
He Criado Un Buen Hijo
Capítulo 108
HE CRIADO UN BUEN HIJO Capítulo 107 * * * Previamente, Carlyle había preparado como siempre el agua del baño. Así que mientras él tocaba la vagina de Abella, la llevó lentamente hasta la bañera. —Creo que te vas a resfriar si no te bañas... Ante sus palabras preocupadas, Abella inclinó la cabeza y preguntó. —¿Así que quieres parar? Al escuchar eso, Carlyle presionó aún más fuerte el clítoris que ya comenzaba a hincharse. —No… Es por eso que lo voy a hacer para que estés caliente. Solo quiero que Abella deje que la acaricie y la lleve hasta el borde del deseo, que solo se sienta excitada por mí. Ante esas palabras, Abella dejó escapar un breve gemido… —Ah, eso es… —Lo sé, era sólo una broma. —Oh… Sí… Pero Carlyle estaba ocupado tocando fuertemente la tierna carne sin darle un respiro. Luego, como si esperara que el líquido de amor transparente saliera de la abertura vaginal, lo puso en la punta de sus dedos y lo extiendo sobre el clítoris. Abella tembló levemente ante el placer que se arrastraba lentamente y se hundió más en los brazos de Carlyle. Y con una sonrisa de satisfacción, metió lentamente uno de sus dedos en el agujero de Abella. Tal vez porque todavía hacía bastante frío, las manos de Carlyle aún no lograban aumentar su temperatura. Entonces, Abella levantó las uñas involuntariamente ante la sensación de frío que comenzó a sentir a través de la pared interior caliente. —Hmmm… —Relájate un poco, Abella… Mientras decía eso y movía sus dedos dentro del agujero de un lado a otro, Abella sentía que podría perder la conciencia. Ella solo mordió su labio inferior y frunció el ceño. —Abella... No habrá espacio para que mi pene entre si sigues presionando así… ¿No lo crees? Contrariamente a su rostro inocente, las palabras que decía eran sumamente vulgares. Y Carlyle siguió hablando sin pestañear… —Tu lascivo agujero es demasiado estrecho… Quiero verte gemir de placer y escuchar esos sonidos lascivos que tanto me gustan… —Pero… tu mano… está tan fría… Abella, que apenas si podía hablar, respiró profundamente. Solo entonces Carlyle se dio cuenta de la causa y, con un breve suspiro, sacó la mano. Entonces, como si hubiera tenido una buena idea, sus ojos rojos se iluminaron. Y Abella sintió una extraña inquietud al ver esos ojos. * * * Tal como se esperaba. Abella dejó escapar un profundo suspiro al sentir el pecho de Carlyle presionado contra su espalda, es cómo si la tuviera atrapada en ese estrecha bañera. —Eres un pervertido… —¿Qué? —Pensé que sólo me traerías para que yo me lavara… Abella dijo esas palabras con la esperanza de que Carlyle saliera de la bañera. Pero contrario a lo que ella pensaba, Carlyle de nuevo comenzó a tocarla de nuevo. —Oh, qué haces… Yo… Yo sólo quiero… —Pero para poder lavarte, este tipo de contacto es inevitable. No te preocupes. Te lavaré cuidadosa y profundamente… Mientras Carlyle decía eso, la otra mano de Carlyle ya estaba cavando entre las piernas de Abella. Ella pudo prever lo que sucedería no solo por las grandes manos de Carlyle, sino también por la sensación de la carne pesada que tocaba su espalda. La grande mano de Carlyle comenzó a acariciar suavemente sus pezones. Cuando el esbelto cuerpo de Abella comenzó a estremecerse, Carlyle la agarró aún más fuerte, como si fuera inaceptable que ella se moviera. El agua tibia se movía dentro de la bañera. Abella sentía que un agradable calor recorría su cuerpo, pero al mismo tiempo sentía cómo su estómago se contraía al pensar que algo duro y grande pronto la penetraría. Las yemas de los dedos que frotaban el clítoris a baja velocidad, entraron directamente en la carne tan pronto como el área alrededor del agujero se volvió pegajosa. A diferencia de ocasiones anteriores, el cuerpo de Abella estaba en agua tibia, por lo que se relajó rápidamente. Carlyle envolvió sus brazos alrededor de su cintura de aspecto cansado y la besó en la nuca. —¿Puedo ponerlo…? —Ah… Yo… —No te dejaré ir hasta que digas que sí. Carlyle le dio la vuelta a Abella para que se sentara encima de él y preguntó, frotando la punta de su glande entre sus piernas. —No… No lo sé… Carlyle bajó sus orejas erguidas y le preguntó nuevamente a Abella. —Abella… ¿Puedo ponerlo…? Después de decir eso, presionó su boca contra la blanca mejilla de Abella. Ese acto le pareció demasiado lindo a Abella —Yo… Yo no lo sé… Carlyle dejó escapar un gruñido, estaba cada vez más impaciente porque Abella no dio una respuesta clara. La cola esponjosa también estaba llena de insatisfacción, y el agua salpicaba aquí y allá mientras era golpeada por la cola. Sin embargo, Abella solo sonrió suavemente y no dijo ni una sola palabra que indicara que le daba permiso. En cambio, su cuerpo comenzó a moverse en el agua. De pronto, Abella comenzó a bajar su cintura hasta que el pene de Carlyle la perforó con cuidado. Gracias a que estaba bajo el agua, el húmedo interior se tragó fácilmente al enorme pene. Los ojos de Carlyle se abrieron avergonzados ante la sensación de la pared interior suave y pegajosa. —¿Abella? —¿Sí…? —¿Por qué…? Cuando él miró hacia abajo con sorpresa, el imponente pene ya había sido tragado hasta la mitad por Abella. Y de forma inesperada, Carlyle comenzó a jadear como un idiota. Mientras tanto, Abella devoraba poco a poco el pene lleno de protuberancias. Al principio, pudo haber sido una carga que ese pene tuviera el tamaño del antebrazo de ella, pero ahora no parecía tan difícil como antes… Probablemente porque Abella ya se había acostumbrado… Tan pronto como se sentó completamente en la parte superior de Carlyle, él la levantó. Gracias a esto, la cosa feroz que había llenado por completo el interior, comenzó a moverse cada vez con mayor rapidez mientras arañaba la pared interior. —Ahhh… Hmmm… Comenzaron a haber gemidos cada vez más fuertes y llenos de deseo. Y el agua de la bañera comenzó a desbordarse por los movimientos que recién comenzaban. Sin embargo, los movimientos de Carlyle se estaban volviendo más bruscos. Carlyle agarró la cintura de Abella y la empujó cada vez con más violencia. La mujer que lo montaba se balanceaba de un lado a otro como si fuera una hoja de papel. Entonces Abella miró el pecho reluciente de Carlyle frente a ella y buscó a través del tacto la cicatriz más grande qué él tenía… Ver las heridas le recordó el día que conoció a Carlyle. El recuerdo de un joven Carlyle que la perseguía con sus diminutas extremidades. *** Traducción y Corrección: Hisa Raw: Debb