Cien años como extra

Capítulo 47

Capítulo 47 Eres muy frívola. ¿Lo sabes? "¡Oh, mi…! ¡Claro que lo sé!" Cuando le guiñé un ojo y me reí, Kaichen frunció el ceño, torció los labios y se dio la vuelta. Me reí más fuerte a su espalda. Es tan adorable. Entonces me apresuré y lo seguí con pasos enérgicos. * * * Kaichen miró a Dalia mientras compraba vegetales con una cara muy seria. Ella era su objeto de observación y estudio. La encontró fascinante. Sufrió severamente de síntomas de alcoholismo, pero una vez que recuperó los sentidos, se maravillaba como una niña juguetona. Fue diferente cuando estuvo enferma. Siempre era muy meticulosa en todo lo que hacía, pero una vez que los síntomas la afectaron, comenzó a alucinar y murmurar cosas. "Yo... soy una asesina..." "Se verá feo, feo... yo... no, no..." “No puedo mostrarlo… Oh, no… Yo… lo siento… Lo siento. Lamento haberte matado…” Al principio Kaichen no entendió nada. Siempre estaba alerta para evitar que se hiciera daño. Dalia siempre se veía como si tuviera un dolor inmenso. La mayoría de las veces no estaba al tanto de sus episodios, y eso dolía en algún lugar profundo del corazón de Kaichen. Era una emoción indescriptible. Kaichen la cuidó toda la noche y la vio sufrir alucinaciones y dolor. Incluso cuando él se preocupaba por ella, Dalia le pedía perdón repetidamente. Había estado atrapada en el bucle durante cien años. Kaichen revisó los ingredientes de la receta del antídoto que le había dado y de alguna manera fue capaz de averiguar qué pudo haberle pasado. Dalia no había escapado ilesa de la magia del tiempo. Lo que sentí en ese momento… ¿ella se sintió así todo el tiempo? Cuando Kaichen atravesó la barrera en Acrab, sintió que lo invadía una abrumadora sensación de dolor, pérdida y soledad. No tenía intención de simpatizar con la mujer frente a él, pero cada vez que Dalia le sonreía, su pecho se contraía de dolor. “Maestro, ¿esto se ve fresco?” Dalia sonrió. "Oh, no importa ya que no comes zanahorias". “¿Quién no comerá?” "Estoy segura de que… ¿te gustan las zanahorias...?" “Simplemente no son de mi preferencia”. "Eso es lo que significa 'no me gusta'". Dalia se burló. Kaichen sonrió ante eso, sacudiendo la cabeza. Dalia siempre tenía una réplica lista y nunca dudaba en arrojársela. Sus ojos oscuros hacían imposible adivinar lo que estaba pensando en ese momento. Su cabello largo, que estaba atado en una cola de caballo, y su piel pálida... Kaichen no quería verla sufrir. Su resentimiento de la infancia permanecía, pero esta mujer era diferente a la que había conocido en el pasado. Debo estar volviéndome loco, pensó Kaichen. Ella afirmó que olvidó sus recuerdos debido a la influencia de la magia. ¿Será posible? ¿La gente olvida sus recuerdos si viven cien años? Se preguntó Kaichen. También notó que la gente del pueblo conocía y saludaba a Dalia como si fuera de ahí. Era extraño verla así. Tan diferente de la versión infantil que había conocido. Hablaba con los comerciantes, los aldeanos, la gente común como si pensara que era amiga de ellos. Estaba más familiarizada con ellos que Kaichen, quien había vivido cerca del pueblo toda su vida. Si ella fuera la misma persona de su pasado, esto habría sido imposible. "¡Dalia!" dijo la vendedora de frutas, “¡Qué bueno verte! ¿Dónde habías estado? Ha pasado bastante rato. ¡Oh mi…! ¿Qué sucedió? Te ves tan pálida. ¿Te enfermaste?" “Señora, ¿parezco tan enferma? En realidad, estuve enferma los últimos días. No sabe cuánto ansiaba las frutas que vende. "¡Oh, no! Cosita linda. Toma esto”, dijo la vendedora, entregándole a Dalia una bolsa de frutas, “Come esto y recupera tus fuerzas. ¡A tu edad deberías estar saludable!” Kaichen miró a la vendedora, con quien Dalia hablaba tan casualmente. Parecía que podría haber vivido en el pueblo durante unos 20 años. "¡Gracias!" dijo Dalia. “Estoy segura de que esto ayudará mucho. ¿Le importaría empacarme una caja de manzanas verdes? “Para nada... ¿Algo más que quieras que empaque? “Solo las manzanas verdes. Son las favoritos de mi maestro”. Como había hecho antes, le guiñó un ojo a la vendedora, como si compartieran una broma interna. Luego señaló a Kaichen parado un poco lejos. “¡Hoy vine con mi maestro! ¿Puede verlo? Es tan tímido, así que no actúe como si lo conociera, ¿de acuerdo? “¿Ese es el maestro del que has presumido todo este tiempo? Hm... no se ve tan bien como lo has descrito. ¿Y por qué está tapado con un clima como este? La vendedora le dirigió una mirada sospechosa. Kaichen miró a Dalia con asombro. Dalia solo se rió a carcajadas y no dio más detalles. Kaichen se bajó la capucha, molesto. Por lo general, Kaichen alteraba su apariencia cuando llegaba a la aldea. Pero hoy, había estado apurado. Debatió si debía cambiar su apariencia, pero el daño ya estaba hecho. Miró a Dalia, que hablaba animadamente con los vendedores. ¡Ni siquiera la he aceptado como mi discípulo oficial, y ya les está diciendo a todos que es mi alumna! Dalia era muy atrevida y descarada. Así es como la vio. "Jamás pensé que ibas a ser tan influenciado por ella". "¿Quién está siendo influenciado?" “Es tan claro como el día, mi amigo. Hasta los ciegos podrían verlo. Tú. Kaichen Tenebre, tú.” Julius había llegado en silencio. Puso una mano en el hombro de Kaichen con fingida solemnidad. "Así que, ¿fue Momalhout quien la envenenó?" [Traducción: Railyn]