El padre del protagonista se rehusa a separarnos

Capítulo 108

Durante el viaje en carruaje de regreso al alojamiento, Lu mostró interés por la repentina aparición de Torika y Lionel. Sin embargo, su atención se centró en Torika porque Lionel se mantuvo en silencio. —¿Eres amiga de Celsion, Torika? Torika, sentada tranquilamente en el regazo de Lu, maulló. —[Podría decirse.] —Vaya. Lu acarició con cuidado la cabeza de Torika. Torika emitió un ronroneo como si se sintiera bien. —[Lu, eres mi Heredero. No el de Torika] —dijo celosamente Celsion, sentado junto a Lu. 1 —Sí, lo entiendo. Tras pensarlo por un momento, Lu acarició la espalda peluda de Celsion. Lionel, que estaba observando atentamente la escena desde el otro lado, apretó los puños. —Ese niño... —Es mi hijo, Lucius Adelhardt. Cassis lo interrumpió. —¿Hijo? Chispas de fuego brotaron de los ojos de Lionel. Parecía querer interrogar a Cassis sobre la verdad de inmediato. Cassis parecía tener ganas de saber el pasado de Lionel. Entonces, Ibelia intervino. —Estamos frente al niño. Hablaremos de los detalles en el alojamiento. Afortunadamente, Lu, que estaba distraído con Torika y Celsion, no se dio cuenta del pesado ambiente entre los tres adultos. —¡Mamá, mamá! ¿Puedo jugar con Torika y Celsion? —gritó emocionado Lu cuando llegaron al alojamiento. —Claro. —¡Bien, vayamos a jugar a mi habitación! Torika y Celsion caminaron a ambos lados de Lu como si lo estuvieran protegiendo. Al mismo tiempo, varios caballeros al mando de Cassis hicieron la misma acción. Ibelia, Cassis y Lionel se dirigieron al salón. Tan pronto como se cerró la puerta, Lionel fue al grano. —¿Ese niño es realmente el hijo del Duque? Cassis frunció el ceño. —Hay muchos oídos cerca —respondió Ibelia. Lionel agitó despreocupadamente su mano, y de inmediato apareció brevemente una luz blanca desde la punta de sus dedos. —He lanzado un hechizo. Nadie podrá escucharnos desde afuera. —Por favor, siéntese primero. Cassis, siéntate también. La conversación será larga. Ante las palabras de Ibelia, los dos hombres obedientemente se sentaron en unas sillas. —Pregunto de nuevo. ¿Ese niño es hijo del Duque o no? En cuanto Ibelia se sentó junto a Cassis, Lionel preguntó. Los ojos rojos de Lionel brillaron con intensidad. —¿Es hijo de Julia? La mano de Cassis, cerrada en un puño, tembló levemente. De inmediato, Ibelia cubrió el dorso de su mano con la suya para calmarlo. Cassis parecía tener problemas para calmar sus emociones. —Duque Adelhardt, ese niño es... —Lu es mi hijo.