
El padre del protagonista se rehusa a separarnos
Capítulo 94
Esa noche, Cassis no fue a la habitación de Ibelia. Por si acaso, ella estuvo atenta a la habitación del al lado, que era la de él, pero no escuchó señales de nadie. «¿Es porque Alexandra sabe toda la verdad?» Ibelia no durmió y esperó a que Cassis llegara. Pero incluso después de mucho tiempo, no apareció. Al final, Ibelia se colocó un abrigo sobre su pijama y salió en busca de Cassis. No fue muy difícil encontrarlo porque había una tenue luz filtrándose por la puerta de su oficina. —Cassis. Ibelia tocó la puerta y entró cautelosamente a la oficina. Cassis se encontraba sentado frente a su escritorio, con la cara apoyada entre sus manos. Y, como si sintiera la presencia de Ibelia, levantó la cabeza. —Ah... —¿Qué haces aquí solo? Ibelia se acercó a Cassis. Cassis miró a Ibelia parada frente a él y con cuidado tiró de su mano. —Tenía algo que pensar. —¿Acerca de Lu? —... Ibelia miró la expresión preocupada de Cassis. —Lo siento. —¿Por qué mi esposa se disculpa? —No fui yo quien lo dijo, pero por mi culpa la tía abuela se enteró. —No, sabía que algún día se enteraría. Cassis se levantó y agarró la cintura de Ibelia, luego la levantó y la sentó sobre el escritorio. Después de eso se volvió a sentar en la silla, y ambos quedaron más o menos a la misma altura, pero aun así Ibelia miró ligeramente hacia abajo. Cassis acercó la silla y se acurrucó contra Ibelia. De inmediato ella acarició el suave cabello de Cassis y esperó a que hablara. 1 Por alguna razón, parecía que debía esperarlo en silencio. Cassis tomó la mano de Ibelia, luego apoyó su mejilla contra su palma como si quisiera ser mimado. Ibelia esperó a que hablara, pero finalmente no pudo resistirse y preguntó. —¿No me odias? Cassis miró fijamente a Ibelia, con la mejilla todavía apoyada contra la palma de su mano, sin saber por qué hacía esa pregunta. —¿Por qué te odiaría? —Porque la tía abuela... —Como he dicho, lo habría sabido en algún momento. Y es bastante refrescante porque ya no dirá nada más sobre Lu. —¿Eso es todo? —¿...? —No, nada. Ibelia sonrió levemente y acarició la mejilla de Cassis con el dedo pulgar. Cassis cerró los ojos y disfrutó del toque de Ibelia. —Me gustaría saber un poco más sobre Julia y tú —dijo Ibelia, con todo el coraje que pudo. —... —Quiero escuchar tu historia. Para ser honesta, Ibelia pensó que esta vez Cassis también mantendría la boca cerrada.