El padre del protagonista se rehusa a separarnos

Capítulo 38

Logan cerró los ojos y empezó a hablar sobre el hecho de que apareció la madre de Ibelia, pero que solo era una impostora y que su verdadera madre estaba muerta. Y también sobre la historia sobre la promesa del Conde Vanein con Ibelia, y así sucesivamente... Fue una historia impactante. —¿Cómo está la señorita Ibelia? —preguntó Cassis inesperadamente. —Eso... Ha estado en su habitación sin comer desde que regresó de la residencia Vanein. —¿La dejaron allí? —Las doncellas llevaron comida a su habitación varias veces, pero en todas se negó a comer. No se las puede culpar. —Sal —dijo Cassis mientras agitaba la mano. Cassis se sentó en el sofá sin cambiarse y miró hacia la habitación contigua, donde se alojaba Ibelia. Como Maestro de la Espada, tenía los sentidos tan sensibles como los de un animal, por lo que podría sentir la presencia en la habitación contigua si lo deseaba. Sin embargo, aunque sentía curiosidad por lo que estaba haciendo Ibelia, no usó sus sentidos porque le pareció que no debería hacerlo. De repente, escuchó la puerta de la habitación abrirse y luego pasos en el pasillo tan ligeros como los de un pajarito pero con ritmo constante. «¿A dónde vas?» Cassis la siguió hasta el jardín trasero. Al principio no quiso espiar, por lo que estuvo a punto de pararse frente a ella y preguntarle qué estaba haciendo sola en medio de la noche, pero no pudo hacerlo porque Ibelia comenzó a llorar. Lágrimas transparentes resbalaban por sus mejillas, pero se cubrió la boca para contener el llanto. A Cassis no le gustó esa vista. ¿No se sentiría mejor si llorara tan fuerte como una niña? ¿Por qué no podía llorar libremente en el patio vacío? ¿Cómo demonios era tratada por la familia Vanein? ¿Tal vez Julia lloraba así? Pensando en ello, no podía dejarla sola. 10 Cassis se acercó a Ibelia y la cubrió con su abrigo. La brisa era bastante fresca, pero Ibelia solo llevaba ropa de dormir como si hubiera salido de la cama y un atisbo de su piel blanca se veía a través de la tela blanca. Cassis habló arrastrando las palabras, tratando de mantener la mirada en otro lugar tanto como fuera posible. —Mi madre... Ni siquiera sabía lo que estaba tratando de decir, tan solo escupió las palabras a medida que salían. Esta era la primera vez en sus 25 años de vida que no sabía lo que decía tras haber recibido lecciones de sucesor desde la infancia. Al parecer, Ibelia se percató de su estado inusual. —Por casualidad, ¿me está consolando? Cassis no pudo afirmar ni negar porque no sabía si lo que estaba haciendo era consolarla. —No fue tan impactante. Yo solo... —murmuró Ibelia mientras miraba sus pantuflas—. Gracias por consolarme. Su voz fue tan pequeña como el sonido del viento, pero esas palabras sonaron muy fuertes en los oídos de Cassis porque tenía bastante desarrollados los cinco sentidos. Hubo un tiempo en el que pensaba negativamente en Ibelia porque era la hija del Conde Vanein, quien lo chantajeó para que se casaran. Sin embargo, la Ibelia que conoció no era como pensaba.