El desenlace de un divorcio inconcluso

Capítulo 16

Capítulo 16. La decisión de destruir El mal tiempo había oscurecido Great Hill antes de lo habitual, dándole un aire lúgubre. Diane, que seguía con la mirada la punta de los zapatos de Johann, levantó lentamente la cabeza. Nunca le prestó atención cuando el retrato estaba colgado. Qué hombre tan extraño. Aunque, por supuesto, ese era parte del encanto del duque Johann Leopold. Sin más opción, Diane recurrió a una medida extrema. "Ese cuadro lo pintó él." ¿Quién?, pareció preguntar la ceja perfectamente arqueada de Johan. "Andreya Nikolai. El que mencioné antes." ¿El pintor que mencionó antes...? Johann frunció el ceño, mirando el lugar donde antes colgaba el retrato de Olivia. Ahora, en su lugar, el duque de Edimburgo parecía mirarlo con una expresión majestuosa, como diciendo, idiota. "Ah, ese pintor." El nombre le vino a la mente, uno de los que había pasado por alto, pensando que no importaba mientras no fuera Edgar Langaster Lancelot. Habían pasado unos tres meses desde la boda. Al ver las paredes vacías del castillo ducal de Great Hill, una familia sin historia, el príncipe heredero chasqueó la lengua y recomendó a un pintor. Dijo que era un artista talentoso, graduado con honores de la Academia Real de Arte y ganador de un gran premio en una exposición de salón. No le importaba quién fuera. Era un asunto tedioso. Así que delegó todo en Maurice. Solo recibió el informe de que se encargaron tres cuadros y que el pintor trabajaría durante cinco meses en la casa de huéspedes bajo ese contrato. Johann giró lentamente la cabeza, mirando el retrato de su padre, persiguiendo el eco de Olivia. Intentó recordar el rostro del hombre que pintó su retrato. Creía recordar que era un joven de aspecto delicado, como un caballero obsesionado con el arte. Al ver los cuadros terminados, había concluido que tenía talento. Cinco meses en la casa de huéspedes... ¡Ja! Johann soltó una risa sarcástica. No había idiota más grande que él. "Eso." Sus ojos, llenos de irritación, se posaron en el cuadro y luego se apartaron. "Quítenlo todo." Con un rostro que no revelaba ninguna emoción, Johann subió las escaleras hacia su despacho. Las hojas de una planta tropical decorativa proyectaban sombras anchas, como si intentaran atrapar sus tobillos. "Te amo." Una sensación de vacío lo invadió. El "te amo" de su esposa tal vez no era una confesión dirigida a él. Una mujer atrapada en la sucia trampa de su abuelo, vendida por dinero. Desde la perspectiva de Olivia, él no era más que un comprador que adquirió un producto defectuoso para obtener un título. No había ninguna razón para que ella lo amara. *** Poco después del alboroto por el retrato, Maurice llamó a Diane Brooke a su despacho. "Siéntese." ¿Existiría alguien capaz de ocultar completamente sus expresiones? Si lo había, probablemente sería alguien como Diane Brooke. Maurice observó a la mujer que se sentaba frente a él. No sabía si era consciente de haber cruzado la línea, pero su actitud, como si nada hubiera pasado, era descarada. Siempre le había disgustado cómo actuaba como la señora de la casa en lugar de la duquesa. "Tengo algunas cosas que confirmar, por eso la llamé." "Dígame." "Aquel día. El día del incidente en el lago." Diane miró a Maurice con una expresión de sorpresa. "¿Por qué ese día de repente?" "¿Podría detallarme su rutina de ese día, en orden cronológico?" Diane, disimulando su tensión, preguntó con calma: "No es difícil contarlo, pero es un poco repentino. ¿Pasa algo?" "Órdenes del duque." "¿El duque?" Maurice asintió. "Es extraño. ¿Por qué le interesa ahora ese día?" Mientras bajaba la mirada, como recordando el pasado, el corazón de Diane latía aceleradamente. Ante sus ojos, apareció la orilla del lago envuelta en la oscuridad. El aire se volvió pesado. La niebla húmeda cubría el lago. Olivia no lo sabía. Cuando Diane vio el anuncio de contratación de una secretaria para la familia ducal en el periódico, tomó una decisión. Destruirla. Completamente. Perfectamente. "Ese día llovió desde la mañana." Diane comenzó a relatar lentamente. "El camino estaba bloqueado por un carruaje que resbaló en la lluvia, así que llegué unos treinta minutos tarde. Fue la primera vez que llegué tarde desde que empecé a trabajar en el castillo, por eso lo recuerdo claramente. Pero fue un día normal. También para la señora." Diane continuó su relato con calma, mientras Maurice tomaba notas y la miraba de vez en cuando. "Al llegar, vi que había dos cartas para la señora. Una era un saludo de la casa del conde, y la otra no tenía remitente, así que no sé de quién era. Creo que se enojó al leer esa carta." "¿Alguna idea de quién podría ser?" "Por supuesto. Pero, por el honor de la señora, no pregunte más. Solo es una suposición mía, y mis pensamientos no son importantes, ¿verdad?" Se refería a los supuestos amantes de Olivia. Maurice, astuto, no podía no entenderlo. "Ya había pasado antes, así que no le presté especial atención." "¿Cartas sin remitente?" "Sí, un par de veces." Diane dejó caer la idea de que eran cartas de amantes despidiéndose, manipulando la situación a su favor, como siempre hacía con maestría. "Como no almorzó, subí con comida, pero parecía estar llorando. No era una imagen agradable, así que no entré y bajé." "¿Esa carta aún se conserva?" "No, la quemó." "Ya veo..." Maurice dejó la frase en el aire, con una expresión de decepción. "Estuvo en su habitación todo el tiempo. Luego me llamó y dijo que quería encargar vestidos de verano." "¿Estaba sola en la habitación?" "Estaba con una sirvienta." "¿Algo extraño?" "Era una persona con muchos altibajos emocionales, así que no noté nada particularmente extraño. Usted lo sabe, ¿no?" "¿Esa sirvienta es la que ahora acompaña a la señora?" "Sí. Se llamaba Anne, creo." "¿A qué hora llegó Madame Gabriel?" "Llegó alrededor de las tres. Escogió vestidos del catálogo, dijo que había adelgazado un poco y tomó medidas. Creo que se fue antes de las cinco." "Hmm." Maurice dejó escapar un sonido nasal, rascándose la sien con la punta de su pluma. "Y tres horas después ocurrió el incidente. Entonces, ¿qué hizo usted durante ese tiempo, señorita Brooke?" "Como dije entonces, estuve en el despacho organizando facturas y me fui a casa poco antes de las seis." "Entonces, no sabe nada de los movimientos de la señora después de eso." "Desafortunadamente. Ojalá me hubiera quedado..." Como si se culpara, Diane frunció las cejas. "Sé que normalmente se queda en el castillo cuando llueve, como hace unos días." "Por supuesto. Pero ese día tenía un asunto familiar que atender." Un breve silencio se instaló entre ellos. Maurice miraba su libreta. Cuanto más investigaba el caso, más cosas no encajaban. "¿No es extraño?" Diane, tragando en seco por dentro, preguntó con calma: "¿Qué es extraño?" "Que alguien que planea quitarse la vida encargue ropa." Para el sentido común de Maurice, eso no tenía lógica. Suponía que al duque también le había inquietado ese detalle, por eso ordenó la investigación. Y era una reacción lógica. "Supongo que después de encargar la ropa, sintió deseos de morir. Era una persona impredecible, ¿no? La exduquesa." Con un tono ligeramente sarcástico, Diane restó importancia al asunto. Claro, por eso no me gusta esta mujer, pensó Maurice, dándose cuenta de nuevo mientras continuaba con la siguiente pregunta. "Hubo una sirvienta que renunció unos días después del incidente. ¿Sabe algo de ella?" Dijeron que era una ayudante de cocina que trabajaba con la cocinera, la señora Hannah. "Se fugó, ¿no? Las sirvientas decían que estaba embarazada. Es algo común." A veces, los sirvientes se enamoraban. Normalmente, formaban familias, pero si el hombre estaba casado, algunas doncellas huían de esa manera. "Uf..." Maurice dejó escapar un largo suspiro. Había hablado con el mayordomo, la jefa de las sirvientas y ahora con la secretaria de la duquesa, pero no había obtenido nada relevante. "Puede irse." Diane se levantó. Mientras se daba la vuelta para salir, Maurice dijo: "¿Delight?" Diane se giró y lo miró. "El perfume." "Sí, es ese. ¿Cómo lo supo?" Maurice no pasó por alto el leve sobresalto de la mujer que imitaba la elegancia de una duquesa. "Yo elegí el regalo de cumpleaños de la duquesa. Recomendación de una empleada de la tienda." "El duque siempre está muy ocupado." Maurice sonrió ligeramente. Diane, con una sonrisa, se despidió y salió del despacho. Caminó por el pasillo con la espalda recta y pasos elegantes. Pero al entrar en su habitación, su rostro se enrojeció de furia. Corrió al tocador con pasos torpes, tomó la botella azul y la arrojó al cubo de basura. *** Madame Loren regresó con el vestido terminado. Era la tarde del viernes, a una hora del Baile de las Rosas, alrededor de las cinco. "¡Por Dios! ¡Yves Loren!" Elaine exclamó con una expresión de asombro. Sobre la cama, el vestido verde estaba cuidadosamente dispuesto. Los adornos en la cintura brillaban con colores iridiscentes bajo la luz del atardecer. Olivia, que había pedido un diseño simple con mínima exposición, miró el vestido con cierta incomodidad. Parecía haber habido un problema de comunicación con la diseñadora. "¿Qué esperas? ¡Póntelo o llegaremos tarde!" Elaine, ya arreglada, le hizo un gesto a Marie y a Anne. "Pero..." "¡Vamos, rápido!" Elaine, con una energía arrolladora, tomó el brazo de Olivia, que dudaba, y la entregó a Anne. Poco después, Olivia salió del vestidor. Como era de esperarse, exclamaciones de admiración resonaron por todas partes. El vestido era simplemente perfecto. Bajo la luz dorada del sol, la figura de Olivia era deslumbrante. Capítulo 16. La decisión de destruir ────────✧✦✧──────── Traducción y Corrección: Snow Snow