Cien años como extra

Capítulo 134

Capítulo 133 “Te dije que no estoy enojado”. Tenía las cejas fruncidas y el ceño arrugado, pero no parecía enojado. Más bien, lucía un poco soñoliento. Entonces, ¿por qué me evita? “¿Salir te resulta molesto?” “Odio los lugares llenos de gente”. “Entonces podrías haberte quedado en casa...” “No me hagas repetirlo”. Puse los ojos en blanco. Si no estaba enojado, entonces todo estaba bien. Puse las manos en mi cintura y dije: “Entonces, por favor, ven conmigo incluso si estás cansado”. Sonreí y tomé su mano. “Tengo muchas ganas de pasar un buen rato hoy”. Kaichen se estremeció y se dio la vuelta. Pensé que me quitaría las manos de encima, pero no lo hizo.Por eso me confundía que en verdad sintiera algo por mí. Su mano estaba ardiendo. El corazón me latía con fuerza. “¡Maestro! ¡Mira ese edificio! La arquitectura es tan exótica”. “¡Maestro, mira! Nunca había visto este tipo de comida antes. ¡Huele tan bien!” “¡Maestro! ¡Vamos para allá! Una multitud está reunida allí. Tal vez algo interesante está pasando”. Heulin era un lugar con vistas espectaculares. Era una ciudad cinco veces más grande que Acrab, por lo que solo pudimos ver algunos buenos lugares. La plaza occidental era una calle con el mercado más grande donde se reunían todos los comerciantes del continente.Asi que fuimos allí. En el Imperio Kalhai, Kaichen era una celebridad. No había nadie que no conociera al hombre rubio, de ojos dorados y piel bronceada que tenía el título de Archimago Dorado. Por eso Kaichen siempre se disfrazaba cuando salía. Pero su disfraz era tan descuidado. Solo había modificado el color de sus ojos y el cabello. ¿No debiste haberte cubierto la cara? Me pregunté. Todas las personas con las que nos cruzamos se giraban y lo miraban fijamente. Algunos nos siguieron tenazmente. Su deslumbrante apariencia era aún más llamativa cuando la gente no sabía que él era el Archimago. Después de caminar un rato, le pregunté: “Maestro, sabes que la gente te está mirando, ¿verdad?”. Y después “¿También sabes que te ves guapo?” me aventuré a decir. “No hables y come tu almuerzo”. Comí pan y salchichas que había comprado un momento antes en uno de los puestos. Me llevó a una esquina para que la gente no chocara conmigo. Ya me dolían las piernas de caminar todo el día, así que lo seguí obedientemente y me agaché en un rincón. Noté que incluso más personas lo miraban. “Mira, maestro todo el mundo te está viendo”. "Solo come”. “No creo que fuera así en Acrab…” “Te dije que comiera”. “Definitivamente pareces estar disfrutando de la atención”. “Dalia”, suspiró. “Estoy comiendo… estoy comiendo” Le di un gran mordisco al pan solo para probarlo. Ciertamente así no era en Acrab. La única diferencia era que, aquí, había cambiado el color de su cabello y el color de sus ojos. Y, sin embargo, las mujeres lo miraban. Pensé que su título era lo que hacía que la gente le prestara atención. Pero aquí no era el caso… Esas miradas parecen codiciarlo... Sentí como si la comida hirviera en mi estómago. Había tantos extranjeros en este lugar. El ambiente aquí parecía más libre pero también bastante descarado con todos esos extranjeros. No importaba cuánto ignorara Kaichen su entorno, en realidad podría no ser del todo ajeno a la cantidad de personas que querían estar con él. Él no está disfrutando esto, ¿verdad? herví. Sospechaba incluso de él, que había pasado su vida recluido y evitado a las mujeres. Mi corazón superficial latía con oscuros celos. Sentí que el pan se me pegaba a la garganta. “Maestro, ¿eras tan popular cuando yo no estaba allí?” "¿Qué estás tratando de decir?" “Solo… sabía que serías popular, pero esto es…” "¿Es…?" "No, es solo... bueno, quiero decir..." "¿Qué? Dime." "Tengo miedo de perder", murmuré. Los celos se convirtieron en un gemido y llegaron hasta Kaichen sin lugar a donde ir. Me sentí patética. Estaba celosa, pero ni siquiera podía coquetear con él abiertamente porque tenía miedo de perder el frágil vínculo maestro-discípulo que teníamos. Mientras murmuraba mis inseguridades, Kaichen simplemente sonrió. “¿Y qué vas a hacer si ganas?” Kaichen sonrió. Me enfurruñé sentada en el suelo. No quería perder contra alguien más. Si tal vez algún día me presentaba alguien que le guste, no podría simplemente felicitarlo por ello. Pero tampoco podría competir con todas estas mujeres brillantes. Hasta amanecía, había imaginado que tal vez también le podría gustar. Pero eso era todo lo que había en mi 'imaginación'. Kaichen nunca me había dado una señal de que le gustara. Quizá aparezca una mujer bonita y me lo robe. Traducción: Railyn