
El padre del protagonista se rehusa a separarnos
Capítulo 95
Tras conocer la noticia de la visita de Aria, Ibelia comenzó a decorar la mansión. La mansión estaba administrada por el mayordomo jefe y la doncella principal, pero en todas partes se notaba que hacía mucho tiempo no había una anfitriona. —¡Mamá! En el momento que Ibelia estaba dando diligentemente instrucciones a la sirvienta principal, Lu apareció entusiasmado. —¿Qué ocurre? —Yo... —¿Sí? Ibelia esperó tranquilamente a que Lu hablara primero. —¿Aquí hay retratos de la tía Julia? —preguntó Lu, jugueteando con sus dedos. —Oh... Ibelia comprendió enseguida la pregunta del niño. «Ahora que lo pienso, también se ha borrado todo rastro de Julia en esta mansión.» Ibelia tomó la mano de Lu. —¿Vamos a buscar el retrato de la tía Julia? —¡Sí! Ibelia decidió preguntarle al mayordomo jefe sobre los retratos de Julia. El mayordomo jefe, que había sido devoto de la familia Adelhardt durante mucho tiempo, también conocía el secreto del nacimiento de Lu. Entonces, en cuanto escuchó el nombre de Julia, controló hábilmente su expresión y habló. —Primero debo preguntarle al Señor. —¿Por qué? —preguntó Lu como un cachorro con la cola caída. Ibelia dio unas palmaditas a Lu en la espalda. —Cassis lo ha permitido. —Aun así, necesito comprobarlo. El mayordomo jefe tenía sus razones. En particular este asunto merecía un tratamiento cuidadoso porque era un tema delicado. Ibelia comprendió y decidió dar un paso atrás. —Entiendo. Entonces, pregúntele a Cassis y hágamelo saber. Y al día siguiente, el mayordomo jefe se acercó a Ibelia con una actitud más respetuosa como si hubiera escuchado algo de Cassis. —Lo siento, señora. Ayer fui grosero con usted. —No, el mayordomo cumplió con su deber. —Entonces, déjeme guiarla. Ibelia tomó la mano de Lu y siguió al mayordomo jefe. Pronto, llegaron a un almacén individual. —Aquí es donde se guardan las pertenencias de la señorita Julia. Si hay algún artículo que desee, lo sacaré. —Miraré alrededor y se lo diré. —Sí, entonces tómelo con calma. Ibelia entró con Lu, a quien se le iluminaron los ojos. —¿Realmente puedo ver? —Por supuesto. —¡Wow! Lu corrió hacia los retratos de Julia. El primero que encontró fue de su infancia, cuando parecía tener cerca de 7 u 8 años. —¡Mamá, mira esto! ¡Mi tía se ve joven! —Sí, lo es. —¿Mamá fue así de joven? —Claro que sí.