
Bailando En Un Mar Legendario
Capítulo 60
5. Un hombre ofreciendo una corona Después del impactante incidente, Kira ni siquiera supo cómo pasó el tiempo. La noche en el Monte de Tira seguía atormentándola. Sucedió en una noche de luna… no, ¿había estado la luna allí? El recuerdo era confuso. Al final, salieron del centro de oración para ir a contemplar las estrellas. Pero la luna salía todos los días y las estrellas tenían el mismo aspecto tanto en Delos como en la Atlántida. Había algo más que le era impresionante. El hombre que estaba a su lado en el suelo. Ahora todo lo que podía recordar era a Orión. Ese día, Kira se había envuelto en la manta, cubriéndose el rostro hasta la mitad, y lo observaba constantemente. Orión, por otro lado, siguió mirando a todas partes menos en su dirección. Nunca le dijo por qué había calentado sus labios. Tampoco explicó el por qué de la desconcertante pregunta de si ese beso no había significado nada. En cambio, habló en un tono serio. ‘Lo siento. Estaba de mal humor’ ¿Fue porque estaba de mal humor? ¿En serio? Sus labios habían sido carnosos, suaves, cálidos y húmedos… Esa noche durmió acurrucada sobre una alfombra en el suelo del centro de oración. Mientras estaba acostada, Kira tuvo un fuerte hipo que no paró hasta que se quedó dormida, pero su pecho había dolido. Orión estaba apoyado contra la pared opuesta de espaldas a ella, por lo que no supo cuando pudo conciliar el sueño. Cuando descendieron de la montaña al amanecer del día siguiente, el hipo de Kira había cesado y pudo tratar a Orión como de costumbre. Orión también pareció volver a la normalidad. Como si nada hubiera pasado. Así que Kira perdió la oportunidad de preguntar: ¿Por qué hiciste eso? ¿Porqué me besaste? ¿Qué querías decir con que eso no era nada? ¿Qué era nada? ¿Cómo es que nuestros labios se encontraron? Pero, inesperadamente… Kira no lo odio. Había sido un poco sorprendente, sí, pero solo era que la había tomado desprevenida. Él no la detuvo ni la obligó a hacerlo de ninguna manera. Fue Kira quien incluso lo besó primero; ella tocó sus orejas y tomó la iniciativa de besarle la mejilla. Mientras repasaba los acontecimientos de aquella noche y examinaba de cerca la causa y el efecto, perdió el valor para hacer preguntas, incluso si ya era muy tarde. Si preguntaba sobre sus intenciones, existía una alta posibilidad de que también tuviera que revelar sus verdaderos sentimientos. La naturaleza oscura y aterradora de la bestia sería descubierta. Deseaba hacer algo con este hombre, aunque no sabía exactamente qué. Era casi como un apetito, pues aumentaba con el pasar de los días. Tenía miedo de su curiosidad por él, por llegar a conocerlo. No podía dejar que se enteraran de esto. Tenía que ocultarlo. No sabía si la luna había salido ese día, pero Artemisa habría visto todo incluso sin la luz de la luna. Su espíritu rebelde, tan confiado en su capacidad para desafiar las instrucciones de la Diosa, se desvaneció rápidamente. No tenía miedo de las flechas que volarían en su dirección como castigo, pero sí temía que la diosa vengativa infundiera odio y resentimiento en Orión. Debido a esto, Kira sintió miedo incluso de visitar la cama de Orión. Pero ahora, si ella decidiera acostarse junto a la abuela, las cosas sólo se complicarían más. Lo mejor que se le ocurrió fue dormir de espaldas. Kira se envolvió en la manta y desvió la mirada de él. Orión estuvo desconcertado al principio, pero pronto le dio la espalda con resignación. Kira lo lamentó. Fue muy difícil todas las noches. No era fácil mantener la postura y extrañaba la sensación de estabilidad cuando su cuerpo estaba cerca del de ella, pero si se acercara descuidadamente a Orión, éste se sorprendería y la alejaría de nuevo. Orión dio un paso más allá que Kira y trazó una línea estricta entre ellos. Incluso con los brazos cruzados, no se movía. Casi como una piedra. Kira miró hacia atrás, deprimida, y hundió la cabeza profundamente en la manta. Debido a esta intensa tormenta emocional, la condición de Kira en estos días era como la de un barco con un agujero en el fondo. Por fuera parecía que estaba bien, pero por dentro estaba lleno de agua. De cualquier manera, la vida siguió. Primero regresó Hatsha, que había sido liberada. Tan pronto como llegó, hizo una reverencia y se transformó en una doncella extremadamente fiel. Todavía era tímida, pero no había forma de que sus habilidades originales pudieran haber desaparecido. Incluso la abuela, que había visto llegar a su fin sus días de juicio, parecía confiar cada vez más en su compañera que era una mujer comprensiva y de voz suave. Los niños observaron su trabajo con interés y poco a poco empezaron a seguir su ejemplo. Por encima de todo, Hatsha obedeció cada palabra de Kira. Si Kira salía a caminar por las colinas, Hatsha la seguía obedientemente. Cuando iba de compras, la acompañaba y le explicaba lo que había en el mercado. Esto le dio a Kira más libertad para salir y explorar el mundo. Incluso Orión, que se mantuvo un poco cauteloso, poco a poco confió a Kira a Hatsha. Aunque debería estar feliz de haber aliviado un poco su carga, Kira no estaba para nada contenta. Era un mal momento y sentía que se alejaba cada vez más de él. Mientras tanto, el calendario ya había llegado a Muniquión (Abril). El árbol de buganvilla de la mansión finalmente había comenzado a florecer Los pétalos del árbol eran de un color púrpura mucho más vivo de lo que había imaginado. El color se acentuaba maravillosamente con los azulejos azules o el cielo despejado. Era un paisaje que iluminaba incluso los corazones más sombríos, por lo que Kira venía a pasar tiempo en el patio cada vez que podía. Dio la casualidad de que estaba asumiendo un nuevo desafío de aprendizaje. Había un telar vertical en el almacén que no podía soportar tirar, así que decidió aprender a tejer. Mientras se instalaban en el centro de la habitación y tejían juntas, perdieron la noción del tiempo. —Si cruza esos hilos de allí… obtendrá un patrón como este. —Así, así. Kira trabajó diligentemente siguiendo las instrucciones de Hatsha. Poco a poco, de la ingeniosa combinación de hilos de colores empezaron a surgir curvas onduladas. Aunque era un patrón de onda muy sencillo, para Kira fue un gran logro haberlo conseguido. Estaba tan feliz que soltó el telar y aplaudió encantada. —¡Lo hice! ¡Me salió el patrón! ¡Abuela, mira esto! Los ojos de la abuela Baki se abrieron como platos. La satisfacción impregnó sus ojos llenos de arrugas. —Lo hiciste bien para ser tu primera vez. Sigue así. Una vez que domines los conceptos básicos, podrás crear patrones más complejos. Un buen tejedor realiza tejidos tan bellos y complejos que pueden convertirse en un mural. La abuela rió a carcajadas como si recordara viejos tiempos. —Lady Saphira nunca fue muy buena en esto. Decía que podía memorizar las leyes y las tasas impositivas, pero no en ese orden. —¿En serio? Así que hay algo que ni siquiera el Lady Saphira puede hacer... De alguna manera, se sintió mucho más cercana a ella que antes. ¿Quizá era porque el complejo de inferioridad que había estado asociado con Orión había desaparecido? Pero la intimidad unilateral duró poco y no estuvo tan orgullosa de sus habilidades. Los hombros de Kira cayeron. —Apenas memoricé el orden. Apenas dominé este patrón. —Lady Kira, haga lo que haga, mejorará con el tiempo. Además, si teje demasiado bien, pondrá celosa a Atenea, lo cual no es bueno. Dijo Hatsha mientras medía la longitud del hilo con su codo. Kira entrecerró los ojos. Aparentemente, la Diosa de la guerra también tenía una particular habilidad para el tejido. —He oído hablar de ello en el santuario. Escuché que si te jactas de ello, Atenea te convertirá en una araña. —Es una leyenda que recuerdo cada vez que limpio telarañas. Se dice que sólo las Diosas pueden tejer perfectamente, por lo que incluso los mejores tejedores arruinan la última puntada a propósito. Crear un tejido hermoso y luego tener que arruinarlo. Kira chasqueó la lengua, pensando en todo el increíble esfuerzo desperdiciado. Si Artemisa era tan voluble y feroz como la luna, entonces debía ser un personaje difícil de tratar tanto para un dios como para un mortal. De todos modos, no había manera de que pudiera poner celosa a Atenea con sus habilidades actuales. Kira reunió fuerzas y manejó el telar con cuidado. Hatsha la ayudó desde un lado y la abuela con las tijeras mientras organizaba los hilos. El lugar estaba en silencio mientras trabajaban. Se preguntaba cómo un objeto así podría haber quedado como recuerdo de una princesa real, pero tejer era un pasatiempo bastante beneficioso. Nunca era aburrido porque tenías que juguetear constantemente con las manos. Además, la producción de artículos que requieren mucha mano de obra no podía dejarse en manos exclusivas de los artesanos. Sería una historia diferente si se tratara de ropa de seda con bordados intrincados, pero también se tejía constantemente para propósitos triviales, como cubrir vasijas y escribir cartas. Por lo tanto, independientemente del estatus social, cada hogar tenía que centrarse en la producción de tejidos para satisfacer sus necesidades. Kira se concentró mucho. Fue divertido hacer patrones mientras aprendía. Aunque sus sueños de una vida independiente se habían visto algo frustrados, se dio cuenta de que era una habilidad útil para vivir en este mundo. Saber tejer significaba que al menos podría responsabilizarse de lo que vestía. «Creo saber por qué no me enseñaron esto en el santuario.» Habría sido más fácil criarla si no supieras hacer nada. El trabajo también fue una buena distracción para dejar de pensar en Orión. Fue más o menos en el momento en que Kira, que se había librado de sus pensamientos que la distraían, casi había terminado de cortar el hilo. De repente, se escuchó un ruido sordo detrás de la mansión. Kira saltó en su lugar. Fue tanta su sorpresa que el hilo se enredó. —¿Están bien? ¡Tengan cuidado con lo que empujan! El grito de Orión se escuchó a lo lejos. Kira miró en la dirección del sonido. Los hombres estaban reparando el granero. —Debe haber habido un accidente. Iré allí. —Voy contigo. Hatsha intentó despejar el lugar. Kira agitó las manos pues no quería ser una molestia. —Es el patio trasero después de todo. La abuela se sentirá sola si la dejamos por su cuenta, así que iré yo. —Eso es muy considerado de tu parte. Mientras estás fuera, ¿por qué no le muestras a Lord Orionis lo que has tejido hoy? La abuela cortó hábilmente el tejido y se lo entregó a Kira. Era sólo del tamaño de un pañuelo. Aún no tenía la habilidad suficiente para tejer de manera uniforme, por lo que era una mezcla de piezas gruesas y finas, pero el patrón era el correcto. Las horas de trabajo eran evidentes. Kira tomó la tela humildemente. Normalmente, ella habría estado orgullosa de sus logros y se los habría mostrado a Orión al instante. Pero las cosas eran un poco diferentes ahora. Desde que había bajado del Monte de Tira, le había resultado difícil ser tan despreocupada como antes. Apenas podía abría los labios y rápidamente los volvía a juntar… La anciana reconoció la mirada en blanco en su rostro. —¿Qué pasa? —¡Oh, nada! Es solo que estoy segura de que deben estar hambrientos por todas esas reparaciones, así que les llevaré unos bocadillos. Kira corrió a la cocina. No fue hasta que estuvo a solas en la oscuridad que colocó una mano sobre su corazón. Sabía dónde estaba el tarro de galletas. Había visto a Hatsha esconderlo en un estante alto para que los niños más pequeños no puedan bajarlo. «Baja, baja…» El frasco descendió lentamente hasta sus brazos. Ahora podía hacer esto con sus poderes. Colocó las galletas en un plato y cubrió la parte superior con la tela que había tejido antes, y a decir verdad, se veía bastante bien. Si dominaba el tejido, ¿podría tejer con sus ondas de sal? Kira pensó en ello y salió por la puerta de atrás. El granero lucía tan bien que incluso el burro real se sorprendería. Esto se debía a que hubo que sustituir la madera que había sido roída por las ratas y podrida por la humedad. Orión estaba subido en una escalera, sentado en un peldaño alto mientras clavaba algo. Kira lo había visto reparando un barco, por lo que no fue de extrañar que lo hiciera por su cuenta en lugar de llamar a un trabajador. Pero volvía a estar con el torso desnudo, la parte superior de su atuendo hasta abajo. Incluso entonces, su mente inquieta volvió a jugarle una mala pasada. Kira mordió sus labios para evitar que su expresión pudiera revelar lo que pensaba. Rápidamente pudo descubrir a qué se debía tanto alboroto. Parecía que los niños habían estado empujando una carretilla cuando ésta se volcó. Los dos chicos discutían mientras recogían la arcilla derramada en el suelo con sus propias manos. —¡Bocadillos! ¡Mi Lady! —¡Oye, mi Lady es suficiente incentivo! Kira encontró adorable su discusión y se echó a reír. Levantó el plato en alto para evitar cayera cuando se abalanzaron sobre ésta descuidadamente. —Tendrán que lavarse las manos antes de eso. Dense prisa. En momentos como éste, eran buenos haciendo caso. Sin embargo, Kira pronto se dio cuenta de que enviar a los niños lejos había sido un grave error, pues eso la dejó a sola con Orión. Éste seguía martillando como si no pudiera oír su voz. Parecía estar teniendo cuidado al unir un travesaño a un poste. Levantó la vista, obligándose a mostrarse alegre. Mantengamos la calma. Ocultar sus verdaderos colores era algo que había practicado mucho en el santuario. —Orión, mira aquí. ¡Tejí esto hoy! Levantó la tela del tamaño de un pañuelo y la agitó. Entonces Orión miró hacia abajo. Llevaba el cabello recogido hacia atrás, dejando al descubierto su frente. Llevaba una trenza para evitar que interfiriera en su trabajo. Evaluando el estado de los clavos, bajó la escalera. No se molestó en levantarse el quitón, por lo que lo único que cubría la parte superior de su cuerpo bronceado eran un par de guantes de piel de oveja. Traducción: Claire ??? Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas ] Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas ] Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas ]