
Escapando De La Obsesión Del Archiduque Del Norte
Capítulo 25
— ¡Guau! Un fuerte rugido resonó en el auditorio. Los amargados espectadores se frotaron los ojos cuando vieron la flecha de Isabella dar en el blanco. Incluso el Duque Kyar quedó sorprendido por sus extraordinarias habilidades con el tiro con arco. A pesar de las fuertes reacciones de los espectadores, Isabella colocó una nueva flecha en su arco y mantuvo la compostura. Quedaron un total de nueve flechas. La segunda se quedó atascada justo al lado de la primera flecha. Una de sus diez flechas falló levemente en la diana, mientras que el resto dio en el blanco central con perfecta precisión. Su último rayo se partió en dos porque su primera flecha había bloqueado la diana. Sin embargo, aun así logró dar en el centro. Esa tarde, las excepcionales habilidades de tiro con arco de Isabella eran de lo único de lo que todos habían hablado hasta la competencia de espada. Fue natural porque fue aclamada como la ganadora del concurso de tiro con arco. Coronada con laureles en la cabeza, Isabella sonrió alegremente mientras estaba en el podio con un pesado bolso de lleno de mil monedas de oro. El Duque Kyar apretó los dientes hasta que le sangraron los labios cuando presenció la hermosa sonrisa de Isabella de cerca. La vista llevó su corazón al punto de la locura. No quería dejarlo ir. No quería dejarlo ir. Sus pensamientos se repitieron hasta dominar la totalidad de su mente. La obsesión del Archiduque era insoportable. Isabella bajó apresuradamente del podio y se acercó a él con una sonrisa alegre. — ¿Viste lo buena que soy con el tiro con arco? Apretó los puños y reprimió el impulso de sostener su diminuto rostro con ambas manos. — Gracias por realizar una competencia tan emocionante como esta, Alteza. Obtuve la recompensa por el primer lugar gracias a ti. Su tono fue más alto de lo habitual. Tal vez, porque la cantidad de dinero que ganó fue suficiente para satisfacerla. — ¿Para qué vas a utilizar el dinero del premio? – Él preguntó sin pensar mucho y ella no pudo ocultar la decepción en su rostro. — Oh. Prometí devolverte el dinero por las hierbas que usaré como antídoto, ¿verdad? Ella era tan adorable cuando bajó la cabeza y murmuró sobre el antídoto, pero al mismo tiempo, le molestó muchísimo. — No importa. No tenías que devolverlo. — ¿De verdad? Gracias, Su Alteza. Su respuesta fue tan rápida que él no la vio venir. El Duque Kyar se rio divertido. Isabella podía mostrar una infinidad de expresiones cuando el tema era “dinero”, pero podía ser indiferente y distante cuando se trataba de todo lo demás. El Duque Kyar odiaba estar rodeado de seres humanos esnobs, pero tal vez la poción de amor había hecho que esta cualidad particular pareciera encantadora. No. Quizás la poción de amor no tuvo nada que ver con esto. El Duque Kyar tenía la fuerte sensación de que esta emoción no desaparecería incluso después de beber el antídoto. Si es así, ¿qué debería hacer? ¿Qué pasaría si él no quisiera dejarla ir después? — Necesitaba este premio en metálico para mí. Después de crear el antídoto, planeo ir a la capital y trabajar duro para establecer mi propio negocio. Después de eso, mi sueño es triunfar y llegar a la cima. Sus ojos redondos brillaban bellamente mientras hablaba de sus metas futuras, pero eso sólo hizo que el rostro del Duque Kyar se contrajera de resentimiento. Él no existía en el futuro con el que ella soñaba. Escuchó su plan de dejarlo e ir a una tierra lejana tan pronto como terminara el antídoto. De repente, el Duque Kyar se sintió en enfermo por el dolor y la incomodidad. Se sentía como si alguien le hubiera destrozado el corazón y no podía respirar correctamente. Estaba abrumado por el sádico impulso de encerrarla para que no pudiera abandonar el Castillo Rubella y estar con él por el resto de su vida. — ¿Su Alteza? ¿Estás enfermo? Isabella preguntó preocupada cuando notó que su rostro no se veía bien. — Retiro lo que dije. Los ojos de Isabella se abrieron, preguntándose si lo había entendido mal. — ¿Qué estás diciendo? ¿Qué está recuperando, Su Alteza? — Quiero que devuelvas el costo de cada medicina herbaria que he reunido para que crees el antídoto. Cada centavo de ello. Pero tendré que recompensarte por el primer premio de antemano. — Su Alteza. Duque Kyar. Isabella lo miró con una cara que había presenciado el colapso del cielo frente a ella. Sin embargo, la mirada del Duque no vaciló cuando le mostró su palma extendida. Los dedos de Isabella temblaron cuando colocó su gordo bolso en su mano abierta. Cometió el error de mirarla a la cara. Isabella estaba a punto de romper a llorar, y el Duque Kyar giró fríamente la cabeza hacia un lado para evitar volver a ver eso. Era consciente de que su comportamiento era infantil y demencial pero verla emocionada mientras planeaba un futuro sin él era demasiado. El Duque Kyar quería lastimarla como ella lo jaló. Sintió ganas de volverse loco por ella. Que patético. *** Isabella abrió la puerta y entró al dormitorio. Sorprendido, Ignis voló junto a ella y gaznó. –Isabella. ¿Qué sucede contigo? Tu cara parecía tan aterradora. Ignis preguntó nerviosamente cuando notó que ella no estaba actuando como ella misma. Isabella pasó junto a Ignis y se acercó a la ventana. — ¡Argh! Isabella gritó tan pronto como abrió la ventana. Ella pensó que al hacer esto se aliviaría su ira. El Archiduque Kyar no parecía ser el tipo que juega con los sentimientos de la gente. No entendía cómo el Duque podía cambiar de opinión rápidamente después de decirle que no tenía que devolverle el dinero. — ¡Isabella, las calificaciones no lo son todo! Quizás lo había hecho porque obtuve malos resultados durante la competencia de tiro con arco. Sería mejor si se calmara y respirara. No era injusto que ella obtuviera una mala nota. Se sintió mal por perder el primer premio después de tenerlo en sus manos. Isabella no debería haber sido codiciosa en primer lugar. Sabía que era un error darle al Duque Kyar la poción de amor, pero también tenía que asumir la responsabilidad por ello. Si él no le hubiera dicho que no tenía que devolverles el dinero, no se habría enfadado tanto. Isabella se sentó meditativamente en la cama y respiró hondo. — No era mío en primer lugar. Ignis voló junto a Isabella, que tenía los ojos cerrados y le preguntó. – Isabella, ¿qué estás haciendo? Ignoró a Ignis y ce concentró más en su meditación. — No codiciemos nada que no sea mío. – Dijo Isabella mientras inhalaba y exhalaba. Luego abrió los ojos y se levantó de la cama. — No. ¿Cuándo lo pedí? ¡Le dije que le devolvería el dinero! Dijo que no lo necesitaba, ¿qué está mal con él? Si no tuviera expectativas, no debería decepcionarme. Fue la primera vez que me encontré con esta enorme cantidad de dinero desde que llegué a este mundo. No ayudan. No ayudan. Ignis observó a Isabella murmurar y continuar con sus ejercicios de respiración, y habló en voz baja. – Isabella, creo que te has vuelto loca. — No sé. Tengo que terminar de crear la cura y abandonar este lugar lo antes posible. No puedo soportarlo más. Me siento tan tacaña y sucia. Los ojos de Isabella ardían con lágrimas mientras se sentaba frente al escritorio. Ignis se mordió y miró fijamente la espalda de Isabella. Sus ojos tristes se iluminaron cuando empezó a leer un libro sobre hierbas. *** El tiempo había pasado rápidamente. Sólo le quedaban diez días antes de la fecha prometida del antídoto. Ahora, solo necesitaba encontrar esa hierba para el sistema nervioso, pero no era tan fácil como pensaba. Isabella se puso aún más nerviosa después de notar que solo tenía algunos de los libros del Duque Kyar. Fue entonces cuando encontró las hierbas que buscaba desesperadamente. — ¡Lo encontré! Ignis estaba dormido junto a la ventana y sus ojos se abrieron de repente al escucharla chillar de emoción. — ¡Isabella! ¿Encontraste la última hierba? — Sí, finalmente la encontré. Honestamente, estaba muy ansiosa por encontrar la hierba incluso después de leer todos esos libros. Isabella rápidamente escribió el nombre de la hierba en un papel y saltó de su silla. — Ignis, volveré. Isabella le dijo a Ignis emocionada y salió corriendo del dormitorio. Corrió hacia la oficina del Duque Kyar mientras sostenía el papel en la mano. Isabella acababa de girar en la esquina y se topó con el Duque, que estaba a punto de visitarla en su dormitorio. En ese momento, Isabella vaciló. Tan pronto como el Duque se retiró, estiró un brazo y le rodeó la espalda con él. Isabella abrazó inconscientemente la rígida cintura del Duque Kyar. Luego, ella levantó la cabeza y lo miró perpleja. — Lo lamento. — No sé qué es, pero parecías muy emocionada cuando te vi corriendo sin mirar tu camino. — Finalmente encontré la última hierba que necesito. Isabella le entregó un papel, pero pudo ver visiblemente que su rostro se tensaba cuando su mirada se posó en el nombre de la hierba. — ¿Es por esto que estabas tan emocionada? El abrazo que me acabas de dar ahora fue tu último adiós, ¿no? El abrazo fue sólo un error, pero ahora tenía la libertad de decir lo que quisiera. Se sentía como si hubiera conquistado el mundo. — No sé si es un regalo, pero digamos que es… Antes de que ella terminara de hablar, sus grandes manos rodearon su pequeño rostro. Una calidez deliciosa se extendió por su rostro cuando su piel entró en contacto con su mano. Isabella no podía decir si sus manos estaban calientes o sus mejillas. Bajó la cabeza hacia el rostro de Isabella y devoró sus labios con los suyos. La lengua, que se movía dentro de sus labios, estaba demasiado caliente para manejarla. Sus respiraciones mezcladas eran superficiales y ásperas. El Duque Kyar soltó su labio para poder comenzar a chupar el inferior. — Si estamos hablando de tu último regalo, creo que debería ser así. – Le susurró el Duque con voz ronca al oído. [Traducción: Sori]