se tiñó de desconcierto. Kira la miró sin moverse. Se sintió serena. Ya que la conclusión estaba clara desde el principio, no había motivo para dudar. —Lo siento, Lady Partegita. Nos encontramos hoy por primera vez, pero me temo que no podemos ser amigas. Sus miradas apuntaban a metas distintas; la felicidad que cada una buscaba en la vida era completamente diferente. En algún lugar, tal vez, alguien llamaría a Partegita una gran figura: que quien desee estar en lo alto debe actuar así, y que Kira, al rechazarla, es una cobarde o una soñadora pequeña. Puede que sean palabras ciertas. Pero Kira no quería vivir como Partegita. —Tú cuentas vidas como si fueran números, calculas pérdidas y ganancias. Da la impresión en tu trato con los soldados. Jamás has sentido pesar ni rabia por la vida de los soldados atenienses. Kira observó detenidamente a los soldados alineados a su alrededor. De no ser por esta situación, jamás habría cruzado sus rostros. Ellos podían perder la vida en el mar del sur solo por haber sido movilizados bajo las órdenes de Partegita. Kira en su interior, les pidió disculpas de antemano. Al fin y al cabo, esto era un campo de batalla donde se jugaba la vida. No podía permitirse ser indulgente en el tumulto que estaba por venir. Con decisión, Kira pronunció su conclusión final: —Quiero abrazar también a la gente torpe y tonta que no tiene más en qué apoyarse que en los dioses. Si existe una razón para que yo haya nacido con poder divino, debe ser únicamente para esto. No me interesa nada que tenga que ver con dominar el mundo. Giró suavemente la cabeza y habló al hombre que la estaba esperando desde hacía rato. —Orión, ya terminé de hablar. —Ha tardado lo suyo. Supongo que es un alivio que no se alargue más. Orión la tomó en brazos con naturalidad. Con el otro brazo aferró el hacha de leñador y adoptó una posición de combate. El rostro de Partegita se deformó al contemplar la escena. —¡No quisieron escuchar cuando se los dije por las buenas! Ella alzó la cabeza con furia, las venas del cuello hinchadas al dar la orden. —¡Atrápenlos! ¡Tírenles la red! ¡Nos replegaremos llevándonos como botín a la bestia divina! En cuanto pronunció esas palabras, su asistente apremió a los soldados. Un cuerno de concha resonó sacudiendo todo el buque insignia. ¿Sería aquella una señal previamente establecida? Desde la bodega saltaron de golpe las tropas emboscadas, cada una armada con armas y redes. Al mismo tiempo, los remos bajo la cubierta comenzaron a moverse al unísono. La proa viró a babor cambiando de rumbo. Era evidente que el barco se dirigía ahora hacia atrás, cortando la corriente. Con el buque insignia al frente, las demás naves atenienses fueron acudiendo a rodearlos. —Debió de parecerles grandioso llegar hasta aquí. Reconozco el valor de abrirse paso en solitario entre la flota. Pero, dicho de otra manera, ¡ustedes están aislados! ¿Creen que podrán volver sanos y salvos a Tira? La voz de Partegita retumbaba en los oídos de Kira, pero era porque Orión estaba ocupado derribando a los soldados que se lanzaban contra ellos. Un grupo se abalanzó desplegando redes. Orión se agachó rápidamente para pasar por debajo y blandió el hacha. Mientras un soldado rodaba al suelo con los tobillos cortados, murmuró. —Me subestiman demasiado. Estoy seguro de que dije que, en el momento en que yo subiera a este barco, el juego estaría acabado. Este puñado de soldados… Pero Kira, inquieta, miró alrededor. La flota ateniense se cerraba poco a poco sobre ellos. La flota atlante, agotada y empapada, no les seguía. Al pensar que podían alejarse cada vez más de Tira, ella se sintió presa del pánico y dijo apresurada: —¡Pero, Orión! ¡Si seguimos así, seremos nosotros los que acabemos arrastrados por Atenas! —¡No te preocupes! Hacernos de un bote para desembarcar y regresar no es nada difícil. Para demostrar lo que decía, corrió hacia la parte trasera del barco. Su intención, sin duda, era apropiarse del bote amarrado en la borda, detrás del mástil. Mientras corría, dejando atrás a los soldados que intentaban perseguirlo, de pronto se detuvo en seco y cambió ligeramente de dirección. —Antes de irnos me encargaré de esto. No conviene dejar problemas para después… Orión cargó directo contra la estructura de madera que se alzaba en la cubierta. Aunque en toda la nave reinaba el caos, con soldados corriendo de un lado a otro, un destacamento permanecía apostado alrededor del Talos. Cuando lo vieron acercarse de repente, desenvainaron sus espadas con sobresalto. Pero aquel contingente no era rival para él. Orión los redujo con facilidad y dio con las ánforas de aceite: aceite de oliva, usado para encender las piedras del ingenio de asedio. Pidió a Kira que lo disculpara un instante, la dejó en el suelo y alzó una de las ánforas para volcar su contenido sobre el lanzapiedras. Solo faltaba prenderle fuego. Orión tomó unas brasas del brasero cercano y las arrojó, pero, en vez de estallar en llamas, lo único que brotó fue un humo negro y pesado. —¿Qué sucede? —Maldita sea, la madera está húmeda por la lluvia, no prende bien. Una vez más… Cogió entonces el rescoldo entero y lo lanzó. Esta vez, las chispas se aferraron al aceite derramado, y poco a poco el fuego comenzó a crecer. El avance era lento, pero suficiente. Convencido de ello, Orión regresó junto a Kira. —Está hecho. ¡Vámonos! —¡Alto ahí! La voz de Partegita retumbó: se había plantado frente a ellos. Kira volvió la cabeza y vio las largas lanzas apuntándolos a ambos. También detrás de ella se escuchaban pasos: estaban rodeados. A través de las llamas y el humo, podía distinguir a Partegita sonriendo. —Es ingenioso pensar en destruir el Talos antes de huir, pero no deberían haber perdido tiempo. ¿Cómo piensan escapar ahora? ¿Van a invocar ese poder divino? Las puntas de las lanzas casi rozaban la piel de Kira. Orión la abrazó con fuerza, sus ojos azules recorriendo con rapidez el cerco en busca de una salida. —¡Vamos, demuéstrame tu destreza! Ya hemos eliminado a Loxias, ¿qué temor podría inspirar tu poder? Kira, presionada por la situación en la que se encontraban, trató de concentrarse. Si lograba desviar las lanzas, Orión tendría más margen para abrirse paso con ella. No había mucho tiempo. El fuego en el Talos seguía creciendo, y cada instante los alejaba más de Tira. El sol caía en el horizonte del oeste, y la inminente oscuridad sólo podía jugar en su contra. Kira respiró hondo y cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir, ya había terminado de prepararse; justo en el momento en que iba a expulsar su energía y ejercer su poder, una visión increíble llenó de pronto su campo visual y toda su concentración se desvaneció. Partegita se comportaba de forma extraña. Hasta hacía un instante permanecía con los brazos cruzados, indiferente; de repente abrió los brazos y se quedó rígida, como si algo extraño hubiera ocurrido bajo sus brazos. Bajó lentamente la barbilla y clavó la mirada en su pecho. Kira siguió esa mirada. Algo brilló en la zona del esternón, justo bajo el pecho. Kira no pudo distinguirlo con precisión: era muy pequeño y además el humo que ascendía del Talos impedía verlo correctamente. Entonces desapareció. —Ah… Partegita se llevó la mano al esternón, un gesto casi instintivo. Sus rodillas se doblaron en ese instante. Un gemido de dolor se escapó de sus labios, y solo entonces —por fin— apareció quien estaba parado detrás de ella. Cabello rubio resplandeciente. Un rostro hermoso que ni siquiera el humo negro podía ocultar. Loxias miró con curiosidad la espada de bronce que tenía en la mano. Con gesto distraído devolvió la espada al cinto de un soldado que, sorprendido, no sabía ni cuándo se la habían arrebatado, y dijo: —Ah, fue un error. La clavé mal. Luego, con un dejo de ligera pena, añadió: —Es la primera vez que hago algo así; no pude evitarlo. Tenía la intención de atravesar el corazón. Traducción: Claire ◈❖◈ Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas ] Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas ] Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas ]