
Cien años como extra
Capítulo 234
Capítulo 233 “Así que esta extraña sustancia violeta en el cuerpo de Yanghwa era opio. Ah, pero el Maestro ha ido a comprobarlo de nuevo, así que tal vez no lo sea…” “¿Crees que ese tipo de droga sea opio?” Hamal seguía haciéndome preguntas. No estaba segura de por qué me interrogaba. No era como si estuviéramos jugando un juego de acertijos o 20 preguntas. Pero él persistía, como si ya supiera la respuesta y sólo me estaba poniendo a prueba. Hice lo mejor que pude para examinar la sustancia violeta en el capullo. Me provocaba una sensación repugnante y escalofrío, como si la contaminación estuviera manchando la magia curativa. Kaichen había sentido algo similar antes y lo había descrito como la cosa más sucia que jamás podría olvidar. El poder mágico que rodeaba la sustancia púrpura le hizo recordar el círculo mágico que le impidió usar magia en el norte. "¿Podría ser esto algún tipo de magia?" Pregunté, esperando obtener algo de claridad por parte de Hamal. Hamal asintió amablemente, e incluso para mí que no lo conocía bien, pude ver fácilmente que estaba de acuerdo. Fruncí el ceño y me di cuenta de que si era magia púrpura, pertenecía al mago bajo las órdenes de la princesa Akshetra, quienes apuntaba a Kaichen. Era un hechicero desconocido, un mago oscuro que tenía habilidades mágicas similares a las de Kaichen y conocía todo tipo de magia terrible. Se me ocurrió pensar que la información sobre el lacayo de Akshetra no era suficiente. “¿Es posible confundir la magia con el opio? Si no... ¿Es porque se mezcló magia al fabricar el opio? "..." “¿Podrá Yanghwa recuperarse?” "Podrá hacerlo". Hamal no respondió a la primera pregunta, pero si sobre su recuperación. Al mirar el capullo, que ahora estaba cubierto en dos tercios de magia púrpura, me mordí el labio. Mi conocimiento era limitado y había demasiadas cosas que no sabía. A veces sólo hacía conjeturas inciertas y no predecía nada correctamente. "Parece que has perdido todos tus viejos recuerdos", dijo Hamal. De repente me sentí nerviosa. “Ah… sí, lo siento. El recuerdo de haber conocido al gran sabio… parece que lo he perdido”. “Puedes llamarme simplemente Hamal. Solías llamarme abuelo”. “Gra… l-lo siento”. “¡Hoho! ¿No eras muy joven? Fue en un momento en el que ni siquiera sabías quién era yo”. Lo conocí sin saber su identidad. ¿Qué tipo de historia tuvimos? Tenía curiosidad, pero me daba vergüenza preguntar, así que solo sonreí torpemente y no dije nada más. Siguió un momento de silencio y esta vez Hamal habló primero. “Acerca de Kaichen. ¿Qué te gustaría hacer... con ese niño?” Me preguntó Hamal. Me quedé pasmada ante la pregunta. "¿Eh?" “¿No tomaste su mano porque había algo que querías hacer?” “Kaichen era un niño inocente. Creció estudiando magia en la Torre del Mago siendo ajeno al mundo y menos aún a las personas. Siempre estuve preocupado por eso”. "..." “Me di cuenta inmediatamente de que ya no es el niño que cuidaba. Los niños crecen. Igual que tú. No entendí de inmediato lo que decía Hamal. Él era algo así como un hombre sabio, un maestro o algo en un mundo de fantasía, que usaba palabras simples pero te hacía reflexionar sobre el significado oculto en ellas. “Entonces, sentí curiosidad. ¿Qué querías hacer con Kaichen, ya que estaban tomados de la mano? —presionó Hamal. Recuerdo haber tomado de la mano a Kaichen la primera vez que nos conocimos. No fue un gesto físico, sino más bien un símbolo de nuestra conexión. Normalmente, habría bromeado al respecto, pero por alguna razón, sentí que si no respondía esta pregunta en serio, se llevarían a Kaichen. Suspiré, sintiéndome un poco molesta por tener que explicarle a Hamal, pero sabía que le debía una respuesta. Era el maestro de Kaichen, el gran sabio y el señor de la torre. Después de todo, era como el padre de Kaichen. “¿Sabes dónde se esconde el Maestro? Yo la llamo la Casa del Sauce”. "..." “Por ahora me quedaré aquí porque tengo trabajo que hacer, pero quiero vivir en la Casa del Sauce con el Maestro. Viviré feliz con él hasta que mi cabello se vuelva blanco y mi piel se llene de arrugas”. "..." “Quiero hacer eso, por eso tomé la mano del Maestro. Quiero vivir feliz. El Maestro es esencial para mi felicidad”. Sonreí y respondí con confianza. Era vergonzoso admitirlo, pero era verdad. “¿Kaichen siente lo mismo?” "No lo sé. Aún no he hablado apropiadamente con él. Aun así... creo que permaneceremos juntos”. Traducción: Railyn