
El Obsesivo Protagonista Masculino Descubrió Que Estoy Viva
Capítulo 5
Capítulo 4 —¿Qué has dicho?— Al oír la voz baja de Kaiden, el corazón de Evelina pareció encogerse y el anillo que tenía en su mano había perdido totalmente su forma. —Es cierto, me opongo al matrimonio de Evelina y Su Majestad—. Era cierto que Evelina tenía poca actividad social desde que se comprometió, pero eso no significaba que no tuviera posición en la sociedad. Además, no entendía por qué Lanathas Peran, al que estaba unida desde la infancia, se oponía de repente a su matrimonio. Sin embargo, tenía miedo porque no tenía una relación estrecha con Lanathas como la original. El va a hacer que los maten a ambos. Era obvio que Lanathas lo hizo porque era un viejo amigo de Evelina. Pero definitivamente acaba de arruinar un día importante para el Emperador. —¿Sabes que significa lo que dices?, ¿Marqués de Perán?— Lanathas estaba emparentado técnicamente con Kaiden; ya que es el hijo del tío de Kaiden. —Sí, lo sé—. Evelina empezó a temblar cuando el Emperador cogió su espada, impregnada de la sangre húmeda, de su víctima anterior. Nada más al comenzar la boda, la doncella murió horriblemente sin siquiera ser juzgada. Evelina observó de repente el lugar donde estaba Mary. Lo limpiaron tan bien que no quedó ningún rastro. Sin embargo, los rostros de los invitados que habían visto la escena seguían pálidos, ya que temían que el Emperador pudiera sacar su espada de nuevo. —Lan...— —Lina. No te cases—. Lanathas parecía asustado. Su pelo gris brillante y sus ojos grises oscuros parecían melancólicos por primera vez. Él siempre se veía alegre. —¿Quién te crees para interrumpir mi boda?— —Lina, yo....— —¿Puedes dejar de estorbar?— Dijo ella con severidad, copiando el comportamiento de Kaiden. El abrió los ojos como si estuviera un poco sorprendido por la actitud de Evelina, Mientras que la observaba con sus brillantes ojos rojos, sonrió ampliamente. Luego quitó la mano de la empuñadura de la espada y comenzó a tocar el anillo que sostenía. —Esto es un matrimonio político, de todos modos—. La expresión de Kaiden volvió a endurecerse ante las palabras de Lanathas. Por lo que, Evelina no tuvo otra opción. —No, te equivocas, no sabes cuanto deseo este matrimonio—. Pensó que era imposible que el emperador, que había matado incluso a la querida doncella de su hermanastra sin pestañear, no matara a Lanathas. Por eso decidió hacer lo que él quería. —¿Puedo besarlo primero?— Cuando Evelina le preguntó al cardenal, éste se sorprendió y dijo: —Sí—, y miró el semblante de Kaiden. Fue en ese momento en que Kaiden miró al cardenal y luego a Evelina. —... Uh...— Evelina lo besó primero. En cuanto los labios se tocaron, Kaiden sonrió y dijo. —No has levantado tú velo, Lina—. —Oh, es cierto—. Ella no estaba segura de cómo besarle, ya que era la primera vez en su vida, así que intentó mirar hacia abajo con cara de desconcierto, pero sus ojos se encontraron con la gran mano de Kaiden tocando el velo, sus manos eran muy grandes y calientes. —Hagámoslo de nuevo—. Enrolló cuidadosamente el velo de Evelina. Entonces los ojos rojos y los ojos morados se encontraron durante unos segundos. Evelina sintió como si su mirada invadiera su ser de nuevo, por lo que su corazón latía con fuerza. Pensó que él se daría cuenta que solo lo hizo para salvar a Lanathas. Fue muy intenso. —Uugh...— La mayoría de los besos bajo juramento se hacían originalmente sólo con los labios. Casi todos los matrimonios aristocráticos eran un método para unir familias y pocos nobles se casaban porque se amaban. Aunque había algunos casos inusuales en los que la gente se interesaba después del matrimonio, casi todos los aristócratas solían tener una amante mientras cumplían con sus deberes aristocráticos. —Nngh..— Kaiden la dejó sin aliento, cubriendo sus labios. Ella se estremeció sorprendida por la lengua que daba vueltas en su boca, olvidándose de respirar. Cuando ella se apartó, él la agarró de la barbilla para evitar que se escapara. Evelina no podía ni siquiera girar la cabeza, así que tuvo que aguantar la cercanía entre sus rostros. —Ha...— Pronto, Kaiden, que hizo contacto visual con ella, despegó sus labios. Había mucho silencio alrededor. El corazón de Evelina revoloteó de vergüenza por haber actuado así delante de la gente. Entonces se giró dándole la espalda a los invitados y enterró la cara entre sus manos. Evelina trató de ignorar la expresión aparentemente desconcertada de Lanathas. —Os habéis besado por juramento, así que los dos os habéis convertido en pareja... Oh, no, el anillo...— El cardenal entró en pánico y le pidió a Kaiden el anillo. Entonces Kaiden miró el trozo de platino arrugado que tenía en la mano, que era el anillo de Evelina, y luego comenzó a desplegarlo con la mano. Ella pensó que no podría arreglarlo, aunque ni siquiera entendía cómo se había doblado en primer lugar. No podía razonar, le dolían mucho los labios y su cabeza parecía dar vueltas. Además, esos ojos rojos que la miraban siempre la observaban al abrir los ojos. Su cabeza estaba confusa y ya no podía seguir con sus pensamientos. —Evelina—. —¿Sí?— —La mano—. —Ah, sí—. Evelina, avergonzada, le tendió la mano, él sonrió y la tomó. Luego le puso el anillo, que no sabía si le iba a quedar. Se sintió aún más horrorizada cuando el anillo encajó perfectamente, como si nunca lo hubiera doblado, le recordó al comportamiento del psicópata original. —¡Ahora, os reconozco como pareja!— Así que oficialmente Evelina tenía que ser la esposa de Kaiden y él, su marido. ~~~~ El camino para subir al carruaje fue incómodo. Kaiden le tendió la mano para acompañarla, pero ella sonrió incómoda. Entonces, trató de moverse mientras sostenía el vestido con ambas manos. —¡Oh, Dios mío!— —El vestido debe estar pesado, Evelina—. En ese momento levantó a Evelina y se dirigió al carruaje. Sintió que iba a morir de vergüenza por tener que pasar por el camino mientras la gente hacía fila para celebrar la boda. Se sintió como si fuera el centro de atención, por lo que quiso esconderse en una ratonera. —¿Quieres que te baje?— —¡Oh, no! Prefiero ir más rápido—. Al escuchar las palabras de Evelina, se rió y caminó rápidamente. Le dolió el corazón al ver al marqués de Logias, que lloraba y la saludaba al pasar rápidamente ante los invitados. Cuando subió al carruaje, Kaiden la dejó en el asiento y se sentó a su lado. Evelina pensó que él se sentaría delante de ella, pero se sentó arrinconandola contra la pared y se asustó un poco cuando su falda cayó sobre él, es como si él le advirtiera que no huyera. Se sintió como un conejo atrapado por una anaconda negra. —No sabía que estarías tan contenta de casarte—. Evelina sintió como si su pregunta fuera una burla y su corazón se contrajo. —Es por que llevo comprometida desde hace mucho tiempo—. —¿Querías casarte porque el compromiso ha sido largo?— —Sí.— Ella no sabía qué más decir. Era la primera vez que Evelina veía a Kaiden directamente. Antes de eso, el marqués de Logias la había mantenido tan escondida que nunca se veían. Incluso cuando Kaiden visitó un día la casa del marqués para verla, éste no le permitió reunirse con el pretexto de una epidemia. —Es lo mismo para mí—. Evelina, que no entendía de qué se compadecía, giró la cabeza y lo miró sin darse cuenta. Entonces se rió y dijo, como si fuera el vencedor de una guerra. —No sabes cuánto tiempo he estado esperando que llegara este día, Lina—. Ante sus palabras, Evelina se sintió devuelta a la realidad. Fue como si escuchara una advertencia. No podía tener buenos sentimientos hacia ella. Era la hija de la familia que mató a su madre y fue su padre el que intentó asesinarle en repetidas ocasiones y la familia que le arrinconó para impedirle acceder a cualquier puesto con el pretexto del compromiso. Para ella eran sus angelicales padres adoptivos, pero no para los demás. Más aún para Kaiden. Casi enloqueció al pensarlo, Evelina sintió que se le helaba la sangre. —Realmente... — Kaiden suspiró de buena gana y le soltó el pelo que tenía pegaba a la mejilla. —No esperaba ser tan feliz, Lina—. La miró con los ojos extasiados como si admirara un tesoro. ~~~~ Volvieron así al Palacio Imperial, pero sorprendentemente, Kaiden tenía otras cosas que hacer y tuvo que ir directamente a la sala de audiencias. Evelina sabía que no volvería esta noche. No compartir la habitación por la noche en el día de la boda. No puede haber mayor insulto que ese. Así lo pensó y guiada por su doncella, se dirigió al palacio que le habían asignado. —¿A dónde vas?— Evelina se sorprendió de que la condujeran a un lugar desconocido y no a su palacio asignado. —Seguidme con calma, Majestad—. Evelina se sobresaltó por el tono duro de la doncella, a la que nunca había visto antes. Tuvo que caminar sin siquiera cambiarse el vestido de novia. Como sus tacones eran tan altos, cojeaba a cada paso que daba. Le dolía el dedo gordo del pie, sentía que las pantorrillas se le iban a partir por la mitad y los muslos estaban muy tensos, pero tenía que seguir caminando sin decir nada. No tenía a nadie que la cuidara en el Palacio Imperial. Eso lo sabía bien. Su padre era partidario del ahora purgado segundo príncipe. Ahora, todos los poderes del segundo príncipe han sido cortados y ella era parte de una familia traidora que apenas sobrevivía bajo el pretexto del matrimonio. —Camine más rápido, mi Lady—. La doncella que caminaba delante de ella hablaba nerviosa y empezó a caminar más rápido. Evelina suspiró un poco y caminó rápidamente tras su criada. Le dolían los tobillos como si estuvieran a punto de romperse, sus pies estaban hinchados y los zapatos le apretaban, pero no podía evitarlo. Llegaron después de caminar un largo trayecto. —¿Cómo te atreves a mirarme directamente?— En la habitación se encontraba la dueña del Palacio de la Emperatriz Viuda, la abuela de Kaiden. —Veo a la Luna del Imperio—. Evelina saludó como le habían enseñado y miró a la Emperatriz Viuda, quien le dijo con su rostro endurecido. —Otra vez—. —¿Sí?— —La etiqueta deja mucho que desear. Saluda de nuevo—. Una doncella que estaba a su lado se sumó a las palabras de la Emperatriz Viuda. Evelina volvió a saludar a la Emperatriz, que se sentó en la silla del patrón y mantuvo la barbilla erguida. —Veo a la Luna del Imperio—. —Otra vez—. Ante las palabras de la doncella, Evelina se dio cuenta de que no era una llamada para saludarla. —Tal vez porque es la hija de un traidor, la etiqueta es igual a la de alguien que vive en las alcantarillas—. Evelina respondió con una sonrisa. —Mi etiqueta me la enseñó la difunta marquesa Ecartina—. La marquesa Ecartina era la hermana gemela de la emperatriz viuda.