La agotadora realidad de la transmigración a novelas

Capítulo 71

Capítulo 71 Gradualmente, el suelo se fue empapando más. Se debía a las gotas de sudor que caían como lluvia, incapaces de quedarse en los cuerpos de los hombres. Entre más empapado estaba el suelo, más crecía la preocupación de David. “¿Por qué…? ¿Por qué…?” ¿Por qué demonios? ¿La droga no tuvo efecto? Con la mayoría de las personas que habían bebido la fórmula de Zobel, era a la mitad del duelo que sus ojos ya se tornaban desenfocados. Al principio, los efectos solían empezar incluso antes de comenzar el combate, causándoles dolores de estómago o de la cabeza. Como resultado, hubo un tiempo en que un hombre dudó de su condición física. Él dijo: “¿Por qué me duele el estómago cuando no comí nada?” y así. Sólo una leve sospecha tuvo lugar, pero, para los culpables que en realidad cometieron el crimen, borrar incluso la más leve duda era la mejor forma de preservar la propia vida. Por lo tanto, David le pidió a Zobel que creara un tipo diferente de fórmula. Desde entonces, todos sólo pensarían que estaban cansados por el combate, o, tal vez, que sólo estaban en malas condiciones… Pero nunca pensaron que habían sido drogados. Considerando todo, era el crimen perfecto. Sí, debería serlo… “Es más o menos el momento en que la droga debería hacer efecto.” Pero, entonces, ¿por qué demonios este tipo sigue de pie? Tales eran los pensamientos de David mientras golpeaba su propia espada contra la espada del otro hombre, que estaba a punto de embestir contra su cuello. ¡Chang! Un estridente chillido resonó, uno que ahora era un sonido familiar. Sus pies tropezaron en el suelo, asustado de que su cuello realmente fuera destrozado por la fuerza de su oponente. Aún así, no podía detenerse. De alguna manera, el medicamento no estaba funcionando, pero no había posibilidad de que perdiera contra una rata callejera. Giró su espada contra la espada que le presionaba. Golpeó hacia delante, apuntando al cuello de su oponente. Los ojos de Cassion se abrieron de par en par y se encorvó. Luego, saltó directamente hacia David. Qiiiing. Acompañadas del chirrido del metal, las hojas de ambas espadas se encontraron mientras los dos adversarios acortaban la distancia que los separaba. Ambos hombres tuvieron el mismo presentimiento al mismo tiempo: En ese momento se decidiría el duelo. El tiempo pasó lentamente para los dos contrincantes en medio de una tensión sofocante. Exactamente igual que el momento previo a la muerte, cuando la vida relampaguea tras los ojos. Las empuñaduras de sus espadas estaban muy juntas, el dorso de sus manos casi tocándose. Sus ojos, cabello sudoroso, labios apretados. La mandíbula temblorosa del otro podía verse tan claramente. Incluso los propios alientos parecían fluctuar entre estas figuras. David, de pie en la parte superior después de apuntar su espada hacia abajo. Y Cassion, que tenía su espada levantada desde abajo. Las miradas combatientes de ambos hombres se encontraron en el centro. Ninguno abrió su boca para hablar, pero un gruñido que sólo podía pertenecer a ellos se escucho en los oídos de cada uno. Entonces, sopló una inoportuna ráfaga de viento. Un viento realmente inusual durante este abrasador día de verano. Hubo un murmullo en las gradas donde estaba el público. El cabello de las mujeres ondeaba al aire y los hombres cerraban los ojos con fuerza. David no fue diferente. ¿Quién no entraría en pánico ante un acto de la naturaleza que iba en contra de la estación? El polvo voló hacia sus ojos, sus pestañas no pudieron atraparlo, por lo que no pudo evitar parpadear. Intentó detenerse de algún modo, pero fue imposible. Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, el duelo se decidió. En un instante. La única vez que su visión fue bloqueada, Cassion se giró. Presionando bajo la muñeca de la empuñadura de la espada de David, Cassion giró sobre sí mismo, y al mismo tiempo, la espalda de Cassion estaba contra el pecho de David. Cassion colocó la empuñadura de su espada bajo la muñeca de David y sujetó el brazo de éste con la otra mano. En un movimiento fluido, el hombre saltó hacia delante con un arco, arrojando el cuerpo de David por detrás y hacia delante, al suelo. ¡Thud! La gran espalda de Davil cayó al suelo con un sonido tan enorme como su estatura. Absolutamente perplejo, David no podía entender lo que había sucedido en sólo un flash. Parpadeó durante una fracción de segundo, pero cuando volvió a abrir los ojos, lo que vio fue el cielo azul del verano en lugar de los ojos negros de su oponente. El hombre miró al cielo, desconcertado, pero enseguida apretó los dientes e intentó volver a ponerse en pie. Sin embargo, tuvo que detenerse porque la hoja de una espada fue apuntada hacia él. La sombra del hombre que estaba erguido se alzaba y cubría el cielo azul. Desde el suelo y desde el cielo, los dos se enfrentaron cara a cara, sus ojos enfocados mientras respiraban con dificultad, sudando. La arena estaba en silencio. En ese momento sin respiros, estalló el aplauso de una persona. Y ése fue el detonante. Como fuegos artificiales, pronto estallaron vítores y aplausos. Evidentemente, estos vítores no eran para el hombre que yacía tendido en el suelo, sino para el que estaba de pie. Pronto apareció el guardia del color y ondeó la bandera en sus manos. Entonces, proclamó: —David Valheim, Maxwell. ¡El ganador es Maxwell! Era la señal definitiva del fin del combate. El duelo había terminado. El ganador se había decidido. La victoria fue obtenida por la persona que nadie esperaba que ganara. Cuando Cassion retiró su espada, el aire caliente del verano también se movió. Shwaa. Contra ese aire caliente, la espada regresó a su funda. Cassion estiró una mano hacia su oponente, que seguía en el suelo. Drip, drip. Perlas de sudor cayeron desde el cielo hacia el rostro de David. Las gotas que cayeron bajo sus ojos lo hacían lucir como si hubiera derramado lágrimas. Mientras miraba fijamente la mano estirada de Cassion, David rechinó los dientes. Estaba abrumado, enojado, irritado. No entendía por qué se le daba el “comportamiento deportivo” de un ganador hacia un perdedor. En lugar de apretar la mano del otro hombre, David volvió a ponerse en pie por sí mismo, secándose bruscamente el sudor del rostro. Cassion retiró su mano. Levantándose con dificultad, David plantó sus pies en el suelo. La espada en su mano regresó a su funda. Su visión daba vueltas y su espalda dolía. Tenía una terrible jaqueca. Sin embargo, lo que sentía ahora era incluso peor que todas las cosas combinadas. Después de enfrentarse el uno al otro, ambos hicieron una reverencia. A diferencia de la expresión indiferente que Cassion tenía, el semblante de David estaba enrojecido y distorsionado al ser incapaz de ocultar sus emociones. Después de la corta reverencia, Cassion fue el primero en irse. David se quedó en su lugar tontamente mientras miraba fijamente su espalda. “No puede ser. ¿En serio terminó?” ¿Perdió? ¿En serio? ¿Contra esa rata callejera? Una carcajada le sacó de su ensueño. No era de otra persona. Era la suya propia. Mientras reía largamente, las ridículas palabras recitadas por su propia voz resonaron en su mente. “—De todos modos, no sé quién va a ser el oponente de ese bastardo, pero... Sea quien sea, entonces es incluso más sucio que el suelo bajo mi mano.” —¡AAAAAAAAAARGH! Por un momento, una ardiente furia roja escaló por su garganta. Y esta furia explotó a través de su boca. Su mano buscó la funda donde acababa de guardar su espada. Esta roja ira y vergüenza inundaban sus ojos café. Todo lo que podía ver era la espalda del hombre que lo humilló. Estaba a punto de embestir en cualquier momento, pero a los pocos pasos, vaciló. —...Ugh… uuurk… De repente, un severo dolor de estómago tomó preso a todo su cuerpo. Sus piernas temblorosas cedieron, provocando que cayera al suelo. No tenía idea de lo que sucedía. El rostro que hace un momento estaba roja de ira pronto palideció. Unos cuantos caballeros se apresuraron al lado de David. Era una clara ofensa intentar apuntar la espada a un oponente cuando el duelo ya había terminado. Cassion, la persona que estuvo a punto de ser atacada, también se detuvo y observó a David colapsar. La mirada sobre él era gélida. Con David en el suelo mientras agarraba fuertemente su estómago, los caballeros tomaron los brazos del hombre y lo forzaron a levantarse. —David Valheim, como un caballero, has cometido la ofensa de apuntar a un oponente indefenso después de que el duelo ha terminado. Adicionalmente… El caballero que declaró la ofensa de David pausó por un momento antes de continuar explicando. “¿Adicionalmente?” Incluso con las tripas revueltas, David se aferró a la palabra "adicionalmente”. ¿Estaba diciendo que había más? Sin embargo, sin importar lo mucho que pensara, no podía pensar en qué otra ofensa seguiría. No puede ser… No había forma de que fuera atrapado, en absoluto. Sin embargo, no había ninguna posibilidad de una negación perfecta en este mundo. —Más temprano, este mismo día, hubo un informe sobre ti, David Valheim, y cómo has estado cometiendo continuamente el acto de envenenar la comida de tus oponentes cada vez que se celebra una evaluación de los caballeros. Tras una minuciosa investigación, se te impondrá un severo castigo. A medida que resonaban las palabras del caballero, el entorno se agitaba. Todo empezó ligeramente, con sólo susurros, pero antes de que se dieran cuenta, éstos pronto se hicieron enormes como un tifón. Miradas sorprendidas se precipitaron hacia David. Y estas miradas eran tan afiladas como cuchillos. —¡Es imposible, señor! Me han tendido una trampa. —Con el rostro blanco y azul, David pisó fuerte y gritó. — ¡¿Cómo puede culpar de tales cosas a una persona cuando no hay evidencia?! ¡No sé nada sobre esto! Ya era suficiente con que se hubieran revelado sus actos pasados, pero no podía dejarse arrastrar así como así. Como no había pruebas, mientras insistiera en que se trataba de un trato injusto, no habría forma de que lo castigaran. Sin embargo, los clamores de David no cambiaron las expresiones de los caballeros que lo sujetaban por los brazos. No, en realidad, sí hubo un cambio. La seriedad que pintaba su expresión se transformó en desprecio hacia él, lo miraron como si fuera patético, y David dejó de resistirse por un momento. Se dio cuenta de que algo iba mal. Cuando un caballero se encontró con su mirada, soltó un pequeño suspiro y habló: —La evidencia correspondiente ya ha sido asegurada. Había una declaración escrita detallando tus ofensas, y los documentos relacionados a esto fueron encontrados cuando los miembros de cierto gremio fueron arrestados. David Valheim, ¿no has comisionado una sustancia prohibida en tu nombre? Gremio. Sustancia. Comisión. Estas palabras familiares resaltaron para él. Mientras las palabras se reunían, recordó algo: El documento que Zobel le había presentado semanas atrás. Esa misma comisión que se hizo a nombre de David porque Zobel no podía conseguirlo por sí mismo. “¿Qué estaba escrito allí?” Mientras intentaba hacer memoria, sus pupilas marrones temblaron, pero seguía sin recordar. Era un documento traído por un chico que había estado actuando como un peón sumiso durante los últimos dos años, así que todo lo que podía recordar era firmar el documento sin siquiera leerlo. David rápidamente escaneó la multitud. Zobel. Tenía que encontrar a Zobel. Tenía que encontrar a ese idiota para que pudiera averiguar qué demonios estaba sucediendo. Mientras observaba frenéticamente con rígida expresión, los caballeros a ambos lados de David comenzaron a avanzar. Luchó ruidosamente, pero fue en vano. Su cuerpo cansado fue arrastrado impotentemente. De un modo u otro, David intentó reunir fuerzas y resistir. Incluso mientras lo arrastraban, lo primero que necesitaba hacer era encontrar a Zobel. Y, por fin. Su mirada desesperada encontró por fin el rostro que buscaba. Zobel. Él estaba sonriendo. Pese a sus mejillas demacradas y ojos hundidos, sonreía ampliamente. Era una sonrisa brillante y fresca. No era una sonrisa forzada. Por otra parte, David se quedó desconcertado. ¿Era esto lo que se sentía al ser golpeado en la nuca con un enorme garrote de hierro? ¿Era esto lo que se sentía al ser mordido por el perro leal que has estado criando? Zobel sonrió en silencio y se escondió entre la multitud. En medio de un trance aturdido, David finalmente recuperó los sentidos y comenzó a forcejear de nuevo. —¡Ese hijo de...! ¡¿No te vas a quedar quieto?! ¡HEY! ¡Alto ahí! ¡Alto! —Su garganta cansada estaba arañada de tanto gritar. Los caballeros se quedaron mirando a David, cuyo rostro se distorsionó mientras se volvía loco como un caballo enloquecido. No importaba si hacía esto o aquello. David luchaba por mantener el trasero hacia atrás mientras plantaba los pies en el suelo con todas sus fuerzas. No podía dejarse arrastrar así. Aunque no tuviera más remedio que irse al final, al menos tenía que noquear a ese maldito idiota. Agarraría a ese sinvergüenza por el cuello, lo tiraría al suelo y le daría una paliza. David le daría tal paliza que no sería capaz de sonreír nunca más. Sus ojos llenos de ira giraban agitados, pero era casi imposible encontrar a alguien que ya se había mezclado entre la multitud. Sería más fácil encontrar una aguja en un pajar. Cuando el hombre que buscaba no apareció por ninguna parte, su estómago empezó a acalambrarse de nuevo. El dolor había disminuido sólo temporalmente en su estado de shock. Sentía como si le hubieran dado un puñetazo en las tripas, por lo que se encorvó de dolor. —Espera... sólo un... minuto... mi... mi estómago... El repentino dolor fue el doble en comparación con antes. Sus entrañas se sentían como si todo se derritiera allí, como si no fuera suficiente con estar todo retorcido. Los caballeros que arrastraban a David descartaron su dolor como una mentira, pero entonces se dieron cuenta de que algo iba mal cuando el rostro del hombre se volvió tan blanca como una sábana. Dejaron de caminar. —Hey, ¿qué pasa contigo? —¿David? ¿David Valheim? —Los caballeros se detuvieron y le llamaron. En su rostro pálido, sus ojos marrones temblaban, totalmente desenfocados. Traducción: Arkonte