
Bestia De La Noche Congelada
Capítulo 2
Capítulo 1 Camino al norte. La luz del atardecer que entró a través de la ventana coloreó el desolado salón con un rojo siniestro. Con cada movimiento de sus labios, el grueso humo de cigarrillo que calaba el hombre de mediana edad con una pipa en su boca. En silencio el hombre bajó la pipa y llegó a una conclusión. —Prepárate para ir al Norte. Era el sonido de alguien enviando a su hija a un hombre pervertido de 70 años que era lo suficientemente mayor para ser su abuelo. Ella sospechó esto hasta cierto punto cuando sorpresivamente fue llamada a una reunión familiar, pero ellos fueron demasiado lejos esta vez. Anne olvidó la etiqueta forzada al ser una noble y reveló sus verdaderos sentimientos. —Padre, escuché que es mayor de los 70 años. —Angroanne estás siendo inmadura. Es el Gran Duque Cromund con la autoridad comparable a la familia imperial. Cuando el viejo muera todas las propiedades de su casa serán tuyas. Deberías agradecer a tu hermano de hacerte la Gran Duquesa. Una voz sarcástica interrumpió sin el más mínimo rastro de cortesía. Robert Libelois, el inmaduro sucesor del condado Libelois. Era su hermano mayor quien fue el responsable de esto, y aún así mostraba su rostro descaradamente. Si hubiese sido ella, probablemente habría evitado intervenir en la conversación, pero sus padres, quienes eran suaves con el sucesor, también guardaron silencio esta vez. Anne abrió su boca a medida que se esforzaba por retener el resentimiento que llenaba su garganta. —¿Fue tan maduro mi hermano que molestó a la mujer de alguien más? Al mismo tiempo, Robert, cuyos ojos normalmente solo se enfocaban en ver hermosas mujeres, molestó a la amante del Gran Duque durante su visita a la capital y fue arrestado en el lugar por los caballeros de la familia del Gran Duque. No era la primera vez que actuó como un animal en celo, pero esta vez estuvo mal. Ella era una mujer favorecida por el Gran Duque Cromund quien supervisaba el norte. Era una figura inmovible incluso en la familia Imperial. La única cosa que el Condado Libelois podría hacer era tumbarse en sus estómagos y rogar. Ellos rogaron por piedad, pero una amenaza de detener a Robert fue la única respuesta. Después de todo, fue justo ayer que la familia del Gran Duque demandó una inmensa compensación en nombre de molestar a la amante del Gran Duque. Naturalmente, la familia Libelois no tenía la capacidad para cubrir dicho monto. El incompetente Conde y su heredero habían devorado los cofres de la familia y el negocio que habían hecho estaba perdiendo dinero en lugar de obtener cualquier beneficio. Cuando su padre dijo que no había forma de poder pagar la compensación, la solución que fue mostrada, era enviar una mujer de Libelois. Y solo hasta ahora las noticias habían llegado a ella- ella, la única que sería enviada- sin siquiera haber pedido su opinión. ¿Por qué debo tomar la responsabilidad de mi hermano? ¿Por qué debería casarme con tal persona? Cada vez que Robert tuviese un problema con insultos obscenos a las damas nobles en el pasado, Anne era quien iba a pedir su perdón. Como mujer, era forzada a hablar, pero nunca hubo un sentido de amistad. No cuando ella no tenía más opción que cubrir los defectos de sus parientes de sangre. Pero ahora, ella estaba siendo vendida a un matrimonio porque sus parientes no pudieron pagar la compensación. Esta vez, Anne no tenía intención de ser obediente. Esto no era algo que la persona quien causó el incidente pudiese decirle en primer lugar en un tono molesto. —Esto es lo que causó mi hermano, así que por favor déjame fuera de esto. —Angroanne, ¡Qué estás diciendo! Tu hermano solo cometió un pequeño error porque es suave de corazón e ingenuo… La condesa intervino rápido, su rostro frío. Ella y Robert tuvieron que haber nacido con el mismo estómago. Solo el género era diferente, y sin embargo, sus padres eran particularmente estrictos con ella, pero indulgentes con su hermano. Robert abrió su boca una vez más. —Angroanne, ¿Cómo puedes ser tan fría de corazón en medio de una crisis familiar? Debió haber sido que esa mujer se acercó a mi con intenciones ocultas. —No digas tonterías. ¿Con qué propósito podría una mujer que es amante del Gran Duque acercarse a un simple heredero de un simple condado? Anne no podía controlarse y gruñó ante la irrazonable protesta de Robert. Si él realmente hubiese sido atrapado en el lugar, la mujer hubiese tenido algunos caballeros escoltándola. Naturalmente, ella no se atrevió a engañar al Gran Duque en presencia de los caballeros. Además, Robert era un hombre que no tenía ni buen aspecto, ni la capacidad de hablar lo suficientemente bien para ganarse el corazón de una mujer. El heredero de aquel Condado no tenía más que un título vacío. Además, toda la familia del Condado Libelois era una familia noble en un barco hundido. —¡Detente! Eso significa que tu hermano, el heredero de la familia ¿debería ir a la cárcel? ¿Quieres que los Libelois sean atrapados en un escándalo y caigan en la boca de las personas? EL conde Libelois, quien estaba sentado en la silla de la cabeza de la casa, estalló en ira y su rostro se volvió rojo. En ese momento la respiración de Anne le faltó, como si agua subiese por su cintura y alcanzara su garganta en un instante. Ellos cubrieron todo con la fachada de una familia cuando necesitaban algo de ella. Un método bastante conveniente, usualmente utilizado por la nobleza. Era obvio que resultaba efectivo, era algo que siempre conseguía cerrar su boca. Como sea, Anne, quien susurró suavemente cada vez que esa palabra era usada, no pudo callar en ese momento. —¿Me estás diciendo que viva con la amante de mi futuro esposo? Era públicamente conocido que una familia noble podría tener una o dos amantes quienes eran apartadas de la gente común, pero no se escuchaba que una mujer noble se llegase a casar como medio para disipar una queja oficial después de la mano sobre una amante. Es lo mismo de ser vendida. Era un insulto insoportable a una dama noble. La familia creció y valoró su rostro noble, pero paradójicamente arrojaron el honor de su hija al fuego. —Angroanne, si ellos insisten en pedirte, ¿no significa que ellos quieran ver un sucesor de alguien con sangre noble? Gracias a tu hermano, tienes la oportunidad de ser la Gran Duquesa. Los ojos de Anne cayeron en Robert, quien rascó su estómago y descaradamente agregó a las palabras de su madre. Elevó su barbilla, como si desafiara a contradecirlo. —Si. Resulta que ella es una plebeya. Casarse debería ser, por supuesto entre nobles de la misma clase. Ella quiso reír por las palabras de su madre, defendiendo a Robert. Y a las palabras ilógicas de Robert. Libelois aparentemente había crecido al punto de que podrían pararse hombro con hombre con el Gran Duque. —Ya tengo un prometido. Si el Marqués Whitmore, se entera ellos harán una protesta formal. —No hay nada de que preocuparse. Gracias al Gran Duque, que contactó directamente al Marqués. Esta mañana llegó una carta de su parte para disolverlo. —¿Di…solver…? Su voz tembló. Ella no esperaba una respuesta como aquella y había mantenido un rayo de esperanza. La esperanza que sería capaz de escaparse de esa situación si ella mencionaba el nombre del Marqués había sido destrozado. Era demasiado rápido. Había transcurrido menos de una hora desde que ella escuchó sobre ello, y la disolución ya había llegado. Robert causó todo ese problema la noche anterior, hace menos de dos días. —Así que, partes mañana. —¿Mañana? Antes que ella pudiese aclarar su confuso estado mental, Anne estaba sin habla. Disparates. Es demasiado rápido… Normalmenta tomaba un año prepararse para un matrimonio. Pero ese progreso tan rápido resultaba ser realmente aterrador. Anne, quien mordía sus labios nerviosamente, tragó algo de saliva y separó sus labios firmemente. —No, nunca iré. ¡Abofetear! Su rostro giró violentamente al mismo tiempo que el viento se extendió. Tarde, un dolor similar a una llama atravesó su mejilla izquierda. Anne, confundida, miró la mano del Conde la cual aún permanecía en el aire. —¡Qué eres! ¿Tienes que arrogar el prestigio de tu familia a la alcantarilla antes que escuches a tus mayores? ¿Quién diablos educó a tu hija? El furioso Conde miró a la Condesa quien permanecía acariciando a su hijo a su lado. La mujer no respondió cuando fue golpeada, cuando la culpa cayó sobre ella, atravesó su rostro con resentimiento. Al final, las chispas siempre caían sobre Anne. Esta mujer, llamada su madre, quien solo había criado a su hija para contrarrestar las pérdidas casándola con una buena familia. Aún cuando la educó con buenos modales, piano, bordado y otras virtudes necesarias que solo incrementaran su valor en el mercado del matrimonio, no para darle amor a su hija. A medida que los ojos de Anne enrojecieron, la pareja de condes, secretamente intercambiaron miradas, escupiendo a voz suave. —¿No es solo vivir juntos? El inicio podría ser un poco insatisfactorio, pero es el Gran Duque. Ellos no son solo una o dos familias quienes están ansiosos por formar una unión a cualquier costo, así que, ¿no tiene sentido obtener la posición de Gran Duquesa? —Mmh…Angroanne, si tú vas y das luz a un heredero, nuestra familia estaría llena de gloria. Tan pronto como tú llegues ahí da a luz a un hijo. No era sorpresa, no había una disculpa, pero una palabra podría hacer que las pequeñas expectativas se desmoronaran como polvo. Llorando-la amargura similar a los jugos gástricos- cayeron como si fuesen a derramarse a través de su garganta, Anne mordió el interior de su labio. En medio de todo esto, sus padres se desilusionarían tan pronto ella diese a luz a un hijo. Fui abandonada por sus preciosos herederos… Su corazón saltó a la realidad de saber, modales, todos los talentos que ella cultivó para elevar el nombre de su familia podrían caer eventualmente en los brazos de un viejo hombre. No importaba cuanto lo intentara, nunca habría un lugar para ella ahí. Anne tragó su creciente resentimiento. Era inútil protestar contra aquellos que nunca la escucharían. Anne, quien nunca se rehusó, no tenía más opción que asentir con su cabeza en silencio. Pero tampoco tenía intenciones de seguir todo al pie de la letra. —Si. Iré. Anne sostuvo su rostro con sus manos y respondió con resignación. El rostro de sus padres parecía florecer en sonrisas ante su respuesta que parecía de muñeca. Por primera vez en su vida, esas sonrisas iban directamente hacia ella. Sabía que el afecto que sus padres le mostraban por primera vez, podría ser también el último, así que Anne sonrió débilmente, empujando sus sentimientos hacia el fondo.