Bestia De La Noche Congelada

Capítulo 3

Capítulo 2 El día siguiente, las preparaciones para viajar hacia el Norte fueron rápidamente completadas sin tener la oportunidad de respirar. Ella no tenía nada que preparar y solo una sirvienta y algunos caballeros de la familia la siguieron como escoltas. La nana, quien había estado limpiando sus lágrimas con un pañuelo, finalmente le dio pequeñas palmadas a la mano de Anne. Tan pronto como ella subió al carruaje, las voces de sus familias sonaron por detrás. —Hija, estoy tan orgullo de que te casarás con tan maravillosa familia. Esas fueron las mismas palabras que escuchó cuando se comprometió con el Marqués. —Angoanne. No olvides que eres hija de nuestra familia, asegúrate de dar a luz a un heredero. Incluso si me conviertes en un fantasma en esa casa, no olvides de pagar el precio por subir y asegúrate de robar su lugar con moderación. —Comparada a la concubina, ella no se compara a ti. Si tu tienes un rostro y cuerpo suave, ese anciano morirá. Sonó como si fuese solo a ofrecer su cuerpo como una vulgar prostituta. Y todo fue hacia ella. Anne entró al carruaje sin decir una palabra. Entonces, el carruaje se movió, el caballo quejándose. El vibrante sonido de la silla se extendió en un eco sobreponiéndose con el sonido de su corazón lleno de ira. No regresaré otra vez. Y… Anne reprimió su último pensamiento firmemente. Ella no miró a través de la ventana a la casa que nunca volvería a visitar otra vez. —Señorita, su mejilla aún está muy inflamada. Ante las palabras de la sirvienta, quien estaba sentada en el lado opuesto a ella, Anne llevó su mano a la mejilla. Incluso sin ver al espejo, su piel hinchada podría sentirse claramente a través de los nudillos de sus dedos. La sirvienta le llevó compresas frías hasta antes de dormir, pero en la mañana había sido inútil y una de sus mejillas se inflamó incluso más. La marca rojiza de la mano había desaparecido, pero cualquiera podría ver que había sido abofeteada. —En unos cuantos días desaparecerá. —Tendrá que atenderlo hasta que lleguemos al Gran Duque…. La sirvienta lloró, diciendo que lamentaba todo. El Gran Duqye Cromund, un poderoso hombre con el norte como sus dominios, nunca reveló su rostro, pero muchos rumores maliciosos se extendían por toda la capital. Como ella, quien había estaba abrumada con el vacío ante los pensamientos que había sufrido hasta ahora al convertirse en la esposa de semejante hombre, la sirvienta gimió por lo bajo. Está bien. No importa si él se entera. De pronto, Anne recordó el rostro de Salton Whitmore, quien la había visitado sorpresivamente la noche anterior. Sus padres, incapaces de rehusarse al heredero del Marqués, por lo que le permitieron verla, quien llegó a ella sin ninguna solicitud previa para visitarla. A pesar que ella deliberadamente se encontró con él en rodeados de oscuridad, sin siquiera una luz, Salton reconoció las líneas en su rostro al instante. —Señorita, su rostro… —Ah…no es nada… Ann giró su rostro para ocultarlo, cubriendo su mejilla con la mano. Como si estuviese enojado, los ojos de Salton se volvieron fríos por un instante. Por primera vez desde que ellos se conocieron, no poseían su brillo, su sonrisa brillante. —La disolución…no quise… —Lo sé… Él se hubo sorprendido en un inicio, pero alguien así de amistoso y amable como él, no habría abandonado a su prometida tan fríamente. La disolución probablemente fue decisión de su padre, el Marqués Whitmore. La presión fue por parte del Gran Ducado. También me doy cuenta por primera vez que mi padre era una persona tan débil. Incluso él tuvo que estar sorprendido por el mal estado de su padre, a quien lo consideró alguien magnífico durante toda su vida. Para añadir a eso, la familia del Gran Duque estaba en el pináculo de poder que incluso la familia imperial no podría provocarlo imprudentemente. —Señorita, yo… Él había fruncido sus labios como si la situación fuese frustrante, pero no dijo nada más. Él no podría decirle que no fuese, él no podría decirle que le esperara y que encontrarían una solución. Él siempre había sido de esa forma. Anne colocó su mano en el brazo de Salton, su cabeza se inclinó frente a ella. Los débiles temblores se transmitían de él. —Estoy bien. Como si no hubiese intensión de disolver su compromiso, Anne abrió su boca consoladoramente. Los ojos café de Salton se cerraron en dolor. Dejando atrás al rígido Salton, Anne se alejó. No había más de lo que ella pudiese haber hecho. Después de todo, ella solo se había comprometido en una arreglada y estratégica relación con él. No había amor en primer lugar. Si se casaban, ella pensó que podría tal vez tener un poco de felicidad, pero esa sería la última vez que estaría con alguien que podría ser cariñosa. —Al alojamiento que estaremos llegando hoy, usaré algunas hierbas medicinales que son buenas para disminuir la inflamación. Sus pensamientos, los cuales estuvieron ahogándola por un momento, fueron borrados como un sueño por la voz de la sirvienta. Aún estaba consternada acerca de la mejilla de su ama. —No te preocupes, se irá en una semana. Ya que era una gran distancia, tomaría alrededor de una semana llegar desde la capital hasta el norte, incluso con el poder de un carruaje rápido. Aún, la criada temía que podría estar arruinada por la herida, así que estaba preocupada. —Aún es una novia… Sus pensamientos eran aún más complicados cuando ella notaba a su sirvienta intentando controlar su temblorosa voz. Ana apartó los ojos, pretendiendo no ver las lágrimas. En su lugar sacó el libro que había traído de su modesto equipaje. Ella no estaba de humor para hablar, y leer le ayudaría a suprimir sus complicados sentimientos. Ella iría al Gran Ducado, así que estuvo insegura lo que debía empacar. Tomó un libro de pasta dura que era fácil de cargar. Si ella hubiese partido sola, habría pasado su vida enterrada en polvo de todas formas. Tan pronto como ella pasó la página, el libro se abrió ampliamente, revelando la cinta que marcaba donde ella había leído. Era el capítulo justo antes del final. Tomará una semana… Una mano indiferente apartó la cinta y la pasó a la primera página. Podría ser un largo tiempo y ella deseaba leer el final antes de llegar al norte. Empezando con las palabras del autor en la primera página. Anne leyó silenciosamente aquellas palabras. Tal vez era por el silencio, pero Anne, quien había estado leyendo sin mucha concentración, pronto cayó profundamente en el libro. De pronto elevó sus ojos en silencio y su sirvienta estaba cabeceando en una posición incómoda. Normalmente ella la hubiese retado, pero como ama debía ser misericordiosa al haberla hecho ir al norte, donde no había nadie más, así que mostró generosidad. Mientras se sumergía en su libro por un momento, el carruaje se sacudió y su cuerpo se inclinó fuertemente. Había una constante vibración como si pasaran por una carretera de grava. —Lo siento, señorita. La voz del cochero disculpándose fue escuchada desde adelante. Era evidente que habían dejado atrás las calles bien cuidadas de la capital y estaban en las afueras. —¿Mmh? Señorita, ¿está usted bien? La criada, sorprendida por la fuerte vibración, habló con voz somnolienta. Lentamente elevó la mirada que había permanecido en el libro y asintió diciendo que estaba bien. Pero, una vez que perdió la concentración no volvió a ver el libro. Empujó la cortina de la ventana la cual nunca abrió desde que salieron de la mansión. Intencionalmente, mirando afuera, ella observó un amplio campo de trigo y tomó un respiro. Creaba un espectáculo como de olas doradas antes de la cosecha. Ella se sintió un poco abrumada ante la vista que le recordaba al vasto océano. Tan pronto como terminó de verlo y estaba a punto de apartar sus ojos, una figura llamó su atención. —¿Uh? —¿Señorita? —No, hay un hombre. —¿Un hombre? Un hombre contrastaba marcadamente con la llanura, el cual brillaba como la puesta de sol. Era porque todo su cuerpo se encontraba cubierto de negro mientras permanecía en pie frente al suave dorado. —¿Dónde? ¿No hay nadie? —Justo ahí… El dedo de Anne, el cual estaba a punto de señalar el gran árbol donde estaba de pie aquel hombre, perdió su camino. Abrió sus ojos por un momento, mientras el hombre ya había desaparecido. —Obviamente estaba al lado de aquel árbol. —¿Ahí? La criada abrió sus ojos más grande y miró alrededor, girando el rostro de un lado a otro, y entonces se arrojó hacia atrás como si se hubiese dado por vencido. Ella nunca encontró aquel rostro. Aún así, la sirvienta preguntó una vez más como si pensara que Anne le había mentido. —Señorita, ¿cómo sabe que él era un hombre? —¿Qué? Ah… Anne dejó escapar un pequeño gemido y parpadeó. Si una persona podría ser vista en la calle, no habría forma de decir si era un hombre o mujer…Ella no sabía porqué decidió que era un hombre. ¿Había estado alucinando un momento? Anne dio un vistazo y abrió una vez más su libro el cual había estado cubriendo. *** Había oscurecido lo suficiente para que resultara difícil asegurar la vista, así que ellos entraron a la Aldea que había sido marcada en la ruta. Ella no quería ser extravagante, por lo que eligió un alojamiento que parecía lo suficientemente tranquilo y limpio. Anne, quien había agradecido brevemente al caballero que abrió la puerta del carruaje, lentamente descendió las escaleras para dormir, donde ella vio dos edificios de madera de dos pisos con dos su exterior cuidado. El dueño, quien no vio salir del edificio, corrió hasta ella e hizo una venia. —Oh, es un honor tener a una persona tan preciosa en un lugar tan lamentable. Él retiró su sombrero arrugándolo, llevó su mano al pecho y se inclinó. Como si él tuviese un invitado después de mucho tiempo, tenía un genuino rostro de felicidad. —Todos están agotados de un viaje tan largo, por lo que preparé un cuarto para la cantidad de personas y preparé una cena. —Señorita, debe estar agotada, entre y descanse. Me encargaré de los otros caballeros y los caballos. —Por favor. Era afortunada que un caballero tan fuerte la siguiera. Bueno eso era porque él era uno de los que la siguieron al norte. Anne comió lo suficiente para satisfacer su hambre en moderación antes de avanzar hacia el cuarto en el segundo piso. La criad dijo que podrí llevarle su medicina, pero ella alegó cansancio pidiendo fuese colocada mañana. No sentía dolor como para armar un escándalo. Más que ello, quería descansar su agotado cuerpo. El dueño deliberadamente le dio el mejor cuarto en la posada, pero Anne encontró el cuarto, abrió la puerta y miró dentro, era demasiado pequeño. Una única lámpara tenue, iluminando el piso de madera y la cama. Cada vez se movía peligrosamente, como si la luz fuese a salir, las sombras en la habitación se sacudían como si fuese una persona sospechosa. Era un cuarto que resultaba repugnante con el Condado, pero el sentimiento de dejar aquella casa era mejor que resultaba desconocido. Anne se sentó en la cama como si fuese a colapsar. —Quien diría que esto terminaría así… Ella nunca sabría qué fue lo que hizo su vida tan difícil. Había vivido toda su vida como si hubiese sido criada para ser el mejor producto para el mercado del matrimonio donde se daban calificaciones. Nunca recibió ningún cariño, incluso cuando había soportado la más dura de las disciplinas, la conclusión a la que llegó era agridulce. Ella solo pensó que se convertiría en la amante del marques y vivido una vida tan normal como otros…Anne susurró que había sido demasiado inocente. Así que, se le ocurrió una idea sin sentido. Cuando sus padres le dijeron que tenía que trabajar para la familia Libelois, ella planeó hacer exactamente lo opuesto en esa ocasión. Ann intentó empujarlos a la vergüenza. Eso podría ser un espectáculo digno de ver. Pensando en un futuro no tan distante, elevó la comisura de sus labios los cuales habían endurecido durante el viaje. Incluso cuando el clima era más frío que la capital, Anne abrió la ventana. Necesitaba algo frío que suavizara su corazón, el cual había sido derretido por el calor abrazador del resentimiento. Mientras el sonido susurrante y oxidado del viejo timbre retumbaba, Anne abrió la ventana cuidadosamente de no despertar a los demás. Debido a que el edificio estaba ubicado en la entrada de la Aldea, la vista de esta era relativamente amplia, pero no completa. El hogar de las personas viviendo en ciudades pequeñas estaba inmerso en una sombría oscuridad, pero incluso así era más pacífico. —No sería algo malo vivir en un lugar así sin tener nada en qué pensar… A pesar de que ella nunca podría pertenecer como un invitado, las palabras sentimentales brotaron. Anne sonrió tristemente ante las fugaces palabras sin sentido, y entonces guió su mirada hacia la entrada de la Aldea.