El padre del protagonista se rehusa a separarnos

Capítulo 14

Mientras Ibelia pensaba por un momento, el mayordomo le insistió en que regresara a su habitación. Sin embargo, ella se mantuvo firme. —No tengo la intención de irme. —... —No puedo hacer esperar más al Duque. Ibelia pasó por un costado del mayordomo y entró al salón de recepción. Por un momento le preocupó que el mayordomo la obligara a regresar a su habitación, pero por fortuna eso no sucedió y solo se limitó a seguirla en silencio. 1 Tras unos cuantos minutos, Ibelia llegó al salón de recepción y agarró el pomo de la puerta. —Duque, como le dije, Ibelia no se siente bien. ¿Qué le parece regresar otro día? En cuanto escuchó esa odiosa voz, Ibelia se rió internamente. «¿Está tratando de salvar las apariencias?» A la Condesa Vanein le preocupaba especialmente cómo la consideraban el resto de las personas. Por lo que a pesar de odiar a muerte a Ibelia, le compraba ropa y accesorios caros solo por su "apariencia noble". Intentaba que todos la consideraran como "una esposa bondadosa que incluso cuida a la hija bastarda de su esposo". Pero, ¿qué pasaría si Ibelia se presentara ante su prometido con un rostro que hacía evidente que era golpeada? Por supuesto, la reputación de la Condesa se haría añicos. Ibelia sintió una extraña sensación de rebelión y abrió la puerta mientras sonreía alegremente. —Ordené que nadie entrara... ¡¿Ibelia?! La Condesa, que miró ferozmente la puerta, abrió los ojos de par en par al ver a Ibelia. Al instante se acercó a ella y agarró su brazo. 1 —Por qué viniste —murmuró la Condesa. Ibelia solo la miró y sonrió ampliamente, fingiendo no saber nada. —Dado que el Duque no se marchará hasta que me vea, no tengo más remedio que venir. —Regresa a tu habitación ahora mismo. ¿Intentas humillarme? —Si eso le preocupa, no debió golpearme. 3 Ibelia respondió con frialdad, pero de repente una sombra se proyectó sobre su cabeza. Cassis, que se había acercado en algún momento, las estaba observando. —¿Por qué tardó? La voz de Cassis era escalofriante, pero Ibelia ya no se sentía nerviosa. —Lo siento. Llego un poco tarde porque tuve que prepararme repentinamente. Fueron unas palabras cargadas de reproche sobre que debería haber avisado que la visitaría con antelación, pero Cassis ni siquiera pestañeó y solo miró a Ibelia con los ojos ligeramente entrecerrados. —¿Por qué usa ese sombrero para salir? —Oh... Había entrado solo para molestar a la Condesa Vanein, pero cuando Cassis mostró interés en el sombrero, Ibelia se inquietó. —¿Hay alguna razón por la que deba cubrir su rostro? —Es- Antes de que Ibelia pudiera responder, Cassis le quitó el sombrero. En cuanto vio la mejilla izquierda y los labios hinchados, el rostro de Cassis se puso rígido. —Esto también... ¿Son heridas causadas por una caída?