El padre del protagonista se rehusa a separarnos

Capítulo 62

Mientras Cassis iba a las instalaciones del Periódico Trevysh, Ibelia llevó a Annie y Logan a la mansión Adelhardt. 1 Pero cuando entraron a la mansión, la primera persona con la que se encontraron no fue ni el Conde Vanein o Dereck Vanein. —Ha pasado un tiempo, Ibelia. —Katherine... Katherine no pudo ocultar su expresión de disgusto ante el murmullo de Ibelia. —¿Katherine? Hace un tiempo solías llamarme "señorita baronesa Itters". Como Katherine dijo, el nombre por el que la "Ibelia" original la había llamado en el pasado era "señorita baronesa Itters". Por supuesto, la razón fue porque Ibelia era una hija ilegítima. Sin embargo, la Ibelia actual no tenía ninguna intención de llamarla tan cortésmente. —¿Hay necesidad de ser tan formal entre parientes? —preguntó Ibelia. Sabía que Katherine se enfadaría si decía eso, pero solo apretó los labios y se calmó. —Bueno, eso es correcto. Además, pronto serás la increíble duquesa Adelhardt. 1 El sarcasmo en la voz de Katherine era evidente, pero Ibelia no se dejó provocar. De repente, algo llamó la atención de Ibelia. «¿Cabello rosado?» 1 El cabello pelirrojo de Katherine tenía algunos mechones de cabello rosa mezclados. Normalmente habría pensado que su color de cabello se desvaneció en algunas partes, pero no podía ser eso si se consideraba el escándalo ocurrido. «Lo que significa que... Fue Katherine quien usó una peluca y se hizo pasar por mí.» Samuel cambiaba fácilmente su apariencia con magia, pero ese tipo de magia que cambia la apariencia era costosa. No había forma de que Katherine pudiera haber comprado tal poción o artefacto para suplantar a Ibelia. Por supuesto, podría ser una suposición absurda. Sin embargo, dadas las circunstancias, era muy probable que Katherine se hiciera pasar por ella. Al notar que Ibelia miraba su cabello, Katherine se echó el cabello hacia atrás. —¿Has venido para ver al Conde? No se encuentra ahora. —No, he terminado. Ibelia se acercó lentamente a Katherine. *Tap. Tap* Abrumada por el ruido particularmente fuerte de los zapatos, Katherine retrocedió unos pasos, pero Ibelia agarró su brazo y tiró de ella. —¿Lo disfrutaste? —preguntó murmurando Ibelia. —¿Qué? —Andar por ahí fingiendo ser yo. Katherine suspiró y golpeó la mano de Ibelia. —Escuché rumores sobre cosas que has estado haciendo a espaldas del Duque. ¿Cómo puedes estar tratando de inculparme? Ibelia se limpió las manos con orgullo. —Bueno, no importa lo que pienses. Al final la verdad saldrá a la luz de alguna manera. Ibelia miró a Katherine, que la miraba con odio, y se dio la vuelta. —Vamos, Annie. —¿Qué? Ah, sí.