La agotadora realidad de la transmigración a novelas

Capítulo 75

La agotadora realidad de la transmigración a novelas Capítulo 75 Había muchos asistentes, así que las personas tuvieron que hacer fila para poder presentar sus respetos a los difuntos. Cuando llegaron los miembros de la Casa Valentine, las personas intentaron ceder sus puestos en la fila, pero el Duque se negó. Porque él no era el tipo de persona que entraría a la fuerza. Pronto llegó el turno de la Casa Valentine. El Duque Valentine y Damian se adelantaron hacia el Duque y la Duquesa Carter. Originalmente, sólo el Duque Valentine debería dirigirse hacia el Duque y la Duquesa Carter, y Damian debería haberse acercado a Leo. Igualar el status del otro era lo natural, ¿no? La cabeza de la familia coincidiría con la cabeza de la familia, mientras que el sucesor coincidiría con el sucesor. Sin embargo, dado que Leo aún no había sido anunciado formalmente como sucesor de la casa ducal, Damian se dirigió al duque y a la duquesa Carter. Gracias a ello, les correspondió a Alicia y Rosetta saludar a Leo y darle el pésame. Así era en la obra original, y ahora, así es en la realidad. Los pasos de Rosetta eran pesados mientras se acercaba al hombre alto, hasta situarse justo delante de él. Como si estuviera frente a un enemigo, sintió escalofríos hasta la médula. Lo único que pensó fue que quería esconder a Alicia detrás de ella. Los zapatos del hombre entraron en su vista. Por un momento, le vinieron a la mente los zapatos de aquella pesadilla del pasado, y ante esto, no pudo evitar hacer una mueca. Sin embargo, Rosetta controló sus facciones. Y con un leve suspiro, levantó la vista. Era costumbre que las familias en duelo no llevaran velos en el rostro, así que cuando levantó la vista, vio la cara del hombre. “...Es guapo.” Sorprendentemente, esta fue la primera impresión que Rosetta tuvo de Leo. Pelo rojo, ojos rojos, labios rojos. Como si estuviera cubierto de sangre, el hombre carmesí era un hombre maravillosamente guapo. Sus ojos afilados se parecían a los de Cassion, pero aparte de eso, su aspecto y su semblante en general eran diferentes. Mientras que Cassion era un hombre apuesto que tenía un aire apenado y pulcro, este otro hombre tenía el tipo de atmósfera que era increíblemente densa. Si tuviera que expresarlo con palabras, lucía exactamente igual a un protagonista masculino de una novela trágica de basura. Cuando Rosetta llegó a esta conclusión, una de sus cejas se alzó ligeramente bajo su velo. Sí, ¿qué sentido tiene ser guapo, eh? Lo mires por donde lo mires, no es más que un protagonista masculino lunático. Mientras se sentía amargada por esto, Leo asintió ligeramente y la saludó. —Gracias por venir, Dama Ducal Valentine. —Me apena que tengamos que encontrarnos en estas circunstancias, Joven Duque. Así intercambiaron brevemente saludos formales. —He oído que fue un accidente. Ante la pregunta de Rosetta, una sonrisa de dolor se dibujó en los labios de Leo, que volvió a asentir. —Sí, eso es lo que ocurrió. Fue un accidente tan terrible que ni siquiera pudimos recuperar su cuerpo. Tras la sonrisa de dolor, incluso su voz sonó como si estuviera impregnada de desesperación. ¿Cómo se atrevería alguien a pensar que él era el culpable de todo esto? —Dios mío, debes tener el corazón terriblemente roto. —...Perder a un miembro de la familia... Es más impactante de lo que jamás pensé. Qué desvergonzado. Para igualar esa desvergüenza, Rosetta tampoco dio un paso atrás. Primero apretó los labios y luego dejó escapar un pequeño murmullo lleno de pesar. —Espero que recuperes la tranquilidad. Al decir esto, le tendió la mano, con el trasfondo de querer terminar aquí la conversación. Leo se quedó mirando la mano extendida por un momento y luego la estrechó sin prisas. Los grandes dedos del hombre rodearon la mano de la mujer y la estrecharon ligeramente. —Gracias de nuevo por venir, Dama Ducal. —Mis condolencias de nuevo, Joven Duque. Tras ese breve apretón de manos, Rosetta se hizo a un lado. Ese paso era ágil, pero pesado. Como si cambiara de máscara en una obra de teatro, sus ojos solemnes cambiaron en ese momento. Por fin había llegado el momento. El momento del primer encuentro entre Alicia y Leo. El momento en que comenzaría la novela. Oculta bajo el velo, la mirada de Rosetta se clavó en Alicia. En su mente, sólo podía pensar en la línea de la obra original que lo inició todo. 〈 Los ojos rojos de Leo estaban fijos en la mujer que estaba demasiado pálida. 〉 El protagonista masculino, al que tanto quería eliminar, y la protagonista femenina, a la que tanto quería proteger. Ahora estaban frente a frente, y esa sola visión le heló la sangre. Cuando Rosetta se hizo a un lado, Alicia ocupó el lugar que una vez ocupó. No importaba quién mirara a Alicia, era obvio lo nerviosa que estaba. Era natural, ya que no había salido mucho, y mucho menos había asistido a un evento de la alta sociedad. Esto se debía a que Katie había tenido miedo de que su abuso de la niña fuera expuesto al mundo. Lo mismo ocurría con la Rosetta original. En cualquier caso, era un extraño. Qué nerviosa debía de sentirse al estar frente a un hombre con un aspecto tan llamativo y un aire tan afilado a su alrededor. —Mis condolencias, joven duque. —Su voz tartamudeante sonaba lastimera. Incluso un puñado de palabras le resultaba difícil de pronunciar, luego se detuvo un momento e inclinó la cabeza apresuradamente. Rosetta suspiró para sus adentros. "Já, adorable". Era adorable incluso para Rosetta. Sí, ¿quién no se enamoraría de ella? Mientras Rosetta pensaba eso, Alicia levantó la cabeza. A diferencia de la reacción de su hermana mayor ante el torpe saludo, ella estaba avergonzada, por lo que sus mejillas de porcelana se tiñeron de rojo. La mirada de Leo miró más allá del velo y se posó en los ojos que había bajo aquellas pestañas agitadas. —Gracias por venir, princesa. A mi hermano mayor le habría encantado saber que has venido. Alicia sólo miraba al aire, pero ante la elocuente respuesta, su mirada volvió al hombre que tenía delante. Se armó de valor para volver a hablar. —Es... es una verdadera lástima que... Sin embargo, sus palabras se detuvieron ahí. Las comisuras de sus ojos empezaron a ponerse tan rojas como sus mejillas. Junto a las lágrimas, le temblaba la voz. “¿Qué hago?” Alicia apretó los labios. Si no lo hacía, podría llorar allí mismo. Como Alicia no conocía toda la historia, para ella Leo no era más que un hombre que había perdido a su querido hermano mayor. Ella también tenía hermanos mayores, así que se compadeció de él, pensando en lo destrozado que habría tenido el corazón si hubiera estado en su lugar. Siendo la chica de corazón blando que era, sería extraño que Alicia no llorara en una situación así. Las lágrimas pronto empezaron a brotar de aquellos ojos redondos. Cada vez que esos ojos se humedecían aún más, Rosetta podía sentir que sus entrañas ardían más. Por supuesto, el velo que cubría su rostro no dejaba que se viera claramente, pero… Justo ahí, ¿por qué era tan obvio que las lágrimas colgaban de la punta de sus largas pestañas? “No.” En el momento en que vio las gotas de humedad al final de esas pestañas, sólo tuvo un pensamiento. Que tenía que impedir que Alicia llorara. Al menos, no mientras siguiera delante de Leo. Fue cuando Alicia le dio el pésame entre lágrimas que Leo empezó a interesarse por ella. Era un hombre al que nunca se le había ocurrido llorar por los demás. Ver a Alicia llorando la muerte de un completo y absoluto desconocido fue para él un nuevo shock. A primera vista, se trataba de un primer encuentro terriblemente tópico. Sin embargo, Rosetta conocía las horribles consecuencias de ese cliché. Las pestañas cubiertas de rocío parpadearon lentamente. Las perlas que se formaban al final temblaban peligrosamente. Estaban a punto de caerse. Pero entonces, justo cuando esa pequeña cuenta estaba a punto de resbalar por su mejilla, Antes de que Alicia pudiera derramar sus lágrimas, los sollozos de otra persona rompieron el aire. —Hiic. El sollozo desgarrador sonó como si todas sus frustraciones estuvieran a punto de estallar, y fue suficiente para captar la atención de todos. Cassion, Alicia, Leo. No sólo ellos, sino incluso el duque Valentine y Damian, que estaban a cierta distancia, conversando con el duque y la duquesa Carter. Como si estuviera orquestado, los ojos de todos se volvieron hacia un único lugar. Hacia Rosetta Valentine, la dueña del llanto. Mientras se cubría los labios por debajo del velo, sus hombros temblorosos harían que cualquiera se compadeciera de ella. —¡Hermana! Sorprendida, Alicia fue inmediatamente al lado de su hermana mayor, abrazando sus hombros temblorosos. La humedad de las pestañas había desaparecido hacía tiempo. Rosetta miró furtivamente a Alicia con la mirada nublada, y cuando vio que las lágrimas habían cesado, se sintió interiormente aliviada. “Funcionó.” Por supuesto, su propio llanto era un embuste. Si la palabra clave "lágrimas" era lo que causaba una fuerte primera impresión, ¿no sería posible torcer el destino si era otra persona la que hacía el "llanto"? Como resultado, las lágrimas de Alicia también se detuvieron. Rosetta giró la cabeza hacia un lado. Sin embargo, no dejó de sollozar. —¿Estás bien, Princesa? Leo tendió un pañuelo a Rosetta, cuyas lágrimas seguían brotando. El afligido estaba consolando a una invitada. Las pálidas yemas de los dedos tomaron el pañuelo, que ondeó en el aire mientras su mano temblaba. Mientras se secaba las lágrimas bajo el velo, Rosetta habló. —...Lo siento. No sé qué me ha pasado, pero pido disculpas por mi descortesía. —Una voz arrepentida pronunció una disculpa, y luego una mano apartó a Alicia. Evidentemente avergonzada, Rosetta hizo una reverencia y se dio la vuelta apresuradamente. Fue una salida muy natural. Hasta el punto de que nadie se dio cuenta de que Alicia no había terminado de hablar. No, bueno, todavía había una persona que sí. Había una persona que había estado observando el ambiente. Desde el momento en que entró en la residencia, su cuerpo estaba tenso por la tensión, ya que era hiperconsciente de todo lo que le rodeaba. Maxwell, que también era Cassion. El protagonista de este funeral. Incluso en el momento en que Rosetta rompió a llorar, se dio cuenta de que sólo estaba actuando. Y también se dio cuenta de con qué propósito actuaba. Antes de llegar al lugar donde se celebraba el funeral, oyó la advertencia sobre "el primer encuentro de Alicia y Leo", así que no le cupo ninguna duda. Sin embargo, cuando vio temblar su pequeña espalda, sintió que algo no iba bien. Rodaba como ondas en su interior. Estas olas subieron más alto, aparentemente creando una espuma turbia y burbujeante que llenó su pecho. Cuando Cassion oyó a Leo hablar de él con aquella actuación abominable, su corazón se enfrió inusitadamente, sin embargo… Cuando oyó aquellos sollozos, aunque sólo fueran un mero truco, su frío corazón se estremeció y palpitó. La pena ardiente y las emociones ahora sin sentido subieron y se alojaron en su garganta, calentándolo. Tal vez porque era la primera vez que la veía llorar por alguien. Tal vez, porque sabía que esas lágrimas habían sido derramadas por su hermana menor, no por él. Era algo ridículamente extraño. De repente, se sintió agradecido por el velo que cubría su rostro. Así, podía ocultar sus propios ojos húmedos. Así podía ocultar su manzana de Adán, que subía y bajaba mientras tragaba saliva. Así, nadie podría ver el inesperado anhelo que le golpeaba como olas. Siguió los pasos de Rosetta y, sin dudarlo, apartó la mirada de Leo. Esta maldita mansión. Ese hermano menor, que intentó matarlo. Esos padres pretenciosamente llorones. Todo quedó atrás cuando se dio la vuelta, pero, curiosamente, le preocupaba más la lamentable espalda de la mujer que tenía delante. De verdad, de verdad. Qué misterio. Traducción: Arkonte