
El padre del protagonista se rehusa a separarnos
Capítulo 127
Antes de que se dieran cuenta, Cassis había movido su cuerpo y se había subido encima de Ibelia. Los besos se volvieron cada vez más intensos. Por supuesto, Ibelia gustosamente le correspondió a Cassis y envolvió sus brazos alrededor de su cuello. Los labios de Cassis dejaron los labios de Ibelia y bajaron un poco más. Al sentir el aliento caliente de Cassis, Ibelia le agarró ligeramente del cabello y sus hombros temblaron. Cassis recorrió su columna ligeramente levantada. De inmediato, Ibelia dejó escapar un profundo suspiro sin darse cuenta. De repente, recordó lo que Cassis dijo en el Reino de Cesia. —Cuando regresemos al Imperio, quiero pasar la noche con mi esposa. ¿Cassis quería hacerlo ahora? Ibelia no odiaba esa idea, más bien, estaba feliz de que él la deseara con tanta pasión. Sin embargo, Cassis, que iba descendiendo poco a poco, volvió a levantar la cabeza y la besó en la frente. —Espero que tengas una buena noche de sueño. 9 Con esas últimas palabras, Cassis se bajó del cuerpo de Ibelia y se recostó nuevamente. Ibelia pensó seriamente mientras miraba la espalda de Cassis. «Es realmente extraño.» Cuando mencionó que quería pasar la noche juntos, parecía que Cassis lo haría tan pronto como regresaran al Imperio. Pero ahora parecía una persona diferente. Tenían sentimientos similares el uno por el otro y ya no había nada que se interpusiera, entonces, ¿por qué Cassis dudaba? ¿Será que se aburrió de ella? Al final, Ibelia no pudo preguntarle Cassis. Siguiendo a Cassis, Lu también se volvió extraño. Ambos pasaron más tiempo solos, como si estuvieran planeando algo. «Es bueno su relación parezca haber mejorado, pero...» Para ser honesta, se sentía un poco excluida. Cuando se acercaba a ellos mientras susurraban, Lu cerraba la boca como si no hubiera estado hablando. Por otra parte, Cassis, bueno, tampoco se esperaba que dijera algo. Ellos no fueron los únicos actuando de esa manera. Extrañamente, toda la mansión parecía funcionar sin ella. Annie y otros empleados estaban ocupados, pero nadie le dijo a Ibelia lo que estaban haciendo. Una semana pasó de esa manera. «¿Por qué? ¿Qué ocurre?» Se alegró de saber que tenía una familia, pero, ¿qué había cambiado?