Bailando En Un Mar Legendario

Capítulo 257

Capítulo 257 Kira levantó la voz sin darse cuenta. Apenas terminó de hablar, una sensación de cansancio acumulado durante años la envolvió de golpe. Loxias siempre era así. Siempre decía cosas incomprensibles sobre su relación, como si simplemente fueran dos gemelos que no se parecían en nada. Como si eso por sí solo complicara todo, como si no se pudiera definir su vínculo de manera simple. Ahora Kira debía comprenderlo. Tenía frente a sí la verdad y necesitaba descubrirla completamente. Aunque abrir esta “caja” de secretos le provocara un ahogo, logró resistir. Soportando incluso el dolor punzante que le quemaba la piel del cuello y le martillaba la cabeza, finalmente abrió la boca con dificultad. —Sé… sé que no somos hermanos de sangre —dijo—. Por todo lo que ha pasado hasta ahora, y considerando los acertijos que me diste… Loxias le había dicho una vez: ‘¿Qué clase de relación es ser hermanos y no serlo al mismo tiempo? ¿Qué significa compartir sangre y a la vez no compartirla?’ Kira había intentado deducir el significado de sus palabras. Entre todas las relaciones que la sociedad reconoce, había una que se acercaba: —Pensando en las pistas que me diste… supongo que somos… como… hermanos de leche. Sí, está en mi memoria… —dijo—. Recuerdo vagamente que había una mujer amamantando a un bebé. Yo la estaba observando… Era un recuerdo que apareció de repente cuando, por primera vez, logró leer la memoria de otro. No sabía exactamente cuándo había ocurrido. Kira apenas podía distinguir el rostro de la mujer. Sin embargo, recordaba claramente las enseñanzas del sumo sacerdote de Delos: ella era la hija de una pareja campesina de Mikonos que cuidaba aves y cultivos. Sus padres biológicos la habían entregado al santuario de Delos y se habían marchado a otra isla lejana. Una mujer que había venido a expiar la culpa de abandonar a su propio hijo decidió criar al bebé con cuernos, dándole leche y cuidado. Era tan pequeña que apenas podía recordar a la nodriza… ¿sería ella? ¿Acaso también sostuvo a Loxias en sus recuerdos? Todo encajaba, pero únicamente eso. La duda aún no se había disipado por completo. —¿Qué significa eso de que “me elegiste”? —exclamó Kira—. No recuerdo nada. Crecí contigo en Delos, soy… soy una mujer, tengo cuernos, y fui encerrada a diferencia de ti… ¡no hay nada más que recuerde! Hubo momentos en que sentía celos. Y otras veces, orgullo. Un niño sin cuernos, nacido completamente normal. Desde pequeño fue venerado como la encarnación de Apolo. Elegido desde temprano como el dueño del santuario, pudo recorrer el mundo. Pero ahora incluso eso despertaba dudas. El médico egipcio había dicho que los poderes no eran obra de un dios, sino un efecto especial del cerebro. Probablemente, la causa de esa capacidad residía en los cuernos que crecían en la cabeza de Kira, que permitían un funcionamiento cerebral distinto al común. Sin embargo, Loxias no tenía cuernos, aun así puede usar sus poderes, y como consecuencia enfermó gravemente y estaba muriendo. ¿Por qué? ¿Cómo es posible? ¿Acaso lo que Loxias llama su “elección” está relacionado con el misterio de sus poderes…? Cuando este pensamiento cruzó la mente de Kira, Loxias, que estaba sobre el altar, la miró con calma desde arriba. Pareció disfrutar por un momento de la expresión de duda en su rostro antes de descender con tranquilidad. Se acercó a ella. Kira quiso retroceder, pero Loxias fue más rápido. Levantó lentamente un brazo y lo extendió hacia ella. Sus largos y finos dedos se acercaron a la frente de Kira y la tocaron suavemente. —Si aún no lo entiendes, te lo mostraré —dijo. Una descarga de energía se infiltró en su cerebro, y la sensación la envolvió por completo. El estímulo inesperado la hizo contener la respiración; todos sus nervios se tensaron y su visión se tornó blanca. La voz de Loxias retumbó en sus tímpanos. —Este es el recuerdo más importante para nosotros. Nunca lo olvidé ni un solo instante. Me entristece que tú lo hayas borrado por completo, pero ahora tendrás la oportunidad de comprenderlo. Y sobre todo, de darte cuenta: todo comenzó contigo, Kira. La blancura ante sus ojos comenzó a transformarse poco a poco, como si estuviera descubriendo el fondo del mar. Un recuerdo emergió, como si Loxias lo hubiera arrancado desde lo más profundo de su mente, la parte que había permanecido dormida y olvidada. Era un recuerdo propio, oculto en lo más profundo de Kira, rescatado por Loxias. Un fragmento escondido en el arrecife más profundo del mar que era Kira. Delante de ella apareció la antigua Delos. A la sombra oscura del monte Quintos, se desarrollaban historias secretas, conversaciones susurradas que habían quedado grabadas en el tiempo. Una mujer sostenía a un recién nacido en sus brazos. Varios sacerdotes, encabezados por el sumo sacerdote, la rodeaban formando un círculo. La mujer, arrodillada, extendió al bebé y habló con un tono suplicante. ‘—No había ningún lugar más que el santuario. Por favor, cuiden de este bebé. Es demasiado hermoso y precioso para matarlo justo al nacer, y no puedo cometer el pecado de matarlo como su madre… Prefiero ser una mujer que abandona a su hijo antes que matarlo. Les ruego que muestren aunque sea un poco de misericordia…’ El recién nacido tenía un brillante cabello rubio. El sumo sacerdote lo examinó detenidamente y preguntó con desdén: ‘—Entonces no debiste haber traicionado a Artemisa siendo virgen. ¿Quién es el padre? ¿Puedes decir dónde nació y su nombre?’ La mujer abrazó al bebé con fuerza y negó con la cabeza: ‘—No lo sé. Todo estaba oscuro alrededor, y nadie me ayudó… La brisa me cubría los ojos, así que ni siquiera pude ver bien los rostros…’ ’—Vaya, vaya… fue obra de los dioses, entonces. Probablemente descendieron del Monte Olimpo disfrazados de humanos. Tu belleza es extraordinaria. Imprudente, desafías la dignidad de la diosa. Por eso deberías haberte quedado en la reclusión y comportarte con humildad. Salir así al exterior es un acto de arrogancia. Debes aceptarlo como destino.’ El sumo sacerdote resolvió la situación de manera conveniente y susurró tras discutir brevemente con los demás: ‘—Pero has llegado en buen momento. Justo había un bebé lactante en el santuario, lo cual era problemático. Si le das de tu leche, podrá quedarse aquí hasta que se destete. Después de eso, podrás dejar al bebé y marcharte.’ El rostro de la mujer se iluminó, y asintió con entusiasmo: ‘—Lo haré. Así será. ¡Gracias, diosa Artemisa!’ ’—Será un espacio algo estrecho, pero debes soportarlo. No debes salir del templo sin permiso ni hablar frivolidades a otros. El bebé que debes cuidar… es este’. Un sacerdote que estaba detrás mostró claramente la manta en la que estaba envuelto el bebé. Se reveló una bebé de cabello castaño que miraba fijamente. La mujer no pareció comprender de inmediato las palabras del sumo sacerdote; primero admiró la apariencia adorable del bebé, pero luego su expresión cambió al darse cuenta de la verdad. Se cubrió la boca con la mano, incrédula. ’—¡Qué destino más extraño! La madre que dio a luz al hijo de un dios ahora debe cuidar a una criatura divina… Bueno, para nosotros, esto ha resultado conveniente. Después de todo, alguien debía cuidar de la bestia divina.’ A continuación, un recuerdo que incluso Kira había imaginado se desplegó. Dos bebés colocados lado a lado en una habitación. Un niño y una niña que no se parecían en nada. La mujer los amamantó y crió juntos. Aunque no eran hermanos de sangre, crecieron como si lo fueran. Sin embargo, Kira podía intuir el futuro de aquella mujer. Delos nunca fue una tierra verdaderamente noble. Ella creció encerrada en la habitación, siendo golpeada. Se decía que Loxias también sufrió cosas terribles en un lugar apartado. Y en un lugar así, no había manera de que la mujer que cuidaba directamente a la criatura divina pudiera salir de la isla con vida. Aunque le prometieran que podría dejar el santuario después de destetar al bebé, ella seguramente… Sí. El sumo sacerdote había mencionado a Kira la existencia de la nodriza, pero nunca le había revelado adónde había ido. ’—¿Se encargaron de ello?’ ’—Sí. Lo empujamos hacia las profundidades del mar; no debería volver a salir a flote con facilidad.’ ‘—Bien. No vaya a ser que luego salga por ahí y abra la boca para contarlo.’ ’—Aunque criemos a la bestia divina, ¿qué haremos con ese bebé?’ ‘—Es un varón. No podemos tenerlo más tiempo en el templo de Artemisa. Pásenlo al encargado del templo de Apolo al otro lado y que lo críen allí. Es un niño nacido de un dios cuyo origen desconocemos; cuando sea mayor que haga las faenas que toque y ya está.’ A través de la pequeña ventana de la habitación resonó aquella conversación en voz baja. La pequeña Kira se quedó sentada en el centro de la habitación, escuchando atónita. En aquel entonces no habría comprendido aquellas palabras. Apenas se había destetado y apenas gateaba. Los cuernos en su cabeza no eran más que del grosor de un dedo. Pero la Kira del presente entendió aquel diálogo de su memoria. Ya veo. Su nodriza, la mujer que había sido su madre adoptiva, fue desechada y murió en vano una vez cumplida su utilidad. La bebé Kira permaneció encerrada en la habitación sin conocer la verdad; solo sintió cierta soledad por la ausencia de quien siempre estuvo a su lado y la cuidó. ¿Y Loxias? ¿Cómo reaccionó él? Aunque era solo un bebé, ¿percibió instintivamente la separación de su madre? ¿O simplemente era un indicio de muerte súbita, algo que ocurre a veces en los bebés? Poco después, el niño que yacía junto a la joven Kira comenzó a mostrar indicios de algo fuera de lo normal. Parecía dormir profundamente, pero de repente empezó a jadear, a respirar con dificultad. Se quedó rígido y sufrió espasmos. Parecía como si su respiración fuera a detenerse en cualquier momento. Los bebés solo saben expresar su voluntad llorando. Pero Loxias, en ese instante, parecía incapaz incluso de soltar un llanto. Así, el pequeño encerrado en la habitación no pudo enviar señal alguna de auxilio y quedó al borde de la muerte. Tras perder a la mujer que lo cuidaba, solo tragó su respiración entrecortada. ‘—-Si no hay otra opción, también podemos deshacernos del bebé. No hace falta mantener a un niño sin ninguna cualidad especial. Lo devolvemos a los brazos de su padre.’ Afuera, la conversación parecía tranquila y rutinaria, aunque en realidad era despiadada. Nadie podía siquiera imaginar que el bebé implicado en ese momento estaba muriendo allí adentro. La única que se dio cuenta del peligro fue Kira. Aunque también era solo una bebé, su conciencia incipiente percibió que algo no estaba bien. Se dio cuenta de que el ser que siempre había estado a su lado compartía la misma sensación de soledad que ella sentía, y que algo extraño estaba sucediendo. Entonces extendió su pequeña mano. Con su cuerpo todavía torpe, se arrastró con todas sus fuerzas hacia el bebé rubio. Kira no podía saber que el cerebro frágil del otro bebé estaba sufriendo un ataque por el estrés extremo, pero instintivamente colocó su mano sobre su frente. Los humanos gatean y caminan incluso sin aprenderlo; de la misma manera, para ella, que había nacido de manera especial, su poder era natural desde el principio. Aunque aún no dominaba el habla, la energía psíquica fluía de sus cuernos de manera instintiva, transmitiendo lentamente sus emociones y sentimientos al otro. ‘—Está bien.’ Aunque no era un lenguaje claro, sino un conjunto de pensamientos, Loxias, que también era un bebé, comprendió inmediatamente la intención. Su cerebro, al borde del colapso por el estrés insoportable, tembló ante la estimulación de la energía psíquica. ‘—Está bien. Estoy aquí. Estoy contigo, no te preocupes. Aunque mamá desapareció, seguimos juntos.’ No estés triste. No llores. No mueras. No te vayas. Quedémonos aquí, juntos. Era el máximo consuelo que una niña tan pequeña podía ofrecer; la mayor cantidad de energía psíquica que podía emitir fluyó hacia Loxias. Su cerebro, al borde de la muerte, comenzó a reactivarse y a despertar con sensibilidad. Como el metal lanzado al fuego que se vuelve más fuerte y afilado, los ojos nublados de Loxias recuperaron claridad y algo se imprimió en su mente con nitidez. Kira, observando la escena, inhaló con fuerza como alguien que trata de respirar bajo el agua. Ese instante, tan temprano en su infancia que había sido completamente olvidado, comenzó a surgir con intensidad en su memoria. En la antigua mitología, Artemisa ayudó a Apolo a nacer en Delos. Y en la realidad de la tierra, Kira, atrapada en Delos, acababa de revivir a Loxias en ese momento. Había tocado el cerebro débil y vulnerable de un bebé al borde de la muerte, sin que este supiera nada. La energía psíquica que vertió para consolarlo envió un estímulo tan intenso que terminó reconstruyendo por completo aquel cerebro infantil. Loxias, que podía usar sus poderes aun sin cuernos, veía cómo su propia habilidad devoraba su cerebro de manera extraña. Desde el principio, su mente se estaba rompiendo y destruyendo lentamente, como un carro cargado con un peso que nunca podría soportar… La respuesta era simple. Porque desde el inicio, esa habilidad no era algo innato en él. Era algo que ella, nacida con cuernos y poderes, le había otorgado de forma inconsciente. —¿Ahora lo entiendes con claridad? Loxias sonrió y habló hacia Kira, que tenía la cabeza entre sus brazos: —¡Tú me creaste! ¡Tú me elegiste y me elevaste al dominio de los dioses! ¡Kira, tú me hiciste especial! Traducción: Claire ◈❖◈ Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas ] Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas ] Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas ]