El padre del protagonista se rehusa a separarnos

Capítulo 77

Ese fue el principio. Cassis pareció sorprendido y comenzó a llorar en silencio. Las lágrimas cayeron sobre el dorso de la mano de Ibelia. —Cassis... Como si el nombre que había pronunciado Ibelia le hubiera dado una señal, Cassis bajó la cabeza y sus hombros temblaron. Se escuchó un pequeño sollozo, y cada vez se hizo más fuerte. Sollozaba como un niño. Ibelia nunca había visto llorar tanto a un adulto. Incluso ese adulto se trataba de Cassis, quien nunca había conocido las lágrimas. —Cassis, espera un momento, cálmate. —Tenía miedo de perderte... —dijo Cassis con dificultad—. Tenía miedo de perderte a ti también al igual que... Ibelia leyó las palabras omitidas en la declaración. Tenía miedo de perderla igual que a Julia. Esas palabras golpearon a Ibelia. ¿Cuándo se convirtió en una presencia tan importante para Cassis? Una presencia que daba por sentado que estaba a su lado y temía que desapareciera. Un hombre que no lloró cuando murió su madre, ahora estaba llorando por la Ibelia viva. Expresaba sus sentimientos sin suprimirlos o ajustarlos... Sollozaba por ella. El hombre que dijo no conocer el sentimiento de estar triste, dijo que tenía miedo. A Ibelia le gustaba y le entristecía. Aunque se sentía feliz, también sentía pena porque no quería ver sufrir a Cassis por su culpa. Ibelia levantó su pesado cuerpo y pasó los brazos alrededor del cuello de Cassis. —Estoy aquí. Cassis le devolvió el abrazo y hundió el rostro en su cuello. Por supuesto, el cuello de Ibelia rápidamente se humedeció. —No pasa nada. Estoy aquí. Ibelia lo tranquilizó con voz suave y calmada, como si estuviera consolando al pequeño Lu. Incluso pudo notar que el cuerpo de Cassis temblaba levemente. —No iré a ninguna parte. Los sollozos no parecían disminuir. —Estoy bien, de verdad. No me duele absolutamente nada... Odiaba ver llorar a ese hombre. Pero extrañamente, no podía decirle que dejara de llorar. Quería dejar que Cassis, que estaba mostrando sus emociones por primera vez, pudiera expresarlas libremente. Para que no quedaran arrepentimientos... Para que no quedara ningún bulto en su corazón. Ibelia palmeó la espalda de Cassis y murmuró en voz baja. —No iré a ninguna parte. Puedes llorar tanto como quieras. Puedes hacer lo que quieras. Cassis siguió llorando. Al mismo tiempo, Ibelia le dio palmaditas en la espalda y le repitió que todo estaba bien. Ese día, se dijeron las palabras que debieron decirse al pequeño Cassis. 7