El padre del protagonista se rehusa a separarnos

Capítulo 125

Ibelia, que estaba perdida en los recuerdos, volvió la cabeza hacia la voz sonora de un niño. Lu soltó la mano de Lionel y corrió hacia ella. —Lu, ¿has hablado mucho con el Príncipe Lionel? —dijo Ibelia mientras abrazaba a Lu. —¡Sí! El niño sonrió alegremente. Ibelia esbozó una sonrisa y recordó los acontecimientos de ayer. —Yo... Soy Lucius Adelhardt —declaró Lu con firmeza—. Mi madre es Ibelia Adelhardt y mi padre es Cassis Adelhardt. Seguirá siendo de esa forma en el futuro, entonces regresaré al Imperio —añadió—. Sin embargo, puedo venir de visita, ¿verdad, tío? 1 —Por supuesto que puedes. Lionel abrazó con fuerza al niño que hizo esa pregunta y comenzó a llorar una vez más. 2 A decir verdad, ni Ibelia ni Cassis tenían idea de que Lu sería tan inflexible en regresar al Imperio. Por otra parte, Lionel no dijo mucho sobre lo que esperaba. Después de eso, Lu reconoció la realidad bastante rápido y pasó tiempo con Lionel todo el día porque quería hablar de muchas cosas. Incluso durmió con él, y no apareció hasta justo antes de marcharse. —¿Te has despedido? —Sí. Mamá, ¿podemos volver de visita el próximo invierno? —Por supuesto. Regresemos el siguiente invierno. —Jajaja. Mientras Ibelia y Lu hablaban, aparecieron Aria y Samuel. —¡Lu! Aria se acercó haciendo un puchero. —¿Por qué no jugaste conmigo ayer? —Oh, fue porque estaba jugando con el tío Lionel. —¡Yo también quería jugar! ¡Tch, eres malo! —Aria... Aria caminó de regreso hacia Samuel, siendo perseguida por Lu. Ibelia se rió a carcajadas y habló con Lionel, quien miraba la espalda de Lu con ojos melancólicos. —En realidad, cuando me desmayé hace unos días, soñé con la señorita Julia. —... —Fue un sueño tan vívido que sentí como si estuviera hablando con la señorita Julia. —¿Qué dijo Julia? —preguntó Lionel. —Espera que el Príncipe la olvida y tenga una vida feliz. —Ya veo, Julia es... Eran solo palabras que escuchó en un sueño. Sin embargo, Lionel pareció sorprendido, como si realmente Julia hubiera dicho eso. Lionel miró al cielo y cerró los ojos. —No puedo cumplir eso. No hay manera de que pueda olvidarla. 3 —... —Pero ahora puedo ser feliz. Lionel le sonrió a Ibelia. —Gracias. —No. Simplemente hice lo que tenía que hacer. —Aun así, no debe haber sido una decisión fácil. Ibelia no lo negó esta vez, solo sonrió. —Sólo deseo cosas buenas para ustedes en el futuro. —Gracias, Príncipe.