
Bestia De La Noche Congelada
Capítulo 27
Capítulo 26 El hombre chasqueó los labios con pesar. De ninguna manera, en un lugar tan abierto…Anne miró al hombre con sus ojos aterrorizados. A diferencia de ella, que había sido arruinada, el hombre estaba limpio y su máscara negra estaba intacta. El hombre parecía estar en buena forma, imperturbable y sereno. Excepto por el hecho de que su rostro estaba cubierto. —¿Cómo te atreves a acosar a una mujer?…Quítate la máscara y muestra tu cara. El hombre entrecerró los ojos y se acercó a Anne. Temerosa de que el hombre se percipitara hacia ella de nuevo, Anne se tensó, tratando de retroceder, pero sus pies se congelaron bajo la presión. —Espera en silencio. Vendré a recogerte pronto. —¿Quién…? Las últimas palabras del hombre resonaron como si llenara el espacio a su alrededor. En ese monto en que lo miró fijamente con una mirada desconcertada, su visión se volvió borrosa y sus ojos se abrieron al mismo tiempo. El patrón de techo elaborado entró en su clara visión. Era su dormitorio. ¿Un sueño? No…este…no fue un sueño. Anne, dándose cuenta de que el extraño hombre de su sueño era su esposo, el Gran Duque, enterrado en el otro extremo de su memoria, se mordió el labio con su desprecio. Ser humano inmoral y sin escrúpulos. Lo único que le vino a la mente en este momento fue el Gran Duque desfilando bajo el nombre de su esposo. Ella pensó que nunca lo había conocido, y se horrorizó esta primavera de no reconocerlo, incluso después del hecho de que lo había conocido hace exactamente medio año. Estoy seguro. Ha estado ocultando deliberadamente el hecho que me ha conocido. Las últimas palabras significativas del hombre hace medio año todavía dominaban su mente. Eso significaba que se había estado preparando para este matrimonio desde ese día en adelante. Desde el principio, él estaba pensando en traerme. Yo, una tonta, caí en sus trucos. Como era de esperar, debería haber sospechado desde el momento en que el contrato de matrimonio, un contrato importante entre dos familias, fue tan fácilmente anulado por una persona. A diferencia de sus padres que se quedaron ciegos y lo vieron como una oportunidad, ella debería haberse dado cuenta. No convencida de que hubiera algún truco para su propio matrimonio, aunque se dio cuenta que Marie no era la amante del Gran Duque, pero las últimas palabras del hombre, sus recuerdos de ese día, la convencieron. Sintiendo la humillación de ser engañada, Anne torció los dedos sin piedad. —Señorita, ¿está despierta? Emily, que había escuchado el crujido notó que Anne había abierto los ojos, dio un paso más cerca. —¿Qué…sucedió? Desde que el Gran Duque la obligó a hacerlo en un balcón frío, sus recuerdos han estado en revoltijos. Lentamente recordó la mano violenta que parecía inaceptable. Ya sea que pensara que era emocionante o no, si solo tenía la intención de infligirle vergüenza en primer lugar, el Gran Duque retiró su mano en el último minuto y continuó su comida dignamente. Fue la última escena que quedó en su mente. —Me dijeron que la señorita colapsó repentinamente mientras cenaba con Su Gracia. De repente tuvo fiebre y no pudo recuperar la conciencia. Las palabras del médico me asustaron. —Ayúdame a levantarme. Trató de levantarse, pero su cuerpo estaba pesado como el plomo. El edredón que la cubría estaba caliente, y era desagradable sentir que su ropa que llevaba puesta se pegaba a sí misma. Emily, que apoyó la espalda de Anne con algunos de los cojines de felpa, la levantó. Era como si tuviera dolor de espalda ya que había dormido durante bastante tiempo. —¿Cuánto tiempo he estado acostada? —Tres días. Emily limpió la frente empapada de sudor de Anne con la toalla limpia empapada en agua. Anne se sorprendió al escuchar que habían pasado tres día, pero asintió con la cabeza. Luego agitó la mano ya que no necesitaba que Emily le limpiara la cara nuevamente, y miró a su alrededor, parpadeando con sus ojos aún nublados. —Dame un poco de agua. Le ardía la garganta, ya que no había tomado un sorbo adecuado de agua durante tres días. Mientras bebía el vaso de agua que le entregó Emily, su cabeza que había estado complicada, pareció desvanecerse un poco con el frío. Anne miró a Emily con una expresión indiferente y abrió la boca. —¿Me cuidaste todo este tiempo? —Si. Marie iba y venía varias veces, pero dije que lo haría. Parecía que Marie también había ido y venido. Pero no hubo menciones que le Gran Duque la había visitado. —¿No pasó nada mientras estaba desmayada? —Ah, había una carta. Dejando la toalla que sostenía, Emily abrió el cajón de la mesa auxiliar y sacó sobres blancos. Se grabaron diferentes patrones en la cera de sellado. Una era el sello de su familia, Libelois, otro era el de su ex prometido, Salton Whitmore, y el último era de la familia de Siena Pollimont, una mujer con la que no tenía ningún contacto. —¿Le gustaría verlas ahora? —No, solo tíralas. Estaba preocupada por la carta de la familia Libelois, que había llegado dos veces, pero no podía permitirse prestarle atención. Al menos por ahora… —De todos modos, ¿dónde está ese hombre ahora? [Traductor: Sori]