
El padre del protagonista se rehusa a separarnos
Capítulo 49
Cometió un error. Realmente no fue nada malo, solo que no pudo responder correctamente cuando su padre le preguntó persistentemente si estaba estudiando adecuadamente estos días. Temía las duras críticas de su padre. Al ver a Cassis tartamudear, el Duque Adelhardt se enfadó mucho. —¡No puedo creer que haya criado a un inútil! El Duque arrastró a Cassis del brazo y lo encerró en una pequeña habitación. —¡Lo siento, padre! La puerta no se abrió a pesar de los gritos y súplicas de Cassis. Cassis siguió llorando y golpeando la puerta durante un largo tiempo. ¿Cuánto tiempo pasó? La puerta se abrió. Deslumbrado por la luz que se filtraba por la rendija, Cassis cerró los ojos involuntariamente. —Debió de dar mucho miedo, ¿verdad? Cuando Cassis abrió los ojos, Julia se encontraba sonriendo frente a él. —Hermana. —Shh, vine sin el conocimiento de padre. Julia llevó a Cassis a su habitación, diciéndole que todo estaba bien y lo acostó mientras le cantaba una canción de cuna. Solo tenían dos años de diferencia, pero ella lo trataba como a un hermano muy pequeño, lo que a él no le gustaba. 2 Lo que Cassis no sabía era que Julia fue duramente regañada por su padre al enterarse lo que hizo. Cuando terminó el flashback, Cassis apretó los puños para controlar las emociones que se retorcían en su interior. El maestro de esgrima de Lu, Alex Marc, también fue su maestro de esgrima. Le enseñó a Cassis de la misma manera que ahora le enseñaba a Lu. Cuando era más joven, solía resentir mucho a Alex. Sus duras palabras y combates lastimaron su corazón de niño. Sin embargo, cuando su padre y otros adultos lo culpaban, pensaba que era extraño. Tal vez estuvo a punto de resignarse. Sin importar el método de educación, Alex Marc fue un vasallo talentoso y, sobre todo, leal a la familia Adelhardt. Por eso, le confió la educación de Lu. Pero, ¿su elección fue la equivocada? Si se equivocó, ¿dónde empezó a equivocarse? Quería preguntarle a alguien, pero por desgracia no tenía a nadie a quien acudir. Al menos a Julia, que siempre fue su aliada, no podía preguntarle porque ya no estaba en este mundo. Esto tampoco significaba que pudiera visitar a Ibelia, quien había declarado que por el momento mantendría las distancias.