El padre del protagonista se rehusa a separarnos

Capítulo 123

Después de escuchar eso, Julia sonrió amargamente. —Ojalá me hubiera olvidado. Fue extraño. Claramente se trataba de un sueño, pero esas palabras le hicieron sentir a Ibelia como si estuviera conociendo a la verdadera Julia. —¿No estás molesta con el Príncipe Lionel? Los ojos de Julia se abrieron de par en par como si preguntara por qué hacía esa pregunta. —No apareció hasta el final. Pensé que tal vez estarías un poco resentida. —Bueno... Julia alisó la taza de té con sus hermosas y blancas manos. —Creo que sería mentira si dijera que no guardo rencor, pero no es el tipo de resentimiento que otras personas piensan. Es solo que me siento triste por haberme ido sin poder verlo hasta el final... Julia bajó la cabeza y de inmediato las lágrimas corrieron por sus mejillas blancas hasta caer sobre la mesa. —Aun así, espero que sea feliz. Espero que se olvide de mí y tenga una vida feliz. Esa es mi verdad. ¿Le puedes decir eso? —Sí, lo haré —respondió Ibelia con el corazón apretado. —Debo verme fea. Julia se secó ligeramente los ojos con el dorso de la mano y volvió a sonreír, luego se sorprendió como si se hubiera dado cuenta de algo. 1 —Dios mío, te he estado reteniendo durante tanto tiempo. Cassis y Lu te esperan con ansias. —Pero... Había muchas cosas que quería decirle, pero Julia negó con la cabeza como si ya fuera suficiente. —Por favor, ve y ámalos a ambos tanto como yo. Con esas palabras, Ibelia abrió lentamente los ojos, y lo primero que vio fue un techo desconocido. Mientras parpadeaba un par de veces para aclarar su visión borrosa, escuchó unas voces a su lado. —¿Ibe? —¿Mamá? Ibelia miró en la dirección de donde provenían las voces y sonrió débilmente. El padre y el hijo, que eran exactamente iguales, la miraban con expresión de sorpresa. Ibelia luchó por levantar la parte superior de su cuerpo y abrir los brazos porque quería abrazarlos a ambos tan fuerte como pudiera sin decir una palabra. —Vengan aquí. —Ma-Mamá. Lu fue el primero en comenzar a llorar y acercarse a los brazos de Ibelia. 1 —Mamá, ¿estás bien? ¿Sientes algún dolor? —Sí, mamá está bien. ¿Qué pasa con Lu? ¿Lu está herido en alguna parte? —¡Estoy bien! ¡Todos están a salvo! Aria, Sir Dunoa y el tío Lionel. —Me alegro. Después de acariciar ligeramente la cabeza de Lu, Ibelia miró a Cassis. Cassis simplemente miraba fijamente a Ibelia, como si se hubiera convertido en una estatua de piedra. —¿Cassis? Como si el escuchar su nombre hubiera sido un catalizador, una lágrima fluyó silenciosamente del ojo izquierdo de Cassis. Ibelia extendió los brazos hacia él.