
La agotadora realidad de la transmigración a novelas
Capítulo 27
La agotadora realidad de la transmigración a novelas Capítulo 27 Era difícil responder. —Dios. Cuando Rosetta respondió así, con un tono teñido de arrepentimiento, Blanca cerró el puño en el aire y volvió a esconder la mano. —Bueno, ya es suficiente. En primer lugar, ni siquiera nos queríamos. Teniendo en cuenta que hablaba de su difunto marido, lo hacía de una manera muy poco amistosa. Sin embargo, era imposible juzgar cómo era su relación debido a la forma tan afectuosa en que ella acarició el anillo antes. —De todos modos, lo que ibas a mencionar antes, princesa... Tengo curiosidad por eso. Dios, bueno, incluso hiciste una gran propuesta apresuradamente. Como antes se había comportado con calma, una voz educada se dirigió a Rosetta. Todavía había curiosidad, pero eso era todo. Si hubiera querido dejar de negociar, no habría vuelto a preguntar. Por un momento, Rosetta miró la mano de Blanca por alguna razón, y luego abrió los labios para hablar, mientras miraba más allá del velo de Blanca. —Madame Blanca, espero que sólo diga la verdad. ¿Sabe usted quién es este hombre? Ante la pregunta seria, Blanca se lo pensó un momento. —Sólo por casualidad. Ya conocía su cara, así que le reconocí de un vistazo. —Muy bien, entonces me será más fácil explicarlo. —Rosetta hizo una pausa y volvió a hablar. —Voy a convertir a este hombre en duque. —Oh, Dios. —Así que necesito su ayuda en esto. Esa es mi petición. Blanca se quedó sin palabras, pero se tapó los labios con regocijo. —¿Expulsarás al otro hijo... y harás Duque al hijo mayor? Blanca hablaba para sí misma, como si ella no pudiera escuchar. Después, al recostarse en su silla, Rosetta pudo sentir la reticencia de la otra mujer. —Para una sóla petición... Habrá mucho que hacer. Ella era una comerciante rápida. Sin duda, estaría perdida si aceptara un pedido tan grande como éste. Si tuviera que enumerar las peticiones que Rosetta había hecho… Una herramienta mágica para cambiar la apariencia y una investigación sobre alguien: ambas eran peticiones necesarias para convertir a Cassion en duque. —Bien. Por supuesto, te compensaré por todo. Afortunadamente, no había escasez de recursos financieros. Aunque era una hija ilegítima, Rosetta era tratada como una princesa ducal al igual que Alicia, excepto por el hecho de que su familia se sentía incómoda con ella. Ropa, comida, vivienda, dinero de bolsillo, cualquier otra cosa. ¿Y qué tipo de presupuesto tenía una princesa en un ducado rico como el suyo? Ni siquiera era necesario ir a una caja fuerte para conseguir el dinero necesario. Los joyeros llenaban los cajones de su tocador, incluso podría comprar algunas casas en la capital con ellos. —Aunque tenga este aspecto, tengo algo de dinero. —...Eso dices, pero ya parece que tienes mucho dinero. —Con un tono incrédulo, Blanca señaló hacia Rosetta. —Si lo entiendes, entonces está bien. De todas formas, como sabes, necesitaré mucha ayuda para hacer que ese hombre sea duque. —Rosetta hizo una pausa. Si hubiera una taza de té delante de ella, habría tomado un sorbo. Después desvió su mirada hacia el dormido Cassion. Incluso sin mirarlo, sabía que tendría una expresión tranquila. Rosetta estaba haciendo mucho en este momento, pero ¿para quién era? Por supuesto, "Alicia" era la razón fundamental. Desvió la mirada una vez más, recordando la brillante sonrisa de Alicia. Luego, al mirar a la mujer con velo, abrió los labios. —Bajo la petición de “convertir a ese hombre en Duque”, me gustaría reunir una lista de peticiones más pequeñas. Para ser sincera, lo hago así porque sería molesto solicitarlas una a una. Es posible que tenga que contactar con vosotros para una petición en el futuro, y sería agotador para mí volver aquí cada vez. Y, las peticiones necesarias que te pediré en ese momento... creo que ya sabes lo que te espera. —En resumen, para hacerlo duque, quieres pedirme prestada a “mí” mísma, ¿es eso? —Si lo pones así, entonces sería como si te encadenara. ¿Qué tal esto? ¿Por qué no trabajamos juntas hacia un objetivo? Sólo quiero que me eches una mano, no me importa que sigas aceptando peticiones de otras personas. El velo se movió sutilmente. A juzgar por cómo le temblaban los hombros, era una risa silenciosa. Entonces, enderezó su postura, antes laxa. Se volvió lentamente hacia Cassion. —Primero, tienes que decirme quién es esa persona. —Ya has averiguado quién es. —Si no me lo dices directamente, está en mi código seguir fingiendo que no lo sé. Era un código que seguía fielmente porque valoraba los secretos de los clientes. —Cassion Carter, el heredero de la familia Carter que no puede usar magia. —Ajá. —Fue una exclamación sin alma. Mirando fijamente a Cassion durante un rato, Blanca se sentó con la espalda recta. —El precio será caro. ¿Aún así me pedirás que lo haga? —¿Puedo pagar primero el anticipo y luego darte el resto? —¿Por qué? Has dicho que tienes más dinero del que creo. —Lo tengo, por supuesto, pero no creo que sea en el grado de abundancia que tú piensas. Si tienes éxito después… —Rosetta levantó un dedo y señaló hacia Cassion. —Puedes sacarle más dinero a él, ya sabes. Luego, Rosetta cortó el aire con el mismo dedo y lo retiró. Blanca no respondió. Tal vez la forma en que Rosetta se veía, mientras se sentaba tranquilamente, era sospechosa. El silencio llenó la habitación. Aparte del ocasional sonido de la respiración, no había absolutamente ningún sonido. ¿Cuánto tiempo iba a permanecer así? Pronto, el sonido de una superficie siendo golpeada resonó en el aire. De la misma manera que una luz repentina en medio de la oscuridad sería intermitente, el sonido emitido durante este prolongado silencio era demasiado fuerte. Y el sonido provenía de la mano de Blanca. Su mano, que estaba sobre la mesa de cristal, daba golpecitos en la superficie con un ritmo gradualmente creciente. Rosetta miró hacia el rostro velado, preguntándose si era la forma que tenía Blanca de expresar su rechazo, pero Blanca se echó hacia atrás en su asiento justo en ese momento. —¡Jajajaja! —Y un estallido de risas fuertes y bulliciosas resonó en el aire. Fue un estallido tan repentino que Rosetta tuvo que preguntarse de dónde venía. Al igual que Blanca había golpeado la mesa durante mucho tiempo, dejó de reírse poco a poco sólo cuando su garganta se cansó de su revoltosa carcajada. —Juu. Parecía que le costaba bastante recuperar el aliento. No paraba de decir: "Ja... p... pfft..." mientras se cubría la cara con una mano. Sólo cuando dejó de reírse, la situación volvió a ponerse en orden. —Ah... Já. Me disculpo profundamente. —habló con voz entrecortada, con las manos aún en los costados. Pasó mucho tiempo antes de que esas palabras salieran de sus labios, y sonó aún más divertida. —No pasa nada. Si te ríes, la fortuna vendrá a ti. Serás más dichosa. —Oh, creo que lo que prometiste ya está aquí. Siento que a partir de ahora viviré cada día entre risas. ¿Cuánto hace que no me siento así? —Mientras Blanca decía esto, golpeaba con calma el reposabrazos de su silla. Ta, da, da, da, dak. El sonido de sus cinco dedos golpeando el reposabrazos era rítmico. —Entonces, ¿has encontrado una respuesta después de reírte? —...En primer lugar, es cierto que es poco convencional e inimaginable. Al mismo tiempo, es inédito pero plausible. Así que... me pregunto, ¿cómo sería posible hacer esto? La lengua de un comerciante es muy pesada. Con un último toque, una extraña tensión flotaba en el aire. —¿Qué te parece? Al preguntarle brevemente, Blanca se inclinó hacia delante. Estaba tan cerca que Rosetta pensó que podría ver sus rasgos a través del velo. —Entonces, primero, trataré esto como un par de peticiones de un cliente habitual. La colaboración… la decidiremos más tarde. Rosetta no sabía si lo había visto mal o no, pero le pareció ver unos labios rojos dibujando una línea bajo el velo. —Esto parece una prueba. —dijo Rosetta. —No, en absoluto. ¿No te gusta este acuerdo? —¿He dicho eso? Se me da muy bien hacer exámenes, ya sabes. —Ah, más de lo que parece otra vez. Blanca se rió, y luego volvió a hablar en voz baja: —Entonces, avísame si tienes otra petición. Tu objetivo es ambicioso, así que dejémoslo así por ahora. —No. Me iré después de ver tu cara. —¿Oh? Así que tienes otra petición. Rosetta se limitó a encogerse de hombros ante la exclamación poco entusiasta de Blanca. Incluso ella sabía que era mucho para una petición. —Este hombre necesita un nuevo estatus. Y esa persona que mencioné antes, la que te pedí que investigaras. —Sí, esa persona ya está bajo observación de nuestro personal competente. Hubo sólo una persona que vino a la mente de Rosetta cuando Blanca mencionó "personal competente": El hombre que estaba a su lado era totalmente leal y dedicado en la novela. ¿Era Logan? No recordaba bien el nombre, pero quizá sonaba parecido. En cualquier caso, aunque no recordara el nombre, Rosetta sabía que el empleado que Blanca mencionó era alguien de confianza. Rosetta asintió y continuó hablando: —De todos modos, Cassion y esa persona, ambos necesitan títulos falsos. Definitivamente, lo suficiente para que consigan trabajo en la mansión de mi familia. —En resumen, me estás pidiendo que les haga nuevas identidades para que puedan entrar en el feudo de tu familia, ¿correcto? —¿Puedes hacerlo? En lugar de responder, Blanca mostró el dorso de su mano derecha. Luego, agitó su dedo anular. Agitó el dedo en el aire como si fuera el ala de una mariposa. —Aceptaré tu oferta de los diamantes. Afortunadamente, el dedo anular de mi mano derecha está vacío. Lo que significa, que fue una aceptación obvia. * * * Se sintió como si una tormenta hubiera pasado y se hubiera ido. Su cuerpo se dejó caer contra el respaldo de la silla, pero al recordar el hecho de que había olvidado comprobar el estado de Cassion, se levantó de su asiento. La somnolencia la invadió. No había podido dormir bien durante algunas noches, así que esto era inevitable. Después de venir a este mundo, siempre le faltaba el sueño de alguna manera. “Ah, también es lo mismo en ese lugar, esta falta de sueño". Debido a su caótico entorno, sólo ahora recordaba las memorias que casi había olvidado. Fue como un recordatorio silencioso, una reprimenda silenciosa de "cómo te atreves a olvidarte de ti misma". Después de presionar su cabeza palpitante, se sentó junto a la cama donde se encontraba Cassion. —Yo también quiero tumbarme y dormir. Estaba tan cansada que empezó a hablar sola, y ante esto, se rió. "Ah, botiquín de primeros auxilios". Ahora que lo pensaba, se olvidó de pedirle a Blanca que preparara un botiquín. “¿Debo llamar de nuevo?” Lo hizo, y el personal vino a darle un botiquín. Oh, ella se sentía increíblemente perezosa sólo de pensarlo. Cuando miró el reloj, ya eran las 2:05 de la madrugada. Se apoyó en la cama, como si ella misma también se hubiera derrumbado. Incluso cuando Cassion ya estaba tumbado en la cama, aún quedaba mucho espacio para que una segunda persona se tumbara allí. Sus pesados párpados parpadearon. Hoy han pasado muchas cosas. Usó su fuerza, que aún no era estable, y ya podía sentir los efectos que tenía en su débil cuerpo. Sus sentidos le dieron la bienvenida al abismo lentamente. "Aunque no puedo hacer esto…” Había escarbado en sus recuerdos lejanos e incluso había hecho reanimación cardiopulmonar. ¿No era tan injusto que el hombre al que apenas había salvado volviera a resultar herido y se metiera en problemas? Y sus ojos parpadeantes apenas se calmaron. Puede que se haya quedado dormida un rato, porque el segundero del reloj marcaba ahora 15 minutos. “Tengo que recomponerme. Sólo hay que tratarlo, entonces yo también dormiré". Apoyó el brazo en la cama y levantó su cuerpo cansado. Pero tan pronto como se levantó, algo se deslizó hacia abajo. Era una manta. "¿Dormí con una manta?” No puede ser. Se quedó dormida sin darse cuenta, así que no era posible que hubiera tomado una. Mientras miraba la manta con confusión, giró lentamente la cabeza y miró a Cassion. Aunque tenía un aspecto inusualmente rígido, sus ojos estaban cerrados tranquilamente.