
El padre del protagonista se rehusa a separarnos
Capítulo 64
—La mejor historia es que nos conocimos en una fiesta y nos gustamos, pero esto es difícil porque nunca he sido socialmente activa. —Correcto. —Entonces, esto es lo que pienso. —¿...? —El Duque visitó la residencia Vanein para hacer negocios con el Conde Vanein, y cuando me vio se enamoró a primera vista. La reacción de Cassis a la parte de "a primera vista" fue sutil. Tal vez estaba pensando en su primer encuentro real con Ibelia. —Olvide cuando le dije que anuláramos el compromiso, Ahora, concéntrese —agregó Ibelia. 6 —... —De todos modos, el Duque, que se interesó en mí, me trajo aquí cuando se enteró que estaba siendo maltratada en la residencia Vanein. Luego, lentamente comenzamos a gustarnos y nos comprometimos. ¿Qué le parece? —... Ibelia miró al callado Cassis. —¿No es genial? —¿No es verdad todo eso? 11 —¿Ah...? Ibelia miró el papel en el que había escrito diligentemente. «Ahora que lo pienso, así con las cosas.» La historia de amor inventada no tenía ningún contenido en particular a excepción de la parte "comenzamos a gustarnos". —Es cierto —respondió Ibelia tímidamente—. Entonces, supongo que debemos decir la verdad... —Sí, la verdad... Las orejas de Cassis ardieron un poco cuando respondió eso. Al mismo tiempo, Ibelia agitó las manos con vergüenza. 5 —Así que, excepto por la parte de gustarnos. Eso... Por un momento, unas palabras pasaron por la mente de Ibelia. —Mi padre dice que también le gusta la señorita Ibe. No es la única con esos sentimientos. Esas palabras resonaron en su cabeza. —Mi padre dice que también le gusta la señorita Ibe... —Mi padre dice que también le gusta la señorita Ibe... —Mi padre dice... Sabía que no podía ser verdad. Además, ¿no le mintió a Lu sobre que le gustaba Cassis para conservar su inocencia? Sin embargo, la otra persona se trataba de Cassis, ¿podría haber mentido así por Lu? Quería preguntar. «¿Por qué dijo eso?» Sin embargo, Ibelia no pudo preguntar. Ibelia se puso de pie, cubriendo con ambas manos su cara tan caliente como la de Cassis. —En fin, eso es todo. Ibelia salió corriendo de la oficina como si estuviera escapando.