La agotadora realidad de la transmigración a novelas

Capítulo 42

La agotadora realidad de la transmigración a novelas Capítulo 42 * * * —¿Por qué estamos aquí? ¿No es momento de que me lo digas? Al escuchar la pregunta pronunciada detrás de mí, dejé de caminar. Mirando hacía atrás, vi a Cassion mirándome fijamente como una expresión molesta. Había estado siguiéndome firmemente hasta ahora. Bueno, para ser exactos, todo lo que podía ver eran sus labios en una línea recta porque él estaba usando una máscara negra. Ahora que había pasado más o menos una semana desde el accidente de Cassion, su búsqueda no sería tan extensiva como había sido antes. Sin embargo, no había nada malo con ser precavidos. El hecho de que había pasado ya una semana era solo eso… una semana había pasado. Miré a la máscara negra, cerca de donde estaban sus ojos. Después, abrí mis labios para hablar. —Me preguntaste más tarde de lo que pensé, ¿mm? Ahora mismo, caminábamos por un callejón miserable y, a juicio de cualquiera, era un lugar que rezumaba pobreza. Varias estructuras en ruinas y tiendas que estaban en muy mal estado para llamarse casas. Basura rodando en la calle, tan sucia que se había vuelto negra. Hedores extraños permeaban en todos lados. Usualmente, un lugar oscuro como este está bastante lejos de lugares iluminados, y el lugar más brillante en el ducado era la mansión Valentine. Nuestro tiempo de viaje de la mansión a este lugar había sido algo largo, sin embargo, durante ese tiempo, Cassion no se quejó ni hizo una pregunta. Cuando salimos del territorio del Duque en el carruaje, cuando le pedí que usara la máscara que le di durante el viaje, él no hizo ni una pregunta. Incluso hasta cuando nos detuvimos en la Librería Larrington, escapamos por la puerta de atrás y caminamos por un largo tiempo hasta que alcanzamos este callejón miserable. Si hubiera sido yo, ya habría preguntado cuando se puso la máscara. Ante mi pregunta, Cassion no contestó. Todo lo que podía ver eran sus labios en una línea recta, así que no podía leer su expresión. Él continuó mirándome fijamente, entonces dio unos pasos hacia delante para alcanzarme. De pie junto a mí, se inclinó un poco antes de abrir la boca. —Me pediste que viniera contigo, así que probablemente vamos a algún lugar donde debo estar. Y sé que me lo dirás después, entonces pensé que tan sólo aún no era el momento “apropiado”. Yo parpadee. El tono de voz rígido con el que hablaba me sonaba a lloriqueo. Él confió en mí y siguió esperando, pero parecía que se había enfadado porque no mostré señales de decirle nada. No podía ver nada debajo de lo que cubría la máscara, pero por alguna razón, podía saber qué clase de expresión estaba haciendo en ese momento. Obviamente, era una expresión deformada que encajaba con su tono gruñón. Sonreí ligeramente y empujé el hombro del hombre con un dedo. Se había inclinado para ponerse a mi altura pero ahora volvía a estar erguido. —Hay alguien a quien estoy buscando aquí. Alguien que ayudará. Mientras volvía a avanzar poco a poco al contestarle, Cassion igualaba mis pasos a una velocidad relajada. —Alguien que ayudará… Entonces, ¿es la persona de la que hablaste la última vez? ¿Dijiste que su nombre es “Diana”? —Bueno, el objetivo final es ella, pero no es a quien buscamos hoy. —¿Entonces? La respuesta a la pregunta de Cassion estaba en la nota que llevaba en el bolsillo. Hace dos días, cuando Blanca se hizo pasar por empleada de la librería y visitó la mansión, ¿no dijo que necesitaba mi ayuda para la petición adicional que le envié antes? La relacionada con Diana. Entonces me dio un libro con esta nota entre sus páginas, diciéndome que lo revisara más tarde para saber qué tipo de ayuda necesitaba de mí. Cuando Blanca se marchó, abrí el libro inmediatamente. Dentro había un velo muy parecido al que ella llevaba siempre, y debajo estaba la nota. Esto era lo que estaba escrito en ese pequeño trozo de papel: “Dos días después, use esto y vaya al lugar marcado en este mapa”. Y ese mapa estaba escrito en la parte de atrás de la nota, representando los callejones cercanos a la ciudad del territorio ducal. En medio de la representación de callejones sinuosos, se dibujaba una línea roja a lo largo de un solo callejón, y el camino donde terminaba esa línea roja estaba marcado con estrellas. Parecía ser el destino. Tras comprobar de nuevo el lugar marcado, volví a leer la nota. “A lo largo del callejón que se ha marcado aquí, compre una muñeca y llévela consigo. Cuando llegue al destino, habrá alguien esperándola para ayudarle con su petición. P.D. Lleve a su caballero escolta.” Era imposible saber qué estaba pasando, pero no tuve más remedio que hacer lo que me decían. La Blanca que yo conocía ya estaba haciendo todo lo posible por cumplir la petición que le hice. Por muy extrañas que fueran las instrucciones, estoy segura de que esto me iba a servir de ayuda de alguna manera. Por eso vine hasta aquí con Cassion, y llevaba el velo sobre la cara tal y como me habían indicado. Por desgracia, aún no hemos encontrado las muñecas que supuestamente se vendían en este callejón. Sin embargo… —Debería estar aquí. Alguien que pueda ayudarme a encontrar a esa mujer. —Respondí a medias, mirando a mi alrededor. Quizá la vendedora de muñecas estuviera por aquí. “Si voy aún más lejos, no creo que vea ni una sola hormiga, y mucho menos un ser humano”. Aunque ya hemos caminado bastante, aún no he podido encontrar al supuesto vendedor de muñecas. Lo único con lo que nos hemos cruzado han sido algunas personas mendigando en la calle o vendiendo flores rudimentarias. Excepto ellos, que nos miraban furtivamente porque parecíamos sospechosos ante los demás, ya que llevábamos máscaras y capuchas. “De haber sabido que esto pasaría, debería haberme traído otro muñeco". Aunque aunque pensaba así, pronto sacudí la cabeza. La instrucción concreta era "comprar una muñeca allí", así que debía atenerme a esas palabras. Quizá tuviera que dar muchas vueltas para cumplir esa condición. Tal vez, podría descubrir una pista con el vendedor de muñecas. —En lugar de eso, Maxwell, ¿por casualidad…? —Me interrumpí. Porque alguien apareció de repente y se puso delante de mí. Afortunadamente, aún había cierta distancia entre nosotros, así que no chocamos. Aun así, la persona que apareció de repente era tan inesperada, ya que estaba por debajo del nivel de mis ojos. Para hacer contacto visual con la otra persona, bajé la mirada. Bastante. Era una niña pequeña cuya altura ni siquiera me llegaba a la cintura. Y, a primera vista, era evidente lo delgada y desnutrida que estaba. —¿Qué pasa? Cuando pregunté en voz baja, pude ver que los hombros de la niña temblaban. Era incómodo de ver porque daba la sensación de que la niña estaba asustada sin motivo, aunque fuera ella quien de repente me cerraba el paso aquí. —Si no tienes nada que decir, ¿puedes dejar de bloquear mi camino? Hay un lugar donde necesito estar. Mientras hablaba con calma, sentí la mirada de Cassion clavada en mí. En ese momento, giré ligeramente la cabeza para mirarle. Entonces, levanté ligeramente el velo con el abanico en la mano, mostrando apenas los labios. “¿Qué?” Tras hacerle la pregunta, volví a mirar hacia delante sin esperar la respuesta. La niña seguía en medio. Pensaba simplemente esquivarla y seguir caminando, pero la pequeña mano de la niña empezó a bajar lentamente. Y el lugar hacia el que se dirigían aquellos finos dedos era su propia bolsa. Era una vieja bolsa de tela que parecía a punto de romperse. Y tras rebuscar en la bolsa, la niña sacó unos pequeños muñecos. Estaban hechos torpemente con materiales toscos, y en realidad apenas podían llamarse muñecos. La niña me tendió algunas muñecas y dudó un momento, pero finalmente me las mostró por completo. —H... Hola. P... Por favor, compre una m... muñeca. La joven comerciante de muñecas soltó un tímido y descuidado discurso de venta. Si fuera otra persona, no habría mirado dos veces lo que se vende. Sin embargo, estas palabras eran lo que llevaba tiempo queriendo oír. —De acuerdo. ¿Cuánto? Cuando le pregunté sin vacilar, los ojos de la niña brillaron intensamente. Cassion pensó que era una suerte que ahora llevara una máscara. De lo contrario, ahora mismo le habrían atrapado con cara de incredulidad. Sus ojos negros bajo la máscara miraron en silencio hacia una persona: la mujer que caminaba a su lado, Rosetta Valentine. Su rostro también estaba cubierto con un velo, por lo que él no podía ver su expresión. Pero a simple vista, e incluso cuando sólo se le veían los labios, estaba claro que sonreía. Al verla juguetear con el tosco muñeco, parecía muy satisfecha. —Qué inesperado. Mientras miraba a Rosetta, abrió tranquilamente los labios para hablar. La mujer se giró para mirarle. —¿Qué cosa? Aunque no podían establecer contacto visual debido a la cubierta que cubría los ojos de ambos, él bajó la mirada porque, a pesar de todo, le pareció que sí era así. Pero cuando su mirada se detuvo en el escote de Rosetta, se sorprendió momentáneamente, así que volvió a levantar la vista y la fijó en sus labios. —Pensé que aunque te instaran a comprarlo, ignorarías a la niña y pasarías de largo. Ya sea comprándoles algo o dándoles limosna, no pensé que mostrarías compasión en una situación así. Antes, cuando la niña bloqueó el camino y le tendió las muñecas, Cassion pensó que Rosetta absolutamente no compraría ninguna muñeca. Porque ella no parecía interesarse en nada que no le sirviera. No es que él pensara mal de ella. La gente tiene personalidades diferentes, y desde su punto de vista, Rosetta podía ser fría, pero no era mala persona. No es necesario que una persona compre una muñeca que le está vendiendo un niño, así que si ella hubiera ignorado al niño y hubiera pasado de largo, él habría pensado: "Así es Rosetta". Pero en lugar de eso, Rosetta compró una. Y aunque la niña se lo ofreció todo, ella sólo cogió uno. La niña, nerviosa, le dijo que cogiera todas las demás muñecas, pero Rosetta le dio una palmadita en la cabeza y le dijo que no. —No es que no quiera cogerlas. Simplemente las dejaré a tu cuidado durante un tiempo. Así que quédatelos por ahora hasta que vuelva a buscarlos. Hablaba con una voz tan dulce que Cassion sólo pudo mirar a Rosetta sin comprender. Todo lo que hacía era siempre inesperado. Que comprara una muñeca voluntariamente, que hablara tan dulcemente a la niña, que le diera más dinero de tal manera que la niña no se sintiera avergonzada por ello. Para ser sinceros, no había ninguna razón para que volvieran a este callejón. Por supuesto, ella no tendría que volver a encontrarse con esa niña. Sin embargo, como dio más de lo que debía pagar, quizá fue su forma de instar y reconfortar a la niña diciéndole que volvería a por las otras muñecas más tarde. Era extraño. Se preguntó si la había juzgado precipitadamente como una persona de corazón frío sólo por su aspecto exterior. Mientras tanto, Rosetta sólo parpadeó al oír la pregunta de Cassion. Bajo el velo, su expresión se tiñó de sorpresa. Con la muñeca de tela áspera en las manos, Rosetta pensó: "¿Compasión?” ¿Ella? La propia Rosetta desconocía el significado de aquella palabra.