El padre del protagonista se rehusa a separarnos

Capítulo 37

—¿Qué haré ahora? —preguntó Annie, que se encogió como una tortuga asustada cuando el carruaje se puso en marcha. —Serás mi doncella exclusiva en la Mansión Adelhardt. —Hay rumores de que anulará su compromiso. ¿Se casará con el Duque Adelhardt? —Sí. Annie no preguntó nada más, como si fuera difícil acostumbrarse con el cambio repentino de la situación. Sin embargo, su expresión parecía más calmada. Ibelia miró de reojo las manos de Annie, que se encontraban hinchadas. —Lo siento. Llegué tarde. Annie estrechó sus manos con sorpresa. —¡No! ¡No se disculpe! —exclamó Annie mientras se sonrojaba—. Me alegro de que la señorita no se olvidara de mí y viniera a buscarme. 3 —Por supuesto, porque eres mi persona —respondió Ibelia deliberada y despreocupadamente. 1 Annie apretó sus puños con expresión decidida. —¡Le serviré a la señorita con todo mi corazón! Ibelia sonrió involuntariamente. —Sí, gracias. Por mucho que lo pensara, Ibelia cambió. Después de que Ibelia se marchara, el Conde Vanein rechinó los dientes. No se tomó en serio la situación cuando su esposa, la Condesa Vanein, lloró y se quejó unos días antes. «Incluso si era un cachorro de tigre, pensé que solo era un simple cachorro.» Era muy consciente de que la debilidad de Ibelia era su madre. Se le informó que murió, pero pensó que podría chantajear a Ibelia porque no había forma de que pudiera saberlo. De esa forma, creyó que sería capaz de tenerla dominada todo el tiempo que deseara. Sin embargo, ¿cómo se enteró? ¿Tal vez podría haber sido por Cassis Adelhardt? No, no había ninguna razón para que él llegara tan lejos por Ibelia. Además, había muy poca información sobre lo sucedido, por lo que ni siquiera el Duque Adelhardt podría haber recopilado información tan rápidamente. «Entonces, cómo diablos...» Pero ahora lo que realmente importaba era el hecho de que Ibelia, a quien creía tener en la palma de su mano, se había escapado. Si Ibelia se convertía en la Duquesa Adelhardt y seguía ignorándolos, todos sus planes se irían al tacho. «Debo arreglar la situación.»