La agotadora realidad de la transmigración a novelas

Capítulo 52

La agotadora realidad de la transmigración a novelas Capítulo 52 Sin importar lo extraños que fueran los sonidos que escuché, al final sigue siendo mi jardín. ¿Qué hay que temer? Además, mi cuerpo estaba acostumbrándose a mi fuerza interna lentamente. Mi fuerza externa —Eso es, mi fuerza muscular— todavía es insuficiente, pero no hasta el punto en que estaría asustada de algunos ruidos extraños. Con una risita, recogí la espada de madera que yacía en el suelo cercano. —¿Es de repuesto? —Ah, sí. —¿La puedo usar? —¿Qué harás con ella? En lugar de contestarle, puse mi chal en el suelo y recogí la espada. Mientras agarraba la ligera espada, me di cuenta de lo mucho que había pasado desde que sostuve una en mis manos, así que me sentí un poco sentimental. No, ahora que lo pienso, no ha pasado tanto tiempo. El otro día empuñé una para demostrar los fundamentos de la esgrima a él. Sin embargo, eso era sólo para enseñarle la forma apropiada. No era como hoy. Con un sólo golpe, la espada de madera que tenía en la mano cortó el aire. Shhhk. Un sonido agudo siguió de cerca el movimiento de la espada. Y fue como si hubiera una imagen posterior. Entonces, giré lentamente la muñeca, lo que hizo que la ligera espada girara en mi mano. Mientras giraba la espada y calentaba, los ojos de Cassion se agudizaron. Por esta razón resulta más fácil interactuar con personas ingeniosas. Aunque yo no dijera nada, él entendió y se preparó. Di unos golpecitos con el lado afilado de la espada en el tacón de un zapato y luego hablé. —¿En serio tienes que preguntar? Te ayudaré a entrenar. Vamos a pelear. Ven a mi. * * * Screeech. Los afilados filos de las espadas de madera chocaron y produjeron un fuerte ruido. Aunque estaban talladas ágilmente, las dos espadas chocaron y devastaron sus granos de madera. Las espadas se separaron con fuerza. Los pies de Cassion en el suelo retrocedieron un par de pasos. Sus gruesas huellas quedaron grabadas en el suelo húmedo y cubierto de rocío. En contraste, Rosetta permanecía inmóvil en el mismo lugar. Su delgada muñeca parecía incluso más delgada que la espada que sostenía, y él no pudo evitar preguntarse de dónde procedía su fuerza. —Tu muñeca es débil. Cuando nuestras espadas chocaron antes, tu muñeca se dobló hacia atrás. Tu codo también. A pesar de que ya habían intercambiado golpes varias veces, su voz se mantenía firme. Sin respiración entrecortada. Ella señaló hacia el codo de Cassion con la punta de su espada y la movió en esa dirección. Aunque él podía ver claramente la trayectoria de la punta de la espada, le resultaba difícil esquivarla. Su rígido codo se apartó del ataque, pero la espada se dirigió hacia la zona cercana a su hombro. Justo al lado de su hombro, para ser exactos. Y, a su vez, justo al lado de su cara. Cassion soltó un grito ahogado mientras miraba la espada de madera pulida. “—Si estas espadas fueran reales, ya estarías muerto". Rosetta había dicho estas palabras muchas veces durante la corta sesión de entrenamiento, y parecían resonar en sus oídos. —...Me rindo. Ya era su décima derrota. Gruesas gotas de sudor resbalaban y empapaban el suelo como si fueran gotas de lluvia. Rosetta retiró su espada con expresión poco impresionada. —No hay fluidez en los movimientos de tus muñecas, codos y hombros, por eso eres tan rígido en lugar de flexible. Las espadas no deben blandirse sólo con la fuerza. Ante las palabras de Rosetta, Cassion intentó inmediatamente girar la espada que tenía en la mano. Efectivamente. Tal como ella dijo, la forma en que se movía con la espada se sentía torpe. En realidad, no estaba haciendo ningún progreso durante las sesiones oficiales de entrenamiento. Era conocido por ser un caballero de origen común, y de repente apareció de la nada. No, la verdad, era irrisorio incluso llamarle caballero. Otros sin duda se burlarían de él por alcanzar la posición de "caballero escolta" sólo por sus conexiones con la princesa ducal. Cassion lo sabía. Si estuviera en los zapatos de los demás caballeros, tampoco le gustaría ver a alguien como él entrar en el escalafón. Sin embargo, no tenía ganas de discutir con nadie sobre justicia, ni igualdad ni nada parecido. Todo lo que tenía que hacer era proteger la vida de alguien, entonces podría soportar cualquier mirada amarga con tal de hacer lo que tenía que hacer. Aún así, era perjudicial para su progreso que nadie quisiera entrenar con él. Alguien que es como un espantapájaros que sólo puede quedarse quieto era alguien que no sería capaz de entrenar adecuadamente. También había un límite a los movimientos que podía practicar por su cuenta. Por muy elaboradamente que intentara imaginárselo, no sería capaz de saber lo que se siente al intercambiar golpes, cuando una fuerza se encuentra con otra. Sin embargo, mientras chocaba espadas con Rosetta hoy, se dio cuenta de sus defectos uno tras otro. Y estaba emocionado. Era la primera vez que experimentaba tal satisfacción al descubrir sus deficiencias. A través de esta experiencia, si podía encontrar sus debilidades, si podía deshacerse de las cosas que un día podrían matarlo… Era tan divertido cómo ahora podía identificar sus defectos y entrenar gradualmente para superarlos. Por otro lado, también sentía que era una pena. Una vez que llegara mañana, blandiría esta espada en soledad una vez más. "Bien, debería intentar hacer todo lo que pueda hoy.” Quería disculparse con Rosetta, ya que su sueño fue perturbado en medio de la noche, pero él quería entrenar tanto como pudiera. Por el bien de familiarizar su cuerpo con esta sensación. Sin embargo, su cuerpo no cooperaba con él adecuadamente. Mientras intentaba practicar una mejor fluidez en los movimientos de su brazo al girar la espada en su mano, Cassion hizo una mueca ante el repentino dolor que le asaltó. —Ugh. —¿Qué ocurre? Rosetta lo había estado observando desde cierta distancia, pero en cuanto oyó su débil gemido, se acercó a él, sorprendida. —No, estoy bien. Cassion negó con la cabeza y escondió la mano detrás de la espalda. Por supuesto, era imposible que Rosetta le creyera. —¿Cómo que no? Déjame ver. Una mano pálida agarró la muñeca del hombre y la arrastró hacia delante. Cuando la espada se dejó caer al suelo y ella le abrió la palma, bastó una mirada para ver lo llena de heridas que tenía la mano. Sin decir palabra, Rosetta se quedó mirando la mano de Cassion durante un rato. Unas manos ásperas e indecorosas. A diferencia de las suyas, pálidas y delicadas. —... Estás sangrando. —No es nada. Estoy bien. —No estás bien. —Una voz severa le respondió de inmediato, como si se rehusara a aceptar la mentira a la que él intentaba apegarse. Rosetta dejó escapar un pequeño suspiro y soltó la espada que llevaba en la mano. —Es suficiente entrenamiento por hoy. Ya que estás así, deberías tomarte mañana libre también. —No, pero… —Tienes que hacerlo. Escúchame. Una voz fría cortó al hombre a mitad de frase. Cassion se miró la mano por un momento y luego también dejó escapar un suspiro superficial mientras asentía. A continuación, Rosetta sacó un pañuelo y le limpió suavemente la palma herida. Cada vez que el suave pañuelo de algodón tocaba sus heridas, la nuca de Cassion se ponía roja. —Los caballeros no entrenan contigo, ¿verdad? —Sus ojos dorados permanecían fijos en la palma de su mano mientras hablaba. —Entonces, es mejor que tomes una siesta. —¿Qué? —Toma una siesta y nos vemos por la noche para entrenar. Pelearé contigo. Ah, en realidad, olvida eso. ¿Por qué no te saltas el entrenamiento y ya? —¿Qué...? Riéndose de la segunda vez que le hacía la misma pregunta, Rosetta levantó ligeramente la mirada y sus ojos se encontraron. —No tienes porqué quedarte allí si no te están enseñando apropiadamente. Es una pérdida de tiempo. ¿Por qué no vienes a entrenar aquí a esa hora? Déjamelo a mí. —Pero si hago eso, se llevarán una impresión peor. —No tienes que preocuparte por eso. De todas formas, nuestro objetivo es otro muy distinto. Además, una vez que seas nombrado oficialmente caballero escolta, no tendrás que volver a verlos. Rosetta tenía razón. En el momento en que fuera nombrado caballero escolta, ya no necesitaría entrenar con los otros caballeros. Incluso si se topaba con ellos de vez en cuando, ya no sería menospreciado, puesto que se habría asegurado un puesto. Sin embargo, lo que le importaba era otra cosa. —No de mí. Tendrán una impresión peor de ti. Bajo el cielo tranquilo, Rosetta parpadeó ante esas palabras tranquilas. —¿De mi? —Sí. Si hago algo mal, no quiero que nadie te maldiga por haberme traído. Era una voz que no contenía vergüenza. Este tipo, de verdad. Qué desconcertante. Aturdida, Rosetta parpadeó un par de veces más, luego tomó la mano herida del hombre y empezó a reírse. —...Jajaja. —Fue una carcajada breve y alegre. Rosetta sostuvo la mano de Cassion durante un buen rato y se rió para sus adentros. Poco a poco, dejó de reír y sacudió la cabeza. —Eso es lo que me gusta de ti. Me gusta que tengas buen carácter. Pero, ¿sabes?, realmente no me importa algo así. Todavía llena de alegría, su voz fluyó a través de sus labios rojos. Sonrió y susurró: —Me gusta la gente simpática, pero a mí no me interesa serlo. La voz baja no contenía ni una pizca de falsedad. * * * Los dos estaban sentados uno al lado del otro en una pequeña colina. Dos espadas de madera estaban en el suelo, y un chal embarrado estaba extendido como un trapo. El cielo nocturno, al que miraban, seguía siendo hermoso. —¿Cómo va tu entrenamiento mágico? —No va mal, creo. Es sólo que... no tengo ni idea de cómo usar la magia prácticamente en una situación real. Cassion entrenaba su magia todos los días. La casa Valentine era una familia de caballeros, así que no había maestros de magia aquí. Los únicos maestros que tenía ahora eran los libros. Rosetta miró el perfil lateral de Cassion, escuchando la inseguridad en sus palabras. —No te preocupes. Entre toda la gente que conozco, tú eres el mejor genio que hay. —...¿Es algo que viste en el futuro que predijiste? —Sí, es en el futuro que vi. —¿Entonces por qué morí? Si soy un genio. Porque eres un genio bondadoso. Y un genio de voluntad débil, también… Esa fue la respuesta. Sin embargo, Rosetta prefirió decir otra cosa en lugar de la verdad. —¿Probablemente porque nunca me conociste? Era un tono juguetón. Por lo tanto, Cassion tenía que saber que era una broma. Sin embargo, no respondió. Sabía que era mentira, pero por otro lado, sonaba como la verdad. Realmente, el cielo nocturno era hermoso.