
El desenlace de un divorcio inconcluso
Capítulo 7
Capítulo 7. Un abogado competente Olivia se encontró en una situación complicada. La mujer aún no las había visto, así que si retrocedían silenciosamente por donde habían venido, no pasaría nada. No quería enfrentarse a ella y acabar herida o hiriendo a alguien sin necesidad. Sin embargo, a pesar de esa intención, una curiosidad teñida de duda surgió en su mente: ¿por qué estaba aquí sola? Sus acompañantes estaban comiendo en Gran Bleu. Entre sus manos apretadas, se veía un pañuelo blanco, que destacaba aún más contra la falda azul oscuro. "¿Estaba llorando?" Olivia decidió detener ahí su curiosidad. El incidente del día anterior seguía pesándole. Probablemente, su comentario había tenido algún impacto. Al pensarlo, la culpa le impidió dar un paso atrás con facilidad. "Señorita." Anne la llamó en un susurro. Sus ojos parecían decir que debían irse. Justo cuando Olivia y Anne, silenciando sus pasos, estaban a punto de girarse, una voz las detuvo. "¿Ya terminaron de curiosear?" Sorprendidas, como si fueran culpables, ambas se quedaron rígidas y giraron lentamente hacia la mujer. Sus ojos se encontraron con los de la mujer, que las miraba con la cabeza erguida. Olivia respiró hondo brevemente y se acercó al banco. Los labios apretados de la mujer, que la miraba desde abajo, estaban rojos e hinchados. Sus ojos, también enrojecidos, parecían haber estado conteniendo sollozos. Las pestañas de la mujer, que la fulminaba con la mirada, temblaban ligeramente. "Buenos días." "¿Se ve como un buen día?" "..." Fue una primera frase estúpida. "¿Satisfecha?" Olivia recibió en silencio la reacción de la mujer. "En este mundo, es una táctica común. Hoy, simplemente, no había una silla para mí." La mujer habló con voz cargada de ira. Olivia recordó a las damas que reían y charlaban mientras comían en la terraza de Gran Bleu. "Gracias a ti." La mujer temblaba, conteniendo las lágrimas con esfuerzo. A pesar de sentir algo de culpa, Olivia no sintió lástima. "Gracias a ustedes, yo siempre estuve sin un lugar." Olivia miró a la mujer con ojos desprovistos de emoción. La mujer movió los labios, como si quisiera replicar, pero un silencio se instaló entre ellas. Las ramas de los árboles, mecidas por el viento, hacían que la luz y las sombras danzaran caóticamente. Sus miradas enfrentadas parecían hilos tensos a punto de romperse. "Has cambiado." Elaine, como si admitiera su derrota, suavizó su mirada punzante y soltó una risa breve. "¿Cómo supiste que el collar era falso?" "Vi el original." "Está en el ducado. Qué estúpida, me engañaron otra vez." Elaine se sonó la nariz con un sonido fuerte. La punta de su nariz estaba completamente roja. "Vendió a escondidas la tierra que me dejó mi abuelo. Cuando lo confronté, no pudo decir nada. Había notado señales de que tenía otra mujer, pero no quería creerlo. Negación de la realidad, ¿sabes? Ese tipo de cosas da miedo." Humedeándose los labios con la lengua, Elaine contuvo el aliento y luego volvió a inspirar. "Luego llegó nuestro aniversario de bodas, y me dio ese collar. Dijo que había vendido la tierra por eso, que era un esposo inútil, incluso con lágrimas en los ojos. ¡Ja!" Elaine se limpió la nariz otra vez. "Siempre decía que quería ese collar antes de casarnos, y él lo recordó. Me conmovió tanto. Qué estúpida debí parecerle... Sin saber que estaba llenando los bolsillos de otra mujer." "La persona que engaña es la que está mal." "La que se deja engañar también lo está. Debería haberlo comprobado. Era algo tan simple como hacer una tasación. Pero tuve miedo. Si descubría la verdad, no podría mantener mi matrimonio. Solo fui cobarde y escapé. No imaginé que enfrentaría la verdad de esta manera." "Lo siento." "No te disculpes. Yo tampoco lo haré." Con un esfuerzo por controlar sus emociones, una leve sonrisa se dibujó en las comisuras de sus labios. "En cambio, ¿me lo presentarías?" "¿Qué?" Olivia parpadeó, sorprendida, y preguntó. "Ese abogado tan competente." Elaine miró a Olivia directamente, con un brillo en los ojos. Olivia guardó silencio por un momento. Luego, como si lo comprendiera, suspiró con un leve retraso. "¡Oh!" "Si alguna vez necesitan un buen abogado, contáctenme. Se los presentaré. Nunca se sabe lo que puede pasar en la vida." Había dicho esas palabras para no dejarse intimidar, pero parecía que Elaine las había tomado en serio. Olivia, con una expresión desconcertada, miró a Elaine en silencio por un rato. En realidad, no había ningún abogado competente. Desde el principio, lo único que Olivia quería era el divorcio. Tenía que salir del escenario silenciosamente antes de que Johann conociera a Clara. Olivia estaba atrapada por la ansiedad de que Johann no la dejaría ir. Como suele ocurrir en este tipo de historias, temía que él pudiera obsesionarse con ella. Pero él la dejó ir sin dudarlo y, para su sorpresa, le otorgó una generosa pensión. En apariencia, probablemente fue para proteger su reputación. "Por favor..." Olivia hizo una pausa, como si buscara las palabras. "No hay ningún abogado competente." "¿Qué quieres decir con que no hay?" "Exactamente eso. No hay." Elaine la miró con incredulidad. Parpadeando con sus grandes ojos, se levantó de repente y tomó a Olivia del brazo. "En lugar de quedarnos aquí, vayamos a tomar un té. Tengo demasiadas preguntas y no puedo esperar." Elaine estaba decidida a divorciarse. Comparado con los abogados incompetentes de Rondos, que cobraban altas tarifas y conseguían pensiones miserables, el consejo de una divorciada experimentada era crucial. Más aún si se trataba de Olivia Blanchet, que había obtenido una suma astronómica de pensión. Las tres salieron del sendero y entraron en la primera casa de té que vieron. En la tranquila sala, un gramófono tocaba una melodía de piano. La conversación se interrumpió brevemente cuando un camarero trajo el té. Una vez que dejó el té y se retiró, Elaine alzó las cejas y preguntó: "Vi en un artículo que obtuviste una enorme pensión y la villa de Lemont. Entraste sin nada y saliste como una millonaria. ¡Oh! Solo estoy repitiendo lo que decía el artículo, no te ofendas." "¿Incluso eso salió en los periódicos? No lo sabía." "Por Dios, ¿no sabes lo grande que fue tu divorcio? Hasta publicaron la marca del bolso que llevabas cuando saliste de Great Hill ese día. ¿No lees los periódicos?" "No me interesan mucho." Olivia sonrió ligeramente. Había estado tan enfocada en dejar a Johann Leopold que, una vez decidió establecerse en el reino de Brit, se ocupó de vender la villa, preparar su partida e informarse sobre el lugar, manteniéndose ocupada. "¿De verdad no contrataste a un abogado?" "No." "Entonces, gracias a tu maravilloso esposo, dividieron los bienes sin ninguna disputa." Como Olivia no había hecho nada para lograr el divorcio, en cierto modo, era así. "Ese abogado era mi esperanza." "Si vas a juicio, ¿no estaría a tu favor?" "Los jueces también son hombres. Probablemente tengan un par de amantes. Es algo tan común." Que un hombre rico tuviera amantes además de su esposa era algo habitual. En el mundo de los hombres, eso también era una demostración de riqueza. "Es injusto." "No realmente. Nosotras también podemos tener amantes si queremos. Siempre que no nos descubran." Para Olivia, era algo difícil de comprender de inmediato. "Por eso, cuando una mujer pide el divorcio primero, necesita un abogado competente. A menos que el esposo tenga una causa grave además de la infidelidad." Elaine, mientras hablaba, ponía terrones de azúcar en su taza, los disolvía y repetía el proceso. Olivia la observó en silencio, sumida en sus pensamientos. Cuando la melodía del piano terminó, un breve silencio dio paso al sonido del violonchelo, que se deslizó sobre la luz de la tarde. "Entonces, ¿qué tal si haces que tu esposo sea quien quiera el divorcio primero?" Olivia habló con cautela, y Elaine, que removía su taza sin sentido, levantó la mirada. "¿Él?" "Sí." Elaine frunció el ceño. "¿Me estás diciendo que deje que se divorcie de mí? ¿Sabes lo que eso significa?" La voz de Elaine se alzó, cargada de emoción. "Por supuesto que lo sé. Pero tú no debes aceptar el divorcio." "Debes resistir hasta que te ofrezca la cantidad de pensión que deseas. Entonces, tu esposo solicitará el divorcio en un juicio." "En el tribunal, solo tienes que mostrar qué tan virtuosa y compasiva eres como esposa." "¿Qué quieres decir?" "Aunque tu esposo te haya sido infiel, debes decir que aún lo amas y que deseas proteger tu valioso hogar. Que esperarás su regreso siempre. Conmueve al juez. Cuanto mejor sea tu actuación, más se verá tu esposo como un hombre despreciable, y el juez ordenará el divorcio con una pensión generosa." Un brillo evidente iluminó los ojos de Elaine. "Tengo la confianza para hacer que ese hombre diga que quiere el divorcio." Cada vez que presumía del collar falso en los bailes ante sus conocidos, ¿qué pensaba su esposo a su lado? Al recordarlo, la traición y la vergüenza la hacían temblar. ¿Era solo el collar lo que era falso? No. Desde aquel día en que llegó con un perfume desconocido, todo lo que su esposo le había dado podía ser falso. Incluso su corazón. Maldito. Por más que intentaba contenerse, no podía. Su estómago se revolvía. Las lágrimas volvieron a brotar. "Si logro el divorcio, haremos una fiesta." Para no llorar, Elaine apretó los dientes, y sus labios dibujaron una curva brillante. *** El día del duque Johann Leopold comenzaba invariablemente temprano en la mañana. Aunque era fin de semana, como siempre, trabajaba en su despacho, tomando una taza de café fuerte en lugar de desayunar. Firmaba documentos con un rostro inexpresivo, y por la tarde, montaba a su querido Alexander para recorrer los terrenos de la mansión. Luego, se cambiaba para asistir a una cena a la que había sido invitado. Como si siempre hubiera sido así, su vida no había cambiado en nada desde el divorcio. Si había que señalar algo, tal vez la falta de una acompañante para los eventos sociales. Diane Brooke estaba muy satisfecha con ese hecho. La existencia de esa bastarda insignificante era menos que nada. Olivia Blanchet, menos importante que el polvo flotando en el aire, no había dejado ninguna marca en la sólida vida de un hombre noble. Diane Brooke se ajustó la ropa frente a la puerta del despacho de Johann. Con el corazón latiendo, llamó a la puerta, y la atractiva voz grave del hombre le indicó que entrara. La antigua secretaria de la exduquesa, Diane, abrió sin dudar la puerta del despacho, que estaba firmemente cerrada. ────────✧✦✧──────── Traducción y Corrección: Snow Snow