Cien años como extra

Capítulo 15

Capítulo 15 El territorio Acrab quedó atrapado en la magia del tiempo, y yo fui la única que estuvo al tanto de todo lo que sucedía. Aunque no tenía los recuerdos de Dalia y no sabía nada de su vida, aún estaba en su cuerpo. Y era importante para Kaichen estar en contacto con el médium para estudiar la magia. Sabía que simplemente no podía hacerme a un lado. Decidí presionar más. "Si haces eso, cooperaré sin importar lo que pidas". Él no respondió. "Por favor." Quería escucharme asertiva, pero mis palabras finales sonaron como una súplica. Decidí no estropear mi plan antes de que comenzara. Necesitaba sonar determinada. Incluso si después Kaichen me trataba negativamente, no me importaría. No tenía elección. Tenía que salir de Acrab, no quería enfrentarme a las personas que vivían aquí más tiempo del necesario. Mis ojos, que habían estado bien, comenzaron a palpitar y a dolerme de nuevo. Bajé la cabeza a toda prisa para que Kaichen no pudiera verlo y presioné las palmas contra mis párpados. Sentí como si mis palpitantes ojos se me salieran de las órbitas. El cuerpo me tembló como si algún terrible recuerdo estuviera tratando de inundar mi mente. La incomodidad hacia Kaichen y el miedo y ansiedad de los recuerdos combinados, hicieron que mi cuerpo temblara aún más por lo que algún espectador no tendría dudas de que en realidad, estaba aterrorizada. "Nos iremos mañana", dijo Kaichen en voz baja y observó el notable temblor. Luego se levantó y se fue. El mero hecho de estar en Acrab me impedía pensar con calma. Fingí estar serena y sonreí; ayudé a Ángel, curé a Mickey y bromeé con Lars como si nada estuviera mal. Solo me estaba distrayendo, para tranquilizarme. Todavía… no estoy lista. Le había dicho en broma a Kaichen que habían pasado cien años. Pero en realidad, deseaba poder olvidar el tiempo transcurrido. No podía hacer eso, así que tuve que prepararme. Si debo enfrentarme sinceramente a la gente de Acrab sin sentirme culpable, tenía que hacer esto. ¿Qué podría hacer para olvidar todo? Mis ojos seguían palpitando como si fueran a caerse, pero me había acostumbrado tanto al dolor que ni siquiera dejé escapar un gemido. *** Tuve un sueño. Aún seguía atrapada en la magia del tiempo. El lugar era la casa de Mimi que vi en la mañana. Allí, le di a Mickey la medicina que yo misma había hecho tal como lo había hecho en la realidad. "¡Cof! ¡Puaj!" "¡Mickey!" Mimi gritó mientras Mickey se sacudía y temblaba. Sus ojos rodaron hacia atrás poniéndose en blanco. Bajé la cabeza mientras miraba la sangre goteando de entre sus labios. El cuerpo que se había convulsionado de dolor se quedó inmóvil. “¡Mickey! ¡Mickey! gritó Mimí. No podía apartar la mirada del cuerpo inerte de Mickey. Sus ojos, pesados y hundidos y sin vida. Su pálida piel tenía un tinte azulado. La medicina no había funcionado. Mickey había muerto después de tomar la medicina. "¿Qué hicimos mal? ¿Por qué... ?¿Por qué estás haciendo esto? Mimi había soportado tanto. Desde que la echaron de la mansión hasta que la estafaron con la indemnización por despido, no había perdido la esperanza y había cuidado a su hermano enfermo. Había visto con impotencia cómo la medicina le provocaba convulsiones y luego la muerte. Mimi me miró con ojos llenos de acusación. Negué con la cabeza. “Sólo quería salvarlo”. "¡Cállese! ¡Cállese! ¡Está muerto! ¡Lo mató! ¡Asesina! Tenía muchas ganas de salvarlo. Mimi agarró mi ropa y me abofeteó de lleno en la cara. No me dolió tanto como me dolió la muerte de Mickey. No sentí las bofetadas y los puñetazos. Salí corriendo de la casa. Los ojos de las personas que me saludaron mientras corría estaban llenos de desprecio. Probablemente habían escuchado los gritos de Mimi. No deberías haber hecho nada. ¿Por qué apareciste de repente...? “¿Qué esperas de una ebria?” “¡Ains, para dónde va el mundo! No puedo creer que haya desperdiciado la vida de un niño…” Quería decirles que estaban equivocados. Quería gritarles que había estudiado y hecho medicina. Se suponía que iba a salvar su vida, no a matarlo. "Yo... yo...", tartamudeé con mis palabras. No podía pronunciar una palabra. Era escalofriante soportar la mirada de la gente que solo me tenía odio. No tuve más remedio que volver corriendo a mi destartalada y deprimente mansión. Me acurruqué en la cama y me tapé con la manta. Cerré los ojos y me tapé los oídos. Los gritos de Mimi reverberaban en mi mente. Los gemidos de dolor de Mickey seguían resonando en mis oídos. Yo no lo maté. Yo no lo maté. No… no. Fue entonces cuando comprendí lo irresponsable que había sido. Tomé todo a la ligera. Pensé que estaría bien darle la medicina porque estábamos atrapados en la magia del tiempo, así que incluso si la medicina no funcionaba, Mickey estaría vivo y bien mañana. Incluso si Mimi pareciera querer matarme en este momento, me daría la bienvenida nuevamente mañana porque olvidaría todo lo que sucedió ese día. Porque los días se repetían.