
El desenlace de un divorcio inconcluso
Capítulo 14
Capítulo 14. La invitación al baile Una brisa primaveral sopló perezosamente. El viento suave, en contraste con la atmósfera electrizante de la cancha de tenis, agitó el abundante cabello de Olivia. El punto de partido de Olivia Blanchet. Regulando su respiración acelerada, la mujer pisó con fuerza el césped con sus pequeños pies y se inclinó hacia adelante. Sin dudar, lanzó la pelota al aire y saltó hacia el cielo. Algunos mechones de cabello castaño se pegaron a sus mejillas sonrojadas y a su delicado cuello, brillando. La blusa, estirada por el brazo extendido, dejó al descubierto un destello de piel blanca. Edgar, con la mirada fija en sus esbeltas pantorrillas y finos tobillos bajo la falda inflada por el viento, se detuvo en seco. ¡Paf! Con un grito, golpeó la pelota hacia abajo. Edgar volvió en sí, pero la bola, tras cruzar la red, golpeó cerca de sus pies y rodó. Olivia celebró. Con el puño apretado, soltó un grito de alegría. "¿Un... gorila?" Los juerguistas, sentados en el banco y observando el partido con las manos sudorosas, dejaron escapar un comentario sin pensar. ¿De dónde sacan eso? Edgar, inmóvil, soltó una risita al ver a la mujer reír con claridad. Las gotas de sudor en su frente redondeada brillaban bajo la luz del sol matinal. La observó por un largo rato. Caminó hacia la red. Olivia también se acercó. "Gané." Con la red entre ellos, Edgar sonrió y extendió la mano. "Sí, yo gané." Sin dudar, Olivia tomó su mano. Su voz, entre jadeos, tenía un toque dulce, indistinguible si era su aliento o el aroma de las flores. "Felicitaciones." La nuez de Edgar se movió lentamente. Entre los botones abiertos de la blusa, el valle de su pecho pálido subía y bajaba con su respiración. Una brisa sopló, trayendo un sutil aroma a jabón de rosas. "Entonces, ¿cuál es tu deseo?" Con esfuerzo, levantó la mirada hacia el hermoso rostro de la mujer. "Lo pensaré. ¿Está bien?" "Como quieras." Tras la radiante sonrisa de la mujer, la fuente central lanzó un chorro de agua con espuma blanca. Era una derrota que, curiosamente, se sentía gratificante. *** Tras el intenso ejercicio, la frescura de una bebida fría llenó a Olivia de una pequeña felicidad. Embriagada por la victoria, mientras tomaba un café helado y se sumergía en la despreocupación de una vida sin problemas, una voz la interrumpió. "Debes responsabilizarte por mí, señorita Blanchet." Olivia estalló en risas ante lo absurdo de la frase. El café estaba tranquilo en una tarde de día laborable. La melodía de un piano, mezclada con el sonido de la lluvia, creaba una armonía melancólica, como pétalos cayendo en una tormenta. "Lo digo en serio. Vamos juntas al Baile de las Rosas." Con una expresión decidida, Elaine parecía no aceptar un no por respuesta. Tras el partido de tenis, Olivia y Elaine salieron a recorrer el centro de Litton. Las calles, llenas de grandes almacenes, teatros lujosos y tiendas de alta gama, estaban abarrotadas de turistas disfrutando de las compras. Elaine, que había salido a buscar accesorios para el cabello para el baile organizado por el Hotel Lancelot, preguntó si Olivia asistiría, y la conversación continuó incluso en el café al que entraron para resguardarse de la lluvia repentina. "Ya dije que no asistiré." Olivia, tomando con un tenedor una fresa grande sobre un montículo de crema blanca, respondió. "No importa, solo necesitas una invitación para entrar." "No tengo un vestido." "¿No me digas que lo dejaste todo atrás?" "Sí." "Qué desperdicio..." Elaine murmuró con un suspiro, pero volvió a mirarla con determinación. "Entiendo tu situación, señorita Blanchet, pero debes venir conmigo. Por tu culpa, no tengo con quién ir." Elaine enfatizó la última frase, hablando con claridad. Para ella, esta podría ser su última oportunidad. Había disfrutado de una vida lujosa gracias a su esposo, y decidir separarse significaba renunciar a ese estilo de vida. Claro, si lograba una indemnización tan cuantiosa como la de Olivia, sería diferente, pero probablemente no había hombre en Rondos que pagara más que el duque Johann Leopold. "Lo pensaré." Olivia sonrió débilmente y giró la cabeza hacia la ventana. Bajo un cielo gris azulado, la lluvia caía como miles de agujas, estrellándose contra el pavimento y rompiéndose. Un baile... No le entusiasmaba, pero no podía ignorar a Elaine, que estaba siendo excluida por su grupo por su causa. Si tan solo hubiera controlado sus emociones ese día. No debió mencionar lo del collar. Olivia suspiró en silencio. La lluvia golpeaba el cristal con más fuerza. Ese día también llovía. El sonido ensordecedor de la lluvia trajo de vuelta un momento de pesadilla. Había sido un día muy esperado, pero todo salió mal. Fue el día en que, asignada a la unidad de crímenes violentos, salió en su primera misión con su superior. También fue el comienzo de un monzón temprano, con una lluvia torrencial. La tragedia llegó como un aguacero sin previo aviso. "¡Cuidado, jefe!" Entre las líneas plateadas de lluvia que brillaban en la oscuridad, un destello afilado apareció. El cuerpo de Ji-an se lanzó hacia adelante. La hoja afilada del criminal atravesó los músculos de su abdomen en un instante. No pudo ni gritar. Parecía haber perdido la conciencia por un momento. "¡Han Jian! ¡Han Jian!" Él gritó. Las gotas de lluvia en sus mejillas ya no se sentían frías. Quería sentir un poco más el calor del hombre que amaba, pero no sentía nada. Solo su oído captó su voz hasta el final, junto con el sonido lejano de sirenas. Te amo. Nunca había dicho esas palabras en voz alta, pero en su último momento, movió los labios para pronunciarlas. ¿Habrían llegado a él? Quería saberlo, pero no había forma de confirmarlo. Esa fue su última misión. Murió protegiendo a su sunbae. Y ahora, estaba sola en un mundo separado de él. ¿Estarás bien? Olivia miró por la ventana en silencio. Elaine observó a Olivia, que miraba algún punto más allá del cristal. En su aparente serenidad, se percibía una tristeza indescriptible. Sabía que invitar a alguien rechazada por la alta sociedad a un baile podía ser cruel. "Haga de este un baile especial con la señorita Blanchet." Eso decía la carta que le entregó el gerente del hotel, acompañada de un cheque. No había remitente en la carta, y el cheque tenía una firma desconocida garabateada, pero Elaine lo supo instintivamente. Edgar Langaster Lancelot. Si no hubiera presenciado la escena en la cancha de tenis esa mañana, nunca habría pensado en ese nombre. De todos modos, planeaba ir con Olivia, así que no había razón para rechazar un diamante caído en la calle. Más aún, si se divorciaba de su esposo, cada centavo contaría. Aunque las intenciones del marqués eran sospechosas, Elaine no era precisamente una santa. Pero tampoco una villana. Que un hombre soltero se interesara por una hermosa mujer divorciada era perfectamente normal, ¿no? Eso decidió pensar. ¿Qué podría pasar? Y Olivia Blanchet, por lo que había visto, era una persona genuinamente buena. "¿Señorita Blanchet?" "¿Sí? Oh." Olivia mostró una expresión avergonzada. "Lo siento, estaba pensando. ¿Qué dijiste?" "Podría ser la última vez. Si me divorcio, este estilo de vida será difícil." Elaine, apuñalando sin piedad la culpa de Olivia, puso una expresión melancólica. La lluvia seguía golpeando el cristal sin mostrar signos de parar. *** "¿Tiene alguna preocupación?" Anne preguntó con cautela. La señorita, que había salido de paseo con su primera amiga, parecía decaída al regresar. ¿Qué pasó? Anne sintió un escalofrío de miedo. ¿Habría ocurrido algo malo? "Creo que tendré que ir al baile." "¿De repente?" La mano de Anne se detuvo, sorprendida. "Elaine está en problemas por mi culpa." "Pero no tienes un vestido adecuado..." El Baile de las Rosas era el viernes. Hoy era miércoles, así que no había tiempo para confeccionar un vestido. Cuando dejó Great Hill, no tocó los deslumbrantes vestidos que llenaban su vestidor. Ahora lo pensaba y le parecía una lástima. Incluso había encargado vestidos de verano... "¡!" Dios mío. "Espere un momento, señorita." Mientras secaba el cabello húmedo de Olivia con una toalla, Anne corrió al aparador. Abrió el cajón superior y sacó una libreta. Con manos apresuradas, hojeó hasta encontrar una nota bajo la fecha de anteayer. [Tres vestidos de la boutique] Anne la miró fijamente por un momento. Era la fecha de entrega de los vestidos de verano que habían encargado un mes atrás. Fue un día de marzo, con un cielo gris y nieve cayendo. También el día en que la señorita cayó al lago. Mientras discutía con la secretaria, Diane Brooke, la señorita, muy enfadada, llamó al diseñador. Como siempre, antes de que Gabriel Jeanne llegara, la señorita estaba ebria, y Olivia no recordaba cuántos vestidos había encargado ni de qué tipo. "..." "Me olvidé." "¿Eh? ¿De qué?" Anne, sorprendida, miró a Olivia. Había pensado en voz alta sin querer. "Oh, olvidé el cumpleaños de mi madre." "¡Oh! Claro." Olivia sonrió, apenada. "Enviémosle un regalo, Anne." "Sí, señorita." No pudo decir la verdad. ¿Cómo se sentiría la señorita si el pasado, incluso tras el divorcio, seguía irrumpiendo como un invitado no deseado? Anne deseaba que la señorita no pensara en Johann Leopold. Amarlo la destruía. La Olivia actual, la que se había divorciado del duque, siempre sonreía, como si hubiera sido una persona feliz toda su vida. Y cuando sonreía, era aún más hermosa. Como todos los primeros amores, ese sentimiento era espontáneo e inevitable. Pero solo era eso, un primer amor. Anne rezaba para que un amor más maduro y pulido llegara a ella. En ese momento, una fresca brisa primaveral entró por la ventana abierta tras la lluvia. La libreta sobre la mesa se agitó, y una página se dio vuelta. El rostro de Anne palideció de nuevo. ────────✧✦✧──────── Traducción y Corrección: Snow Snow