
El padre del protagonista se rehusa a separarnos
Capítulo 80
Ante la firme insistencia de Ibelia sobre el Baile Imperial, Cassis levantó la bandera blanca. A Ibelia, más que molestarle la situación, le hizo gracia la forma en que podía actuar así a veces. Cassis cambió después de la competencia de caza. Para ser precisos, cambió después del incidente de Ibelia. Una vez que dejó salir sus emociones, empezó a expresarlas poco a poco, como el agua filtrándose por medio de una grieta en una represa. Ibelia no sabía si era porque veía a Julia muerta en ella, o si estaba preocupado. Aun así, se sentía bien que alguien se preocupara. —Lo dejé en claro. Iré —dijo Ibelia con firmeza. —Su Majestad entenderá... Ibelia lo interrumpió e hizo un gesto a las doncellas. —Todas, el Duque irá a su habitación. Despídanlo. —¡Sí! Las doncellas contuvieron la risa y abrieron la puerta de la habitación. Cuando Ibelia lo instó con la mirada, Cassis salió como un perro grande a que le negaron un paseo. Dicho esto, parecía muy deprimido. Ibelia negó con la cabeza. —Hah, es difícil. Annie se echó a reír. —Eso es porque el Duque está muy preocupado por su esposa. —Es sobreprotector. Otra doncella habló. —¿Qué tiene de malo ser sobreprotector? Es agradable. ¡Ojalá yo tuviera un amante que me sobreproteja! —¡Yo también! 7 Las doncellas se miraron y comenzaron a reír. Como sabían que Ibelia tenía una personalidad amable, no tenían miedo de bromear delante de ella. Ibelia lo disfrutó más que encontrarlo desagradable. Laura sonrió y agarró con cuidado el cabello de Ibelia. —La decoraré tan bellamente que el Duque lamentará haber dicho que no fuera al Baile Imperial. —¡Oh, y qué pasará si el Duque se ausenta de otra manera! Ibelia pensó distraídamente en lo que la doncella quería decir con "ausenta en otro sentido". «El significado...» En muchas novelas románticas, el protagonista masculino se vuelve a enamorar de la protagonista femenina después de verla arreglada lo mejor posible para asistir a una fiesta... Tenía la cara caliente y sonrojada. Estaba avergonzada sin motivo, sabiendo que Cassis no pensaría de esa forma. Ibelia abanicó su rostro, y Laura miró fijamente a las doncellas. —Chicas, por muy generosa que sea la señora, deben tener cuidado. —Oh, lo siento. —Tendré cuidado a partir de ahora. Sin embargo, Ibelia, que ya había dejado volar su imaginación, no pudo decir que todo estaba bien.