
El desenlace de un divorcio inconcluso
Capítulo 18
Capítulo 18. La guerra de las rosas El ambiente del baile estaba en su apogeo. Olivia y Elaine pronto se vieron rodeadas de caballeros con copas de champán en la mano. Elaine conversaba con ellos con desenvoltura, soltando risas de vez en cuando, mientras Olivia se limitaba a escuchar con atención, ofreciendo una sonrisa ocasional. Justo cuando los caballeros, tras guardar las formas, empezaban a mostrar curiosidad por la exesposa del duque Johann Leopold, la música de fondo cambió a un vals. Elaine se fue a bailar con el hombre con quien charlaba. "¿Me concede esta pieza?" "Debería no haber estrenado estos zapatos." Rechazando las invitaciones a bailar con la excusa de que le dolían los pies, Olivia se quedó sola, mirando a su alrededor. Decidió dirigirse a la mesa de cócteles, pensando que esperar a Elaine en el bar sería menos incómodo. Mientras pasaba junto a las estatuas iluminadas y bajo un árbol majestuoso, un grupo de mujeres la rodeó, acercándose. "¿Vienes a menudo a estas fiestas? Creo que es la primera vez que te veo." Una mujer de cabello rojizo le habló. Su actitud era sociable, pero su mirada no era amable. Entre las mujeres que estaban un paso atrás, había algunas damas conocidas. "Es mi primera vez." Olivia sonrió suavemente, intentando recordar. No reconocía a la mujer. "Lo imaginaba. De lo contrario, no habrías elegido ese collar." Ante esas palabras crípticas, la mano de Olivia tocó el collar instintivamente. "¿Por qué lo dice? ¿Puedo saber quién es usted?" "Dios mío, qué descortés." Alguien chasqueó la lengua, como suspirando. "Guarde las formas. Está frente a Su Alteza, la princesa Annelyn de Brit." ¿Por qué la princesa de Brit...? Olivia mostró una expresión de desconcierto por un momento antes de hacer una reverencia. "Es un honor conocerla, Alteza." "Un placer. Solo había oído rumores, pero es la primera vez que nos encontramos, señorita Blanchet." Con una sonrisa amable, la mirada de la princesa, que la observaba, volvió al collar. "Lo llevé el año pasado. No esperaba volver a verlo tan pronto." "¡Oh!" En ese momento, Olivia comprendió las miradas acusadoras y por qué una princesa extranjera mostraba interés en ella. "¿He infringido alguna norma de etiqueta?" Olivia preguntó con cortesía. "Es una regla tácita. Una muestra de respeto hacia los demás." Sus palabras implicaban que Olivia había faltado al respeto a una princesa. Los ojos de Annelyn eran serenos pero fríos. El mundo de la nobleza parecía complicado. Aunque no entendía del todo esa forma de respeto, Olivia decidió aceptarla. "No lo sabía. Si la he ofendido, me disculpo." Desde que Olivia apareció, las damas que reconocieron el collar, junto con sus acompañantes, comenzaron a acercarse como espectadores. "No hace falta que se disculpe, señorita Blanchet. En un mundo donde el dinero compra lo que uno desea, ¿no es así?" Con una actitud elegante y digna, la princesa continuó: "Pero llevar el mismo collar no significa que seamos iguales." La princesa trazó una clara línea entre su nobleza y el origen humilde de una bastarda. Annelyn había asistido al Baile de las Rosas del Hotel Lancelot cada año, antes y después de su matrimonio, al que fue empujada dejando atrás a su amado Edgar. En su primera asistencia, eligió un vestido rojo que se convirtió en su color distintivo. Desde entonces, el rojo era exclusivo de la princesa Annelyn. Cuando llevó la colección Anne Julver el año pasado, Edgar, besando su mano, la elogió por primera vez tras su reencuentro: "Te queda muy bien." Antes del baile, Annelyn llamó a Madame Loren para planificar su atuendo. "Este año también llevaré Julver." Planeaba hacer del rojo y de la legendaria joya Anne Julver su sello personal. "Lamento decirlo, Alteza, pero ya hay alguien que lo ha reservado." "¿Aun si yo lo quiero?" "Lo siento, Alteza." "¿Quién es?" Tras una larga pausa, Madame Loren pronunció un nombre inesperado. Edgar Langaster Lancelot. Un nombre que Annelyn nunca habría imaginado. En ese momento, tuvo una certeza. Es para mí. No podía ser para nadie más. Edgar no tenía una relación oficial ni era de los que regalaban joyas a amantes de escándalos. Annelyn eligió un vestido rojo sencillo, sin más joyas que una tiara de perlas pequeñas, para destacar el collar que Edgar le pondría. Pero... Se sintió traicionada por Edgar. La piel bajo sus ojos tembló de rabia. "¿Ese collar te lo regaló tu nuevo amante?" La mujer era hermosa. Tanto que las joyas en su cuello apenas se notaban. Por eso era aún más difícil soportarlo. "¿Perdón?" Olivia estaba desconcertada. "Es una joya muy difícil de alquilar. ¿Quién es? Ese amante tan extraordinario." Los espectadores comenzaron a murmurar. Olivia pensó que la princesa claramente quería humillarla. Frente a sus intenciones, respondió con calma. "Aún no tengo amante, Alteza. De hecho, estaba esperando encontrar a alguien especial en este baile, pero aún no he tenido suerte." El ceño de la princesa se frunció, pero a Olivia no le importó. "El collar fue elección de Madame Loren. Mi sirvienta me recomendó a la diseñadora, y solo respeté su filosofía de diseño." Mirando directamente a la princesa, Olivia esbozó una sonrisa radiante. Carol y las damas de Rondos mostraron rostros de disgusto. La Olivia Blanchet que se encogía ante la malicia ya no existía. La bastarda miserable que huía a la oscuridad para tragarse sus lágrimas había desaparecido. ¿Cómo puede alguien cambiar tanto? Aunque la música del vals volvió a sonar, nadie se movió. Los que conocían el pasado de Olivia solo parpadeaban, evaluando quién ganaría en esta batalla desatada por el collar. En la noche de mayo, entre el embriagador aroma de las rosas, el baile tomaba un rumbo inesperado, cargado de tensión. La mirada serena de Annelyn se quebró con un crujido. Mentirosa. Madame Loren no mentiría, así que la mentirosa debía ser Olivia Blanchet. Y esa sonrisa claramente la estaba ridiculizando. Annelyn se sentía profundamente humillada. La ira la consumía, sus dedos se crisparon. Las venas sobresalían en su mano apretada mientras la multitud, murmurando, dirigía su atención a un hombre alto que se acercaba con calma. Vestido con un elegante traje de gala negro, era Edgar Langaster Lancelot. Por un instante, su presencia magnética hizo olvidar a Olivia. Annelyn, sin darse cuenta, sonrió y pronunció su nombre: "Ed." Edgar estaba saludando a los invitados distinguidos. El rumor de que la princesa de Brit y la exduquesa de Leopold estaban enfrentadas llegó hasta el cenador donde se encontraba, llevado por la brisa que cruzaba el jardín de rosas. Frunciendo ligeramente el ceño, Edgar no pudo evitar dirigirse hacia allí. Miró a Annelyn y dio pasos lentos. Que la princesa, incluso en medio de su hostilidad, mostrara expectación al verlo le arrancó una risa interna. En el pasado, habían sido amantes, pero su relación terminó con el matrimonio de ella. Que ahora actuara como si pudieran retomarla tras su divorcio era una molestia para Edgar. "Es un honor que ilumine este evento, Alteza." Con una reverencia cortés, Edgar echó un vistazo a Olivia Blanchet. Si tuviera algo de sentido, se retiraría discretamente ahora. Bajo las luces coloridas del jardín de rosas, todas las miradas se centraron en Edgar y la princesa Annelyn. La melodía romántica de los violines, llevada por la brisa fresca, le parecía a Annelyn un hechizo creado por Edgar. Con el corazón temblando, extendió la mano. Edgar, por costumbre, besó el dorso. Al erguirse, su mirada buscó el lugar donde estaba Olivia. Solo había oscuridad. Edgar sonrió, y la princesa pensó que esa sonrisa era para ella. Olivia, buscando un lugar tranquilo, se adentró bastante en el jardín y se sentó en un banco para recuperar el aliento. El pabellón de mármol blanco, en forma de cúpula, no tenía lámparas de vidrio, pero las farolas dispuestas a intervalos iluminaban todo a su alrededor. Al relajarse, sintió un dolor en los talones, probablemente por haber forzado la caminata. Se quitó los zapatos, haciendo una mueca. La piel de los talones estaba desollada, con un poco de sangre. Sacó un pañuelo de su bolso, lo presionó contra la herida y levantó la cabeza. Las luces brillantes del salón de baile eran visibles. No podía volver allí, no con ese collar en el cuello. Debería al menos avisarle a Elaine que se iba, pero no la veía por ninguna parte. Una oleada de cansancio insoportable la invadió. Con un breve suspiro, Olivia retiró el pañuelo de su talón, donde la sangre ya había parado, y, levantando las rodillas, las abrazó, enterrando el rostro en ellas. La brisa nocturna agitó las mangas de gasa, rozando su piel. Olivia se frotó los brazos delgados. Madame Loren. Repitió ese nombre en su mente. La cliente del año pasado fue la princesa de Brit. Así que el collar no podía ser un error. ¿Cómo podía cometerse un error así? No tenía sentido. Pero Madame Loren no tenía ninguna razón para hacerle esto. Ignorar el encargo de una bastarda humilde habría sido suficiente. Debería estar enfadada, pero, por alguna razón, solo sentía amargura. El sonido lejano de la música y las risas le parecía de otro mundo, distante. Quería volver a su habitación, hundirse en una cama suave y dormir. Al despertar, esta noche habría pasado. Entonces, el sonido de pasos firmes resonó en las losas del sendero. Sobresaltada, Olivia se puso de pie de un salto. El hombre que subía los escalones con calma no era otro que Edgar Langaster Lancelot. Capítulo 18. La guerra de las rosas ────────✧✦✧──────── Traducción y Corrección: Snow Snow