
Decidí no amarte desde hoy
Capítulo 1
Capítulo 1 *** Debajo del alto techo decorado con cristales, está una mesa larga. En el centro de la larga mesa estaba un hermoso candelabro con una llama que se agitaba y al extremo dos personas estaban sentadas. En un lado está Scholfen, el Emperador del Imperio Gauha y en el otro, la Emperatriz Shiarie. En el espacio en dónde estaban los dos solo se escuchaba el sonido de platos y cubiertos chocando junto a una extraña tensión. Shiarie detuvo sus manos, las cuáles estaban ocupadas cortando su comida. Luego, dejó el tenedor y el cuchillo dejando escapar un suspiro uniforme. Sus párpados, que temblaban al mismo tiempo que dejaba escapar ese suspiro, pronto encontraron su lugar. Su mirada se levantó con dificultad y se dirigió hacía el otro lado mostrando las emociones que parecía habían desaparecido. Entonces, dijo con voz tranquila… —Su Majestad… Scholfen miró a Shiarie con una expresión que no se conmovió ante su llamado. Su expresión tranquila parecía revelar sus sentimientos vacíos. Sin perder de vista los ojos del Emperador, Shiarie volvió a pronunciar unas palabras. —¿Me ama su Majestad? Scholfen dejó escapar un profundo suspiro mezclado con una leve carcajada. Dejó caer el cuchillo que sostenía y el cubierto arrojado sobre la mesa de mármol hizo un sonido claro. —Emperatriz… ¿Por qué hace siempre la misma pregunta durante la comida? Un destello de tristeza pasó por los ojos de Shiarie por un momento. Scholfen arqueó una ceja y enseguida dijo… —La Emperatriz debería saberlo mejor que yo. Mi respuesta sigue siendo la misma. Cada palabra que salía de su boca era demasiado aguda. —La Emperatriz parece estar cansada de la misma respuesta. Pero yo estoy terriblemente harto de que ponga una expresión de dolor cada vez que respondo. —Porque podría cambiar de opinión… Shiarie, quien respondió brevemente, movió su mirada para ocultar sus ojos temblorosos. Scholfen se rió cómo si encontrara ridícula su respuesta y colocó sus manos encima de la mesa. —Entonces… ¿La Emperatriz me ama? La respuesta era obvia. Porque siempre era la misma. Desde el día en que se convirtió en Emperatriz y hasta el día de hoy… Dos años después. Shiarie siempre hacía la misma pregunta a la misma hora. Y la respuesta de Scholfen a la pregunta de que si la amaba también era la misma. —No te amo… Al final de su fría respuesta, siempre estaba su confesión de amor. —Sin embargo… Yo si amo a su Majestad… Esas palabras siempre se repetían y eran las palabras que Scholfen siempre escuchaba. Era algo que Shiarie, quien bebió la poción del juramento, no tenía más remedio que decir. Y Scholfen siempre esperaba las siguientes palabras. Pero la boca de Shiarie no se movió, parecía cómo si estuviera rígida. Él frunció el ceño ante su comportamiento inusual y Scholfen quien no soportó su silencio la llamó… —Emperatriz. Ella sonrió con amargura y dijo —Es un nombre que me pidieron que llamara, pero no me llama ni una sola vez. Scholfen negó con la cabeza, cómo si no le gustara la respuesta mientras se desviaba de la pregunta. —¿Qué? Una ráfaga de viento sopló a través del cabello negro de Shiarie. Y cómo si estuviera decidida, levantó la cabeza y lo miró. —Su Majestad. Sus ojos oscuros la miraron fijamente. La mirada fija y profunda de Shiarie parecía que succionaría los ojos del emperador y Shiarie dijo… —He decidido no amarte desde hoy… *** Cassoulos, que estaba a cargo de la administración general del Imperio Gauha, se movía con impaciencia. El lugar al que se dirigía era la oficina del Emperador del Imperio, Scholfen. Abrió la puerta de la oficina con un rostro lleno de preocupación. Scholfen estaba revisando una gran pila de documentos, mientras sostenía una pluma. Ojos sumamente oscuros, cejas gruesas, puente nasal afilado y labios que tenían un tono rojizo un poco leve. Rasgos dignos de una belleza que difícilmente se podría encontrar, sin mencionar su cabello negro brillante. Además, estaban sus hombros y músculos bien proporcionados, que podrían apreciarse por encima de su ropa, aún cuando su cuerpo estaba totalmente cubierto. Independientemente de su personalidad fría y rígida… Su cuerpo bien proporcionado, alta estatura y excelente apariencia eran suficientes para ganarse el favor de las mujeres de las familias nobles. Sus ojos agudos y la línea de la mandíbula ayudaban a que pareciera feroz, pero al mismo tiempo se viera sumamente atractivo. Si Scholfen no hubiera sido el emperador, no sería sorpresivo decir que ya habría tenido innumerables conversaciones de matrimonio de damas nobles que se habrían enamorado de él. Su rostro era similar al de una estatua, miraba los documentos sin moverse. —Su Majestad. Scholfen respondió sin levantar el rostro. —Estoy escuchando. Largas arrugas se formaron en toda la frente de Cassoulos. —Dentro de unos días se llevará a cabo otro gran banquete. No puede ir a otro sin acompañante. Scholfen levantó lentamente la cabeza. —¿Ya es momento de otro gran banquete? Es agotador. ¿Cómo puede pasar otro medio año tan rápido? En el Imperio Gauha, se celebraba un gran banquete una vez cada seis meses. Básicamente, este evento era dirigido por la Emperatriz. Por lo que si el Emperador no se había casado aún, el gran banquete solía ser organizado por uno de sus asistentes para orar por el matrimonio del Emperador. Los gastos de quienes trabajaban y de todo lo que se necesitaba, era cubierto por los impuestos y los bienes de la Familia Imperial y un festival se celebraba periódicamente hasta el matrimonio del Emperador. Si el emperador se casaba y finalmente había una Emperatriz, solo se utilizaban los bienes de la Familia Imperial. Debido a esta tradición, el emperador se tenía que casar antes de cumplir 30 años. Y eso era para evitar el desperdicio del tesoro del Imperio causado por la celebración. Scholfen manejaba a la perfección los asuntos administrativos y el esgrima, pero de alguna manera él seguía retrasando el matrimonio. —Majestad, si se pierde este banquete, tendrá que esperar otro medio año. No puede posponer su matrimonio por más tiempo. Las canas de Cassoulos parecían estar más grises. Eso indicaba lo duro que había trabajado hasta ahora. Scholfen dejó escapar un suspiro superficial y habló con voz tranquila. —¿Hay alguna mujer que haya sido propuesta por el Consejo? —La mayoría de las damas son recomendadas por el Duque Tedler… Y antes de que Cassoulos pudiera terminar la oración, la pluma de Scholfen golpeó el escritorio con violencia. Mordió su labio inferior y arqueó una de sus cejas. —No hay lugar en el palacio Imperial al que el Duque Tedler no pueda llegar si eso sucede. —Pero si su Majestad no procede con el matrimonio, sería como tener una severa mancha que le agradaría mucho al Duque Tedler. Scholfen levantó una de sus grandes manos y cepilló su cabello hacia atrás. —Para comprobar su amplia influencia, necesitamos encontrar a alguien que nunca haya estado involucrado en esta lucha. —Pero aquellos que se mantienen neutrales porque no quieren involucrarse en una lucha de poder, no querrán enviar a sus hijas. —No pueden evitarlo. —¡Su Majestad! —Prefiero ser rechazado abiertamente. Sería peor no poder casarse por esa razón. Los ministros estarán ocupados unos meses más y no prestarán tanta atención. Envía una propuesta de matrimonio al Duque Decamel. ¡De inmediato! —¡Cómo ordene! Scholfen se recostó en su silla con cansancio. Y un profundo suspiro se filtró ante la idea de que todo se estaba volviendo problemático. Después de salir de la oficina, Cassoulos se dirigió a dónde se guardaban las joyas de la Familia Imperial. A Scholfen no le interesaba nada que tuviera que ver con el matrimonio, por lo que tenía que asumir el papel de un asistente ignorante algunas veces. —Simplemente me dijo lo de la propuesta. Pero no me dijo que no podía enviar regalos. Sus ojos brillantes mostraban una fuerte voluntad de hacer que ese matrimonio se llevara a cabo. De acuerdo con la etiqueta imperial, tomó la cantidad máxima de joyas que podían utilizarse para una propuesta de matrimonio y pronto encabezó una delegación hacía la residencia del Duque Decamel. *** —He recibido órdenes de su majestad. Reciba este sobre dorado, esperando que pueda compartirlo con la señorita Shiarie. Decamel, que predijo el contenido de la carta, saludó a Cassoulos con una expresión dura. Ambos se dirigieron al salón de recepción, el cuál estaba lleno de lujosas baratijas. Cassoulos se sentó con una expresión nerviosa en su rostro, mientras sostenía el sobre dorado que representaba al Emperador. —Duque Decamel… Su majestad el Emperador le ha enviado una propuesta para contraer matrimonio con su hija, la señorita Shiarie. Shiarie, que estaba sentada al lado del Duque, miró el sobre que tenía plasmado el sello imperial. Y Decamel abrió la boca sin dudar. —No deseo quedar atrapado en una lucha de poder, así que me mantuve neutral. ¿Cómo podría enviar ahora a mi hija a la Familia Imperial? —Por favor. Piénselo de nuevo. A pesar de la solicitud sincera de Cassoulos, su voz se mantuvo firme. —Incluso si lo pienso mil veces más, mi corazón no cambiará. —Duque, todavía hay tiempo… Y de pronto… Una voz suave y delicada resonó entre las gruesas voces. —Lo haré. Shiarie que había hecho una tremenda declaración… Tenía un rostro tranquilo y una sonrisa sutil. Decamel bajó la voz y la llamó por su nombre. —Shiarie… Aún así, ella no se dio por vencida. —Acepto el matrimonio padre. Y mientras observaba la situación, el rostro de Cassoulos se puso rojo. *** Traducción: Hisa