
La agotadora realidad de la transmigración a novelas
Capítulo 67
La agotadora realidad de la transmigración a novelas Capítulo 67 Mientras miraba a Owen y a su pandilla, me sacudí el polvo de las manos. Justo ahora, todos estaban dispersos aquí y allí en el suelo, inconscientes. Por mucho que Owen parloteaba mientras suplicaba por su vida, le golpeé en un punto de presión para que se callara y quedara inconsciente. Justo a tiempo, el sonido de pesados pasos se oía a cierta distancia. —Los guardias deben estar llegando. Diana me miró furtivamente e hizo contacto visual, luego se escondió. Actualmente estaba disfrazada como una doncella ordinaria, así que la pondría en una posición difícil si es vista usando prendas que estaban manchadas de sangre y suciedad. Entonces, ahora la presente situación podría ser vista así: Que sólo Cassion y yo habíamos ennfrontado al Gremio León Negro. —¿Te encuentras bien? ¿Estás herido en algún lado? Con esos pasos en el fondo, le pregunté a Cassion. Pero, en lugar de responder de inmediato, me dio esa rara sonrisa que lo hacía ver muy juvenil. —Sí, no rodé en el suelo. —respondió juguetonamente, pero yo podía ver que sus palabras contenían su orgullo sincero. De todas formas, él mostraba ese tierno lado suyo de vez en cuando. Mientras permanecía erguido, había una mirada triunfante en sus ojos. —Sip, eras muy genial. Pero cuando dije esto, su expresión infantil se endureció. Giró su cabeza hacía un lado torpemente, como una máquina averiada. —¿Cassion? Agarré su brazo mientras se iba lejos, pero no respondió. Todo lo que hizo fue girar su cabeza aún más y usar su otra mano para tocar la parte trasera de su cuello. …Esto, ¿tal vez? —¿Estás siento tímido? Le pregunté, pero realmente no necesitaba oír la respuesta. Obviamente se sentía avergonzado ahora mismo. Los lóbulos de sus orejas estaban rojos, e incluso su nuca estaba roja… No me digas. Tan sólo fuiste halagado con la mención de ser “genial”, pero, entonces, ¿estás así de avergonzado? Quería jugar con él aún más, pero tuve que detenerme porque los pasos retumbantes se acercaban. —Incluso si estás avergonzado, prestemos atención ahora. Los guardias llegarán pronto. Con mis últimas palabras siendo una advertencia en lugar de una broma juguetona, me enderecé. Y actué como si hubiera estado esperando a los guardias todo este tiempo. Sin embargo, un pensamiento extraño pronto se me ocurrió. ¿No está un poco… muy fuerte? Sólo se harían cinco arrestos, por lo que, como mucho, sólo habrían bastado diez guardias. Por otra parte, los pasos que se acercaban parecían ser de mucho más de diez personas. No sé si ese fuerte sonido era causado por los cascos de los caballos, tal vez, pero mientras pensaba que esto era demasiado excesivo, oí que alguien me llamaba. —¡Rosetta! Mis ojos se abrieron de par en par al oír la voz de una persona totalmente inesperada. Muy pronto, la multitud que se acercaba comenzó a aparecer. Como ya había adivinado, el número de personas superaba con creces la decena. Y a la cabeza de ese grupo estaba el dueño de la voz que acababa de llamarme, montado en un caballo mientras tenía una expresión grave en el rostro. —...¿Hermano? Era Damian. * * * Él, que estaba justo a la cabeza del grupo, saltó del caballo tan pronto me encontró. Aterrizó precipitadamente en el suelo y pronto avanzó a grandes zancadas. Parecía un jabalí corriendo hacia adelante. —He… —¿Estás bien? Ahora de pie frente a mí, Damian gritó la pregunta directamente a mí, su compostura completamente desaparecida de su comportamiento. En lugar de alzar la voz con enojo, parecía que lo hacía con preocupación. Asentí sin decir palabra. No esperaba que Damian viniera aquí en persona, la verdad, así que me atrapó un poco por sorpresa. —Estoy bien, hermano... Pero, ¿qué te trae…? —Me enviaste una carta. Dijiste que hay criminales en este lugar. Sí, eso dije en la carta. Cierto. Realmente era eso lo que dije, pero… Cuando él lo decía así, ¿no sonaba un poco extraño? Casi como si hubiera sido secuestrada o algo. —Para ser exactos, los estafadores estaban intentando escapar, es por eso que pedí a los guardias como refuerzo. —Sí. Traje a los guardias conmigo. —... No parece que hayas traído sólo a los guardias… Miré al grupo de gente tras él. Un cálculo aproximado me dice que es un grupo de más o menos cincuenta personas. Algunos parecían guardias, pero la mayoría llevaban lo que parecían las armaduras de la caballería del ducado. Mi cabeza empezó a palpitar. O sea, aquí sólo había que atrapar a cinco personas, pero no sabía que traería a tanta gente. Mientras suspiraba ante la seria atmósfera que rodeaba a los caballeros, Damian habló con cuidado. —Traje algunos caballeros conmigo por si acaso te encontrabas en una situación peligrosa. Me alegro de que no estés herida. —...Ah, sí. Um... Maxwell me protegió, así que estoy a salvo. —Respondí de esta manera, elogiando sutilmente a Maxwell. Damian volvió a escanearme para comprobar mi estado. Luego, sus ojos dorados se desviaron hacia un lado. Allí, donde estaba Cassion. —Maxwell. —Sí, Joven Duque. Una voz firme fue seguida de una respuesta firme. Damian miró a Cassion y a los hombres desplomados que nos rodeaban. Luego, habló. —Aún eres sólo un caballero temporal, pero lo hiciste bien. —Sí, sólo hice mi trabajo. —Cassion respondió, de forma bastante desvergonzada ante el cumplido de Damian. Mantuve mi expresión seria mientras secretamente contenía una sonrisa. Como para animar a Cassion, Damian le dio dos palmadas en el brazo. Luego, tras decir que esperaba buenos resultados el día del duelo, se alejó. No era un resultado tan malo. Después de eso, la situación se resolvió rápidamente. Esos hombres fueron capturados y se supo que encontraron pruebas en el escondite del Gremio León Negro. La bolsa de monedas de oro de Diana se convirtió en prueba porque se determinó que estaban a punto de utilizarla como fondos para desertar a otro país. Lo único que me quedaba por hacer a partir de ese momento era mirar a mi alrededor de forma relajada, luego planeaba volver a casa cuando encontrara el momento adecuado. “Bueno, pensé que sería así…” Pero, ¿por qué estábamos juntos en este carruaje? Sólo nosotros dos. En ese carruaje de vuelta a casa. Miré hacia la persona sentada frente a mí. Damian debió sentir mi mirada, así que su mirada, antes baja, se volvió hacia arriba y se encontró con mis ojos. Había tanto silencio en aquel carruaje en el que sólo estábamos nosotros dos, y la incomodidad aumentó aún más cuando nuestras miradas se cruzaron. Aún así, no tenía más opción que conservar el contacto visual, aunque realmente no tuviera nada que decir. El ambiente se haría aún más extraño si apartaba mi mirada ahora. Pero en la mitad del pesado silencio, fue Damian quien abrió sus labios primero. —Rosetta. —Sí. Ante su corta oración, respondí asintiendo. Damian vaciló un momento, pero enseguida volvió a hablar con aquella expresión claramente severa y característicamente firme. —Sé que no tienes ninguna fé en mí. En primer lugar, yo tampoco confié nunca en ti, así que éste es el resultado inevitable. —¿Perdón? La abrupta autoconfesión —o, tal vez, algo parecido a una confesión— me hizo preguntar sorprendida, levantando la vista. Una mirada dorada bastante apenada se dirigió hacia mí, pero pronto desapareció tras los párpados que se cerraron lentamente. —Pero, aún así, ¿no puedes confiar un poco más en mí? —¿Aunque te dejé a ti la tarea de llamar a los guardias? —Antes de eso, podrías haberme confiado todo este asunto a mí, ¿verdad? No te metas directamente en una situación tan peligrosa. Su boca se cerró una vez más después de que se le escapara la voz seria. Sabía lo que intentaba decir. Aun así, no pude evitarlo. El objetivo de hoy era la venganza de Diana y el entrenamiento práctico de Cassion, así que no podía pedirle ayuda. Sin embargo, esta era mi situación. Damian no sabía la historia que había detrás, así que yo parecía una persona lamentable que iba por ahí, haciendo cosas imprudentes sin pedir ayuda. Permanecí en silencio. Sus párpados aleteantes se levantaron lentamente. —Puedes... pedirme más ayuda. Dame una oportunidad. Mientras Damian decía esto, me pareció que estaba al borde de las lágrimas. Lo miré con ojos fríos. Sentí que mi cabeza se helaba poco a poco. El hombre que tenía delante me parecía lamentable, pero al mismo tiempo, mi racionalidad se enfriaba. “Este tipo, en serio. Nunca se cansa”. ¿Tenía fin esa culpa? Bueno, yo estaba en la clase de posición para aprovecharme de esa culpa, así que no debería quejarme. Aun así, era demasiado lamentable. La verdadera no estaba aquí de todos modos. Dentro del cuerpo de Rosetta ahora mismo estaba yo, una "falsa". Era lamentable pensar que no paraba de pedir perdón a una falsificación. Y también era lamentable que Rosetta no pudiera escuchar esa súplica. Por un momento, miré a Damian con ojos llenos de gélida escarcha, pero pronto desvié la mirada y miré por la ventanilla del carruaje. —No te fuerces, por favor. —¿Qué? —Te lo he dicho una y otra vez. No tienes que prestarme ninguna atención. Sólo cuida de Alicia. O por casualidad, más tarde. No te arrepientas. Ante las palabras murmuradas, el rostro de Damian palideció. En lugar de observar más su reacción, cerré los ojos. Tal vez dije demasiado, o tal vez dije todo eso por mí misma. De algún modo, parecía que Damian había tomado la decisión de tratarme como familia a partir de ahora… que era un voto al que ya se había comprometido. Si él seguía esperando por algo que realmente no iba a funcionar, ¿no era él quien daría risa, el que daría lástima? No puedo tener ninguna familia. Esto ya lo decidí hace tiempo. Cuando, durante la tercera transmigración, la madre de Rita se dio cuenta de que yo no era la verdadera "Rita". Cuando toda la familia se enteró de la verdad, me culparon, me rompieron el corazón y, poco a poco, se resignaron. Cuando aquella pobre y lamentable gente perdió la vida por mi culpa, que ni siquiera era la verdadera "Rita". Fue entonces cuando me decidí. Tener una familia no era más que un engaño. Hacia el dueño del cuerpo, hacia la familia, hacia todos. Mientras pudiera recordar a esas personas, que se habían distorsionado, que cayeron en la ruina, no tendré familia. Para alguien que ya ni siquiera recuerda su verdadero nombre, en primer lugar, algo como las propias “raíces” no debería existir. Era cortesía básica. Y, era una línea de defensa. Para mí misma. Cuando me atrapaban. Cuando llamaban mi nombre mientras morían. Esa impotencia y ese tormento… siguen siendo tan vívidos. Abrí los ojos. No podía apartar más la mirada, así que observé el paisaje que pasaba por la ventana. De repente, el cansancio se apoderó de mí. Y lo que surgió a su vez fueron recuerdos del pasado, tan agotadores como cavar un pozo escaso y seco. Traducción: Arkonte