
El padre del protagonista se rehusa a separarnos
Capítulo 23
Últimamente Lu estaba de buen humor porque ahora tenía una madrastra que tanto deseó. Al principio pensó que era mentira, pero con el paso de los días, Ibelia continuó viviendo en la mansión Adelhardt. No solo eso, sino que pasaban tiempo juntos cada vez que podían. «¡Supongo que realmente quiere ser mi madrastra! ¡El trébol de cuatro hojas concedió mi deseo!» 1 El día de hoy, Lu estaba emocionado porque estaba jugando a las escondidas con Ibelia. Sin embargo, era encontrado de inmediato a pesar de que Ibelia recién acababa de llegar a la mansión. Lu infló las mejillas y pensó. «Necesito encontrar un lugar nuevo.» Después de pensarlo, Lu se dirigió a la Sala de Retratos del último piso de la mansión porque era un lugar remoto al que Ibelia no iría. 4 Lu se escondió detrás de las cortinas que estaban tras el sofá, pero le pareció que la inteligente Ibelia lo encontraría rápidamente. «¿Qué puedo hacer?» Los ojos preocupados de Lu se deslizaron hacia la estantería de la Sala de Retratos, luego se acercó e instintivamente jaló levemente un libro rojo. 1 Cuando jaló el libro rojo, la estantería se movió. —Vaya... Lu miró a su alrededor y se apresuró a entrar. De inmediato, encontró un caballete en medio de la habitación. 1 «¿Qué es eso?» Lu rodeó el caballete y levantó cuidadosamente la tela blanca que lo cubría, provocando que se revelara el retrato de Julia. —Guau... es bonita... Lu no lo sabía, pero era el momento en que veía por primera vez el rostro de su madre. Durante la tarde, Cassis salió deliberadamente para evitar a los hombres enviados por el Conde Vanein e Ibelia almorzaba con Lu. Ibelia planeaba dar un paseo por el jardín con Lu después de almorzar, al igual que los últimos días, pero él le agarró el brazo cuando estaban caminando hacia el jardín. —Señorita Ibelia. —¿Sí? —Quiero ir a otro lugar hoy. —¿Otro lugar? —Sí, quiero ir a la Sala de Retratos —murmuró Lu como si estuviera contando un secreto. «¿Está jugando a contarme un secreto?» Ibelia pensó en responder también en voz baja. —¿Hay algún tesoro en la Sala de Retratos?