
He Criado Un Buen Hijo
Capítulo 109
HE CRIADO UN BUEN HIJO Capítulo 108 * * * —Abella, ¿qué te parece? Carlyle frunció el ceño y preguntó de manera nerviosa, notando que ella estaba pensando en otra cosa. El pene seguía apuñalando ferozmente. Y Abella jadeaba sin parar debido a los intensos movimientos. Aun así, Carlyle continuó penetrando salvajemente una y otra vez sin parar. —Ahhh… Nghh… —Abella. ¿Qué piensas ahora? En el pasado, no podía sentir tus lujuriosos movimientos porque siempre estabas dormida… ¿No te gustaría hacer esto día y noche…? —Ohhh, no… Antes yo solo… —¿Qué piensas de los viejos tiempos? No. creo que es mejor sólo pensar en el presente… Cuando me apareo con Abella, todo en lo que puedo pensar es ella... ¿No crees que eso sería lo mejor…? Abella no podía hablar debido al grueso pene que la apuñalaba constantemente. De pronto una de las grandes manos de Carlyle agarró el tembloroso pecho de ella y comenzó a mover su cintura tanto como pudo para satisfacer su codicia. Carlyle penetraba a Abella como si siguiera en celo. Y el agujero que se había abierto a la fuerza temblaba lastimosamente. Cuanto más se retorcía de placer y tensaba su carne Abella, la excitación de Carlyle se hacía más fuerte. —Oye… Ughh… Carlyle… M-más despacio… —No lo haré. Me gusta así y estoy seguro de que a tí también te gusta… Carlyle lo dijo cómo un niño que se estaba revelando. No podía parar porque su codicia lo hacía seguir, quería seguir sintiendo el interior lascivo de Abella. Abella apenas si podía pronunciar palabras cortadas. —No… Yo no... Cuando nos conocimos… Ahhh… Ngh… Yo pensé… Ante esas palabras, los movimientos aterradores de Carlyle se detuvieron por un momento. Y Abella añadió algunas palabras más. —Es sólo que… Carlyle ver la cicatriz en tu pecho me recordó... La mano de Abella recorrió el pecho de Carlyle una vez más. Él la miró en silencio y luego ella reanudó lo que quería decir… —Entonces… Tú eras muy pequeño… —¿Y ahora? —Eres demasiado grande… —¿Yo soy grande? ¿O acaso lo es mi pene…? Abella no pudo responder y Carlyle simplemente sonrió y la besó. —Te amo, Abella. —Sí… Yo también te amo, Carlyle… Ni siquiera estaba en celo, pero ese día… Abella no tuvo descanso hasta la mañana siguiente. Carlyle siguió satisfaciendo sus lujuriosos y lascivos deseos durante toda la noche. Abella, que había sido atormentada por Carlyle durante mucho tiempo, apenas si pudo conciliar el sueño cuando el sol comenzaba a brillar. * * * Carlyle, quien penetró a Abella una y otra vez hasta la mañana, salió de la casa con una pequeña canasta tan pronto como ella se durmió. El lugar al que se dirigía estaba bastante profundo en las montañas. En pleno invierno, cuando no crecen las hierbas medicinales… Era difícil imaginar que es lo que Carlyle quería conseguir. La apariencia de Carlyle cambió en un abrir y cerrar de ojos, ya que era incómodo y más difícil subir una montaña en forma humana. En un instante, se convirtió en lobo y, con la canasta en la boca, se dirigió rápidamente a dónde quería ir. Escaló la montaña cojeando debido al problema de sus piernas, pero sus ojos brillaban como si hubiera encontrado algo. Al parecer había llegado a dónde quería, porque sus ojos mostraban un brillo especial… Había un montón de arbustos de fresas. Como es invierno, también es difícil encontrar frutos. Carlyle corrió emocionado y comenzó a cortar las fresas con sus afilados dientes para ponerlas en la canasta. Y en un instante la pequeña canasta se llenó. Carlyle puso cara de satisfacción mientras miraba la pila de fresas. Luego comenzó a bajar de la montaña con la pesada canasta en la boca. Era una mañana tranquila como de costumbre. * * * Tan pronto como llegó a casa, Carlyle sacó las fresas y comenzó a lavar cada una de ellas cuidadosamente para que Abella pudiera comerlas. Mientras tanto, Abella seguía durmiendo… —Abella, ¿sigues durmiendo? Carlyle se dirigió con cautela a la habitación para despertarla. Pero Abella sólo dejó salir un leve gemido, pero no había señales de que fuera a levantarse. —Abella, ya pasó la hora del almuerzo. —Hmm… —Debes levantarte. —Pero… ¿Quién tiene la culpa de todo esto…? Abella se obligó así misma a levantarse, frotando sus ojos soñolientos. Y después de un gran bostezo, estiró sus brazos. Carlyle la levantó suavemente y la llevó a la mesa. Luego puso una fresa recién lavada en la boca de Abella. —Sí… Es delicioso… Abella, que llevaba rato masticando, de pronto se preguntó de dónde había sacado las fresas Carlyle. —¿Qué, fresas…? ¿Dónde las conseguiste? —Fui a la montaña por la mañana y las recogí. Tomé tantas como pude, ¿Qué tal? ¿Están deliciosas? Sus ojos se veían llenos de ilusión mientras esperaban la respuesta de Abella. Ella levantó las comisuras de sus labios involuntariamente y asintió con la cabeza. —Sí, son deliciosas. —Dijiste que querías comer algo ácido hace un rato. Así que lo recordé y fuí a buscarlas. Ante esas palabras, Abella se conmovió. Era pleno invierno, así que en verdad se sentía agradecida porque él se había levantado por la mañana para recoger fresas en una montaña donde no había hierbas, animales ni nada más. —Gracias, Carlyle… Pero mientras decía eso, las palabras que escuchó de Esha hace un tiempo pasaron por su mente. “Cuando tienes un hijo, piensas en algo dulce.” Ante esas palabras, Abella sintió como si una fresa se le atorara en la garganta. “Ahh… De ninguna manera…” Abella tomó algunas fresas más que Carlyle le estaba dando, tratando de sacudirse esos pensamientos. —¿Te gustaría un sándwich con fresas y miel hoy? —¡Sí! ¡Hazlo! ¡Será delicioso! Carlyle sonrió suavemente ante la respuesta de Abella. Estaba muy feliz de saber que todo lo que había hecho le había gustado a Abella. —¿Hacemos un muñeco de nieve más tarde? —Está bien, haré cualquier cosa mientras esté al lado de Abella. Como siempre, era un día cualquiera. No muy diferente al año pasado, la cabaña de Abella estaba llena de nieve y dentro estaba Abella, quien continuaba ocupada con su día a día. Al igual que el invierno pasado, Abella hizo un muñeco de nieve y por supuesto antes había comido fresas… Luego cuando sintió que se estaba congelando, entró a la cabaña, arrojó un poco más de leña a la chimenea y bebió chocolate caliente. La única diferencia era que ahora Abella tenía una familia, ya no estaba sola. —¡Carlyle, ven aquí! ¡Ponte un abrigo y una bufanda! ¡Si no te lo pones, te resfriarás! —¿Pero no Abella también está utilizando una ropa muy delgada? —Oh no… Yo estoy muy abrigada… Entonces, Carlyle dijo mientras jugaba con la bufanda que Abella le había hecho. —Enséñame cómo tejer. —¿Sí? ¿Por qué quieres aprender a tejer de repente? —Yo sólo… El próximo invierno, quiero darle a Abella una bufanda tal y cómo ella la hizo para mí. —Hmm… Mi bebé no tiene mucha concentración y paciencia, así que no creo que le vaya bien... —¡No es cierto! ¡Si Abella es quien me enseña, estoy seguro de que lo haré bien! Carlyle frunció los labios y subió la cremallera del abrigo de Abella hasta el final de su cuello. Incluso si se quejaba de esa manera, estaba muy emocionado de poder jugar con la nieve. Los dos salieron y comenzaron a hacer un muñeco de nieve. Después de un tiempo, terminaron de hacer el muñeco. Carlyle, quien hizo la mayoría en realidad lo hizo bastante bien. Después entraron a la cabaña a casa y Abella comenzó a enseñarle a tejer. Ella no podía contener la risa mientras miraba a Carlyle que estaba sentado en silencio y haciendo todo lo que ella le decía. —¿Por qué te ríes tanto? —Es solo… Es sólo que es divertido. Un lobo tejiendo. —Oye, ¿qué hay de malo en eso? —Bueno, incluso si buscas por todo el mundo… Estoy segura que eres el único lobo que teje… ¿No lo crees? Carlyle no sabía lo ridículo que se veía al mover un pequeño gancho con un cuerpo tan grande. Pero Abella estaba feliz de saber que él lo estaba haciendo por ella. El tiempo pasó, la chimenea ardía y Abella, apoyada en Carlyle, dormitaba. Carlyle miró a Abella así y tejió con más fuerza y rapidez. Carlyle, que había estado tejiendo durante tanto tiempo, sonreía con orgullo porque finalmente había terminado algo. Luego, mirando a Abella, que seguía dormida y apoyada en él… Le dio un beso en la frente con cautela y cariño. —Te amo, Abella. Abella, que aún estaba dormida, se estremeció y respondió. Sin siquiera abrir los ojos, murmuró con voz somnolienta. —Sí… Yo también… Te amo, Carlyle… Era difícil saber si estaba durmiendo o no. Aun así, Carlyle tenía una sonrisa en su rostro por lo que había escuchado. Antes, el invierno se sentía demasiado frío y solitario, pero ahora se sentía acogedor. Tanto para Abella como para Carlyle… Éste y los futuros inviernos serán tan cálidos que nunca volverán a sentirse solos. Siempre estarán juntos… <Cuando un hijo bien criado crezca, seguramente será una bendición> FIN *** Traducción y Corrección: Hisa Raw: Debb Hisa: Llegamos al final de la novela. Muchas gracias por su paciencia y sobre todo por haber leído hasta el final. Hubo algunas pausas, pero en verdad agradezco el tiempo que dedicaron para leer ésta historia. Seguiremos trayendo más traducciones de novelas y esperamos que nos sigan apoyando tal y cómo lo hicieron con ésta. Nuevamente, gracias. 😉