
El padre del protagonista se rehusa a separarnos
Capítulo 30
La mujer, Erin Launer, agachó la cabeza como si estuviera alerta. «Entiendo.» Actualmente, Ibelia vestía ropa que usarían los plebeyos debido a que Samuel le aconsejó que sería mejor porque podría correr peligro si usaba un vestido. Aun así, no podía ocultar su aspecto de aristócrata porque su rostro era blanco y no había señales de sufrimiento. No era de extrañar que desconfiara de Ibelia, cuya apariencia era inusual en los barrios marginales. —¿Quién es usted? ¿Cómo me conoce? «¿Qué debo hacer para tranquilizar a Erin?» Ibelia pensó por un momento, pero Samuel se agarró el estómago. —Vinimos aquí porque escuchamos que vive un médico competente. Me estoy muriendo, por favor, ayúdeme. Samuel actuó de forma muy realista. Erin vaciló por un momento, pero abrió la puerta por completo como si no pudiera ser capaz de ignorar a una persona enferma. —Por favor, entren. Samuel le guiñó un ojo a Ibelia y entró primero. Ibelia negó con la cabeza y siguió a Samuel. A diferencia del exterior destartalado, el interior de la casa estaba bien organizado. Si bien era pequeño, la luz del sol entraba a raudales por las pequeñas ventanas, dando una sensación cálida y acogedora. Todo estaba bien, excepto que goteaba agua por algunas partes. —Siéntese aquí —dijo Erin mientras señalaba una silla junto a la mesa, luego miró a Ibelia—. Lo siento, solo tengo una silla. —Señorita, por favor, tome asiento. Samuel, que dejó de actuar en algún momento, acompañó a Ibelia hasta la silla. Por supuesto, Erin abrió los ojos de par en par. —¿No estaba enfermo? —Lo siento, no tuve más remedio que hacerlo para calmarla. —Eso... Ibelia temió que Erin los echara, pero por fortuna no lo hizo. Tras un momento, de un rincón sacó una silla sin respaldo y se sentó. —Entonces, ¿por qué han venido a visitarme unas personas tan valiosas? ¿Tienen alguna razón para querer verme hasta el punto de fingir una enfermedad? —Eso es... Ibelia levantó ligeramente la mano para detener a Samuel, que intentó explicar la situación. —Seré directa. Quiero patrocinar a la señorita Launer. —¿A mí? —Sí. Quiero que los medicamentos desarrollados por la señorita Launer estén disponibles en el mercado. Escuché que ha estado buscando patrocinadores para poder vender los fármacos que ha elaborado hasta ahora, pero al parecer no tuvo suerte. Erin mordió su labio inferior y miró fijamente a Ibelia, como si tratara de averiguar sus verdaderas intenciones. —Es correcto, Hasta ahora he buscado nobles que me apoyen, pero esas personas son peores que los comerciantes. Me piden que venda a precios desorbitados las medicinas que pueden salvar a las personas, incluso intentan quedarse con una gran parte de las ganancias. Erin habló mal de los nobles frente a una noble... Ese acto habría ocasionado que otros nobles la denunciaran, pero a Ibelia le gustó su actitud. —Sin embargo, ahora estoy cansada. No quiero ser usada más para los juegos de negocio de los nobles.