
El regresor y La Santa Ciega
Capítulo 23
Capítulo 22 ༺ El fin del sol de medianoche (5) ༻ *** Renee escuchó a Vera. Había un anhelo que no podía ocultarse en la voz que escuchó. —No pude alcanzarla. Creí que si seguía caminando, algún día podría al menos pisar la sombra que proyecta esa luz—. La duda brotó dentro de él. —Sin embargo, mientras perseguía la luz, cuando de repente miré hacia atrás, me di cuenta de que ni siquiera había dado un solo paso—. Al final, hubo odio. —Pensé que lo estaba haciendo bien. Pensé que estaba recorriendo un camino de inmensa gloria. Sin embargo, sólo más tarde me di cuenta de que no era más que una ilusión—. …Había resentimiento dirigido hacia sí mismo, lo que uno podría llamar odio a sí mismo. Renée pudo oír su aliento mezclarse con el aire mientras pronunciaba esas palabras. —… ¿Entonces que?— —Al final, yo era un tonto ignorante que todavía no podía caminar—. Habiendo dicho previamente que escucharía sus preocupaciones, Renee asintió levemente con la cabeza al escuchar sus palabras. Aún así, Renee no sabía de qué estaba hablando Vera. Renee no sabía cuál era la luz que quería perseguir, ni qué significaba para Vera. Sin embargo, las emociones detrás de sus palabras eran cosas con las que Renee estaba familiarizada. El anhelo que arde por todas partes, la duda que vuelve ceniza el mundo y el autodesprecio que crece como un fruto sin cesar. Renee conocía bien cada una de esas cosas. Entonces Renée preguntó. —Entonces, ¿lo que sentiste fue "dolor"?— Vera apenas logró responder la pregunta en voz baja. —… Más que dolor, sería más exacto llamarlo miedo. Creo que será así también en el futuro. Al final, tal vez nunca alcance la luz. Parece haber mucho miedo dentro de mí—. La cabeza de Vera se inclinó. Se hizo por la vergüenza rebosante. —Viví como un ser malvado toda mi vida y solo después me di cuenta de que mi forma de vivir era incorrecta. Por eso quise cambiar—. Una vez más, su vida anterior cruzó por la mente de Vera. La imagen del ser malvado que era indescriptiblemente vil pasó rápidamente. —Sin embargo, la mera constatación puede no ser suficiente. Este cuerpo todavía recuerda esos años, así que, haga lo que haga, nada cambiará. Eso es lo que pienso—. Aunque sabía que todas estas palabras eran desconocidas para la actual Renee, Vera pronunció estas palabras de confesión. Al escuchar eso, Renee asintió, sintiendo las emociones que se transmitían. De repente, Renee sintió que una pequeña sonrisa aparecía en sus labios mientras el pensamiento pasaba por su cabeza. —El Señor Caballero es un idiota—. —Sí, soy la persona más idiota del mundo…— —No en ese sentido. Ni siquiera recuerdas tus propias palabras—. Sorprendido, el cuerpo de Vera tembló mientras apretaba los dientes. Mientras tanto, la sonrisa en el rostro de Renee se hizo más profunda. Renee recordó claramente lo que Vera le había dicho. —Nunca sabrás.— Puede que hayan sido palabras de consuelo típicas, pero aún así, hubo palabras que penetraron profundamente en su corazón. —Incluso los Dioses en los Cielos probablemente no sepan si el señor Caballero realmente cambiará, si se acercará más a esa luz que cualquier otra persona en el mundo—. Cuando escuchó esas palabras, los ojos de Vera se abrieron como si estuvieran siendo destrozados. —Eso es lo que me dijo el señor caballero. ¿Ya olvidaste lo que dijiste tú mismo? Una sonrisa entró en su campo de visión. Las palabras que escuchó. Se superpusieron con su yo anterior. Todos los elementos que constituían su yo actual eran diferentes a los de entonces, pero aun así se superponían. El rostro, marcado por las quemaduras, se superponía a su piel ahora inmaculada. Incluso la sonrisa torcida pintada en sus labios formando arcos. Incluso el cabello cubierto de suciedad que brillaba bajo el sol brillante. Superpuestos entre sí, Vera se sumergió instantáneamente en la ilusión de que podría haber regresado a esa época. Las coincidencias pueden ser muy extrañas. Vera frunció los labios. Su mano se movió sola y agarró el aire vacío. —¿Señor Caballero?— Cuando lo llamó, Vera, que ni siquiera podía responderle, miraba a Renée sin comprender. —¿Señor Caballero?— En su segunda llamada, Vera le respondió a Renee en un tono aturdido. —Sí….— —Um, ¿estás de mal humor?— Nerviosa, Vera sonrió torpemente y respondió rápidamente a la pregunta de Renee. —No, estoy bien.— —¿Enserio?— —Sí.— De nuevo, una sonrisa apareció en los labios de Renee. Además, cuando Vera se sintió sin espíritu, Renee dio un paso más hacia Vera. Vera, sin saberlo, dio un paso atrás. Tap. Fue atrapado por la valla detrás de él. Incapaz de retroceder más, Vera tuvo que mirar fijamente mientras se acercaba a él. La distancia se hizo más corta. Tap.Tap. Tap. Golpeando el suelo con su bastón, Renee continuó acercándose a él. El bastón de Renee tocó los pies de Vera. Renee se detuvo en ese momento, dejando sólo la distancia suficiente para que una persona pasara entre los dos, y miró a Vera. —¿Puedes darme tu mano por un segundo?— Cuando dijo esas palabras, Vera ni siquiera pensó en negarse y colocó su mano sobre la de Renee. Las manos toscas y llenas de cicatrices de Vera estaban colocadas encima de sus pequeñas manos de un blanco puro. Mientras Vera sentía que las yemas de sus dedos temblaban ante el calor de su mano, que era diferente a la suya, colocó su otra mano sobre la otra de Renee. —... ¿Hay algo que no me hayas dicho todavía?— Palabras que fluían como murmullos. Después de eso, las palabras que inquietaban a Vera continuaron. —El hedor a sangre. Es muy fuerte—. Sobresalto- SorprendidO por esas palabras, Vera intentó apartar su mano, pero Renee fortaleció sus manos entrelazadas y le impidió hacerlo. Apreta- Su carne estaba en estrecho contacto con la de ella. El calor transmitido se convirtió en un calor abrasador. —Por favor dígame. Puede que esté ciega, pero no soy tonta—. Su tono era más decidido que cualquier cosa que hubiera escuchado jamás. Vera sintió una ola de vacilación surgir de lo más profundo de su corazón debido a su voz, su rostro severo y la calidez que transmitía. No se lo dije porque no quería recordarle las preocupaciones que la atormentaban. Sin embargo, parece que le pongo otra carga a ella, que ya está bastante afligida. Las palabras seguían apareciendo en la punta de su lengua y estaban a punto de salir de su boca. Al final, ese recordatorio obligó a Vera a abrir la boca. —¿Crees que hay alguna razón para oler sangre en este pequeño pueblo? Su tono era decidido, como si no tolerará ninguna mentira. Vera, abrumado por su imponente voluntad, habló con voz contenida. —Señorita….— La palabra que pronunció pareció alargarse. Por alguna razón, Vera sintió que se le ahogaba la garganta y, como resultado, no pudo hablar. Se mordió los labios por un momento antes de intentar hablar de nuevo. —…Hay gente que va tras de ti.— Palabras que apenas pronunció. Renée fortaleció esas manos entrelazadas. Podía sentir el calor en la mano de Vera. Había vacilación en su tono. —... Pido disculpas por causarte problemas—. Fue entonces cuando Renee se dio cuenta de que este honrado caballero no había dicho nada en consideración a su propia voluntad egoísta. —Soy realmente una idiota—. —Pido disculpas….— —No haga eso—. Se dio cuenta de que él había soportado todo solo por ser considerado con su egoísmo. Por alguna razón, se sintió asfixiada. Renee sintió sus sentimientos y habló con voz ligeramente temblorosa. —No te disculpes. No tienes por qué disculparte. Solo…— Si hubiera querido, podría haberme obligado a ir con él... pero no lo hizo. Parecía tan obvio cómo habría reaccionado Vera si le hubiera señalado ese hecho. Por eso, Renée se mordió los labios, pensando que era algo que no debía decir, especialmente porque él era tan considerado con ella. Era una mano grande la que tocó. Era una mano que reflejaba la vida que había vivido Vera. En palabras de Vera, fue la mano la que luchó por seguir la luz. Renee continuó hablando, acariciando el dorso de su mano ligeramente fría. —… Gracias.— Tap. La mano de Vera estaba a punto de ser retirada nuevamente. Renee detuvo el movimiento nuevamente sosteniendo su mano con más fuerza y luego continuó hablando. —Vamos. Al Reino Santo—. Para ser honesta, Renee estaba disgustada con los dioses hasta el momento en que él le pronunció esas palabras. No, Renée todavía despreciaba a los dioses. Para ella, el mundo era decepcionante. Sin embargo. —Porque el Señor caballero es estúpido y no me cuenta cosas como esta. Es frustrante, así que tengo que irme—. No debería lastimar a otros por mi culpa. Hay alguien que está haciendo lo mejor por mí, así que no debería causarle problemas debido a mi propio egoísmo. Hay alguien que me protege en silencio, no debo abandonarlo. Al menos Renée así lo creía. La mirada de Renee se volvió hacia Vera nuevamente. —Me pregunto si alguna vez podré convertirme en santa…— Ya sea perdonar a los dioses o aceptar este poder como su gracia. —... Porque no lo sé—. Es un momento que aún no ha llegado. Porque el futuro es vago. —Todavía me falta, pero el señor Caballero todavía cree en mí. Así que iré. Iré al Reino Santo—. Renee lo dijo, usando un poder que no había usado desde el día que recibió el estigma. Una divinidad blanca pura floreció. La divinidad ascendente envolvió a Vera. Vera sintió que la divinidad se filtraba en su piel y el cansancio de su cuerpo que se había acumulado durante la noche se derritió como nieve. La mirada de Vera se volvió hacia Renée. La figura sonriente de Renée era parecida a la pintura de la Santa. Una sensación extraña. Una ilusión momentánea de que sólo su entorno estaba separado del resto del mundo mientras brillaba radiantemente. Era una vista que acaparaba toda la atención y que merecía ser calificada de imponente. Vera miró su figura, luego frunció los labios y pronunció: —No hay duda.— —¿Mmm?— —Que te convertirás en una persona que verdaderamente pueda ser llamada Santa.— Pfff . Renee sonrió. —¿Cómo puedes estar seguro de eso?— —No hay ningún "si". Haré que suceda—. Tan pronto como se pronunciaron esas palabras. Vera sintió arder intensamente el juramento grabado en su alma. Vera tembló ante la sensación que calentó todo su cuerpo y declaró. —Incluso si te caes una y otra vez, te protegeré para que puedas levantarte una vez más. Para que puedas convertirte en una Santa más grande que cualquier otra persona—. La risa de Renée resonó al escuchar sus palabras. Incluso en la boca de Vera apareció una sonrisa que ni siquiera él sabía que era capaz de hacer. —¿Puedes garantizarlo?— —Lo juro.— Dicho esto, Vera reveló su estigma. Un juramento grabado en el alma. Cuando Vera se arrodilló, otro voto se superpuso a ese juramento. —Por el bien de la Santa, para que ella se convierta en la Santa más glorificada. Así es como viviré—. El juramento ardía. El voto que ardía brillantemente sobre el alma oscura evocaba una sensación de satisfacción en Vera. No es que se estuviera volviendo más fuerte. Tampoco aumentó su divinidad. Sólo los dos juramentos superpuestos fortalecieron el corazón de Vera. Renee asintió con la cabeza al escuchar esas palabras y continuó con su línea de pensamiento. No sabía por qué Vera era tan hospitalario con ella. Ella juzgó que el poder del Señor, y el hecho de que ella es la Santa, deben ser muy importantes para Vera. No es que no le gustara. Cualquiera que sea el motivo, lo único que es justo es corresponder a los sentimientos que te han transmitido. Ya que él confía tanto en ella, ¿no sería correcto que ella también confíe en él? Renee se tocó ligeramente los labios, sintiendo la creciente sonrisa y el calor que se transmitía desde las yemas de sus dedos. —Si, gracias.— Tan pronto como dijo eso, su estómago se revoloteó por alguna razón. *** [Traducción: lizzielenka] ◈❖◈ Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas ] Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas ] Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas ]