El padre del protagonista se rehusa a separarnos

Capítulo 28

Incluso durante la pequeña, pero gran conmoción llamada "Julia Adelhardt" en la mansión, el Conde Vanein continuó enviando gente. El Conde cambió su objetivo de Cassis a Ibelia cuando Cassis se negó a recibir a las personas que enviaba. Como era de esperar, Ibelia hizo que se retiraran de inmediato los enviados por el Conde Vanein sin siquiera reunirse con ellos porque no había ninguna razón para que hablaran. Además, Ibelia también le dio instrucciones al mayordomo jefe para que enviara de regreso a los enviados por el Conde y que no había necesidad de informarle sobre las visitas en el futuro. Sin embargo, hoy Laura, que se encargaba del cuidado de Ibelia hasta la llegada de Annie, le informó sobre una visita... —Señorita. Ibelia se encontraba paseando por el jardín con un Lu emocionado, como si hubiera comido mucho chocolate. —¿Qué ocurre? —La Condesa Vanein vino a verla. El rostro de Ibelia se puso rígido. Las personas enviadas por la familia Vanein fueron sacadas de la residencia, pero era un tema diferente si se trataba de la Condesa. 2 —¿Señorita Ibelia? Lu, que desconocía las circunstancias de los adultos, se puso nervioso cuando vio que el rostro de Ibelia cambió de repente. Ibelia agarró la mano de Lu, que apretaba su manga. —No tengo intención de verla, así que envíala de regreso a casa. Si la Condesa Vanein me visita en el futuro, hazla retirarse sin informarme. Sin embargo, Laura dudó por un momento y se acercó a Ibelia. —La Condesa amenazó con que no enviará a la doncella persona de la señorita si no se reúnen. 2 —¿No dejará venir a Annie? —Sí. Ibelia se tomó un momento para organizar sus pensamientos. —Hah... Después de pensarlo por un momento, Ibelia soltó con cuidado la mano de Lu. —Joven Duque, me reuniré con una persona durante un tiempo. Lu agarró la manga Ibelia, tal vez sintiéndose ansioso. —¿Tiene que ir? —Volveré enseguida. Cuando regrese, le enseñaré a hacer pulseras con tréboles. Mientras tanto, ¿qué le parece recolectar tréboles con su niñera? —Vamos, Joven Maestro. Cuando la niñera se acercó, Lu soltó impotente la manga de Ibelia. —... Entiendo. —Regresaré pronto. Ibelia acarició la cabeza de Lu y se dirigió al salón de visitas, desde donde se escuchaban gritos. —¡Soy la madre de esa niña! ¡¿Por qué no puedo verla?! 4 —Cálmese, señora. Recuerde que esta es la residencia del Duque Adelhardt. —¿Me estás amenazando? ¡¿Cómo es posible que un simple mayordomo se atreva a amenazarme?! 1 «Parece que está a punto de dejar de pretender ser una noble.» Ibelia soltó una risa y entró al salón. —¿Quién dices que es mi madre? —¡Tú...!