La agotadora realidad de la transmigración a novelas

Capítulo 78

La agotadora realidad de la transmigración a novelas ● Capítulo 78 La mano de Daniel cubrió con cautela la herida de Alicia. Pronto, cuando sus ojos se volvieron hacia abajo, apareció una luz blanca al mismo tiempo que murmuraba. La herida en el dorso de la mano de Alicia comenzó a desvanecerse. Sólo bastó una pequeña cantidad de poder divino porque era sólo una herida leve. —Vaya… —Alicia miró su mano con asombro. Era la primera vez que veía y experimentaba personalmente el poder divino, por lo que estaba asombrada. El único indicio de que había habido una herida allí antes era una débil gota de sangre. —¿Cómo está? Ya no te duele, ¿verdad? —Preguntó Daniel con una sonrisa. Ante esto, Alicia contestó con un leve tinte rojo en las mejillas. —Ah, sí. Gracias. Su miedo hacia el extraño había desaparecido junto con la herida, y ahora, todo lo que quedaba era su timidez disminuida y sus mejillas rojas para indicarlo. Sus pálidas mejillas florecieron de color, haciéndolas parecer melocotones maduros. Sin embargo, por otro lado… A diferencia del semblante de Alicia, que se había animado como un melocotón, el rostro de Rosetta empezó a palidecer. La mirada fría y hundida de sus ojos era tan profunda como un abismo inconmensurable. Si por casualidad había chismosos cerca, este tipo de reacción era perfecta para que la malinterpretaran. En cuanto se curara la herida de su hermanastra, se preguntarían cómo era posible que tuviera una expresión tan rígida… Y luego dirían: “Ah, es natural que la falsa se ponga celosa de la hija verdadera.” Rosetta también sabía que eso era lo que iba a pasar, así que se mordió el interior de la mejilla. Daniel era el único aquí que podía estar bajo ese tipo de incomprensión, pero no servía de nada ser incomprendido ni siquiera por una persona. “No actuemos como una tonta que no puede controlar sus reacciones.” Rosetta cerró los ojos un momento y enderezó las cejas. Cuando exhaló ligeramente, su sangre, que había empezado a enfriarse, pareció recuperar su temperatura original. Entonces, alguien se acercó a ella. —¿Qué ocurre, Milady? ¿Se encuentra bien? —La persona que se dio cuenta fue Cassion. Los ojos de Rosetta, antes cerrados, volvieron a abrirse lentamente. La mirada baja de aquellos dos ojos dorados se dirigió hacia él. Como el velo blanco colgaba cerca de su rostro, sus rasgos podían verse a través de la fina tela. Las comisuras de sus labios se torcieron hacia arriba, luego sacudió la cabeza. —Estoy bien. Cierto, no es que no estuviera bien. No estaba herida, no estaba enferma. Es sólo que… ella despreciaba el poder que había emitido esa luz blanca. Hasta el punto de que se le helaba la sangre con sólo verlo. La razón por la que detestaba el poder divino era, no hace falta decirlo, debido a Urien. Había entrado en un mundo completamente nuevo, pero la sensación de poder divino era similar en todas partes. En cuanto vio la iluminación de esa luz blanca, la imagen de Urien golpeó su mente como un rayo. El poder divino se utilizaba para salvar y curar a la gente, pero a Rosetta no le producía más que una sensación repugnante y repulsiva. Fue gracias a este poder que la herida de Alicia se curó, pero ella no podía hacer nada para evitar sentirse así. Y parecía que era aún más significativo porque era la primera vez que veía un poder divino en este mundo. Corrigió sus facciones, pero no pudo hacer nada sobre su tez pálida. —Gracias por ayudar a Alicia. Rosetta rodeó los hombros de Alicia con un brazo. Alicia aún tenía las mejillas sonrosadas mientras jugueteaba con el dorso de la mano. Alicia levantó la cabeza y miró a Rosetta. Los ojos de Daniel también se volvieron hacia Rosetta. La sonrisa en su rostro parecía irreflexiva. —Tú me ayudaste primero, así que sólo te estaba devolviendo el favor. —Cierto. Entonces creo que esto iguala las cosas. —A su vez, Rosetta respondió con una sonrisa amable. Leyendo entre líneas, esto significaba que ya no debían tener nada que ver el uno con el otro dado que ya se había arreglado. Iba a utilizar este asunto como una deuda por parte de la Casa Freesia, pero en cuanto vio el poder divino del joven duque, cambió de opinión. Ella no encajaría bien con la casa conocida por su poder divino. En lugar de forzarse a conocer a gente con la que no se sentía cómoda, pensó que sería mejor tomar caminos separados y no volver a encontrarse, independientemente de las deudas. —Vaya, eso suena un poco molesto, pero probablemente sea cosa mía, ¿no? Rosetta sonrió sin decir palabra y se encogió de hombros. No se molestó en contestarle. Luego, inspiró ligeramente y no tardó en hacerle un gesto con la cabeza a modo de despedida. —Nos pondremos en camino. Me duele bastante la cabeza, así que tendremos que irnos. Cuando Rosetta le tocó un lado de la frente, los ojos de Alicia se abrieron como los de un conejo. —Ah, sí. ¡Ah, sí! Hermana, volvamos para que puedas descansar. En su sorpresa, Alicia pareció disculparse porque, por un momento, olvidó que su hermana mayor no se encontraba bien. Tomó con urgencia la mano de Rosetta y pisó fuerte, como si estuviera dispuesta a salir corriendo en cualquier momento. Rosetta calmó a Alicia por un momento con un suave toque y luego miró a Daniel. Era una mirada significativa que decía cómo debían separarse ahora. —Dios mío, te he estado aguantando sin saber que estabas enferma. Ah, entonces tal vez yo también podría usar mi poder divino para curar a Su Señoría... —No. Está bien. Daniel se limitó a sonreír torpemente al ser cortado en mitad de su frase. Estaba a punto de dar un paso adelante y acercarse también, pero se detuvo allí. Incluso la forma en que se tocó el puente de la nariz exudaba incomodidad. —...Sólo necesito regresar a casa y acostarme. Gracias por su amabilidad, Joven Duque, pero estoy bien. Rosetta quería irse ahora mismo. Habían pasado por el trámite de la cortesía y ella le estaba demostrando que ya estaban a punto de marcharse, así que no debía montar un escándalo y retenerla. Sin embargo, el hombre tenía mucho menos tacto de lo que ella pensaba. Aquellos ojos azules curvados, mientras sonreía torpemente, brillaban. Entonces, preguntó: —¿Has llorado? —No había ni una pizca de prudencia en aquella pregunta. Rosetta se rió. Estaba tan estupefacta que soltó una carcajada. Y como de su expresión sólo quedaba ahora una sonrisa, preguntó a su vez. —¿No es de mala educación hacer una pregunta así a alguien que acaba de conocer por primera vez? —Ah, me disculpo si fue descortés. Es que tienes los ojos rojos. Era como si no tuviera mala intención, así que se disculpó rápidamente. Ver a Daniel nervioso hizo que pareciera que no mentía. Rosetta se encogió de hombros. —No pasa nada. Sin embargo, es un poco difícil de responder porque es embarazoso. Ahora, ¿podemos irnos? —Sí, sí. Sí, claro. Dios mío, yo sólo... sigo mostrando sólo lados vergonzosos de mí. —Aún así, recibimos su ayuda también. ¿Verdad, Alicia? —...Sí, así es. Muchas gracias por su ayuda, Joven Duque. Después de que Alicia le transmitiera su gratitud, Rosetta sonrió ligeramente y pronto se dio la vuelta. Si continuaba enfrentándose a él, tenía la corazonada de que volvería a atraparla por sorpresa. Al final, sin embargo, Rosetta no pudo marcharse. En cuanto se dio la vuelta, vio que un grupo de hombres se les acercaba. Había un total de tres hombres cruzando la distancia. Dos de ellos eran nobles a los que no había visto antes, mientras que el que estaba en medio era un rostro conocido. Rosetta desplazó a Alicia y la hizo colocarse detrás de ella. Alicia estaba escondida sólo medio paso detrás de ella, pero si Rosetta podía esconderla aunque sólo fuera eso, ella quería hacerlo. —Ah, así que estaba aquí, Princesa Valentine. —Una voz profunda la saludó lánguidamente. Sus vívidos ojos rojos destellaron. Su cabello rojo, tal como estaba bajo la iluminación del sol, era como una llama ardiente. Rosetta sonrió. Bajo el velo de tela de malla suelta, unos labios rojo vivo se dibujaron en una curva. Ah, esto. Maldita sea. —Es usted, Joven Duque Carter. —Aunque su mente estaba llena de maldiciones, su tono suave no lo revelaba en absoluto. Con sus intenciones ocultas debajo, las miradas de esas dos personas se encontraron en el aire. —El Duque y el Joven Duque Valentine siguen aquí. Tal vez, ¿estaban a punto de regresar primero? —Notaron que no me sentía muy bien, así que Padre y Hermano me dijeron que regresara a casa primero y descansara. Ante esto, Leo dijo: “Ah... es así.” Habló en voz baja, aunque sonó como una respuesta. —Efectivamente, puede que le doliera la cabeza. Había derramado muchas lágrimas, ¿no? —Mientras hablaba, sus ojos estaban fijos en Rosetta. Los dos hombres que estaban a ambos lados de Leo sentían una evidente curiosidad. Y, además de ellos, Daniel, que estaba detrás, también parecía mirar con interés. —Sí, fue un espectáculo vergonzoso de mi parte. —¿Vergonzoso? Pero, para que la Joven Dama haya derramado tantas lágrimas por alguien que no conoce, lo único que pensé es que usted debe ser una persona de muy buen corazón. —Admito que soy bastante blanda de corazón. Y también lloro mucho. Ah, maldición. Más que palabras, la respuesta que fluyó de sus labios parecía más bien una respiración. Pronto. se hizo el silencio. Las dos personas permanecían frente a frente sin decir palabra. Eran un espectáculo para la vista, como una pintura, pero mientras sus ojos se encontraban, se medían constantemente. “¿...Por qué demonios…?” Se preguntó Rosetta para sus adentros. No podía bajar la guardia ni un segundo. Era natural que ella se mantuviera alerta cuando estaba con él, pero ¿por qué Leo de repente intentaba ver a través de ella? Si se hubiera topado con ellas por obra del destino, entonces su atención debería haberse dirigido directamente a Alicia. No debería estar mirando a Rosetta innecesariamente. Cierto. Si esta situación hubiera sido causada por alguna regla no escrita de la novela original. Pero, no. Independientemente del destino o de lo que sea, es como si estuviera siendo empujada a presentarse ante este hombre por alguna fuerza. Si es así, ¿qué sentido tiene intentar averiguar furtivamente sus motivos? No quería creerlo, pero tal vez —si se trataba de una mujer que lloraba— el interés de este hombre se despertaba… Entonces, ciertamente, Rosetta sintió que había tomado la decisión correcta al desviar ese interés de Alicia. Como Rosetta más bien se había lamentado en ese momento al lado de Alicia, las lágrimas que poco a poco goteaban por los ojos de Alicia pasaron desapercibidas en ese momento. Tenuemente, muy posiblemente. Pues sí. Rosetta pensó que su atención se desviaría hacia ella. Y no importaba. Esto era algo bueno. Porque su objetivo final era que Alicia no desempeñara el papel de protagonista femenina. Sin embargo, ahora que se enfrentaba a esta misma situación, todo lo que podía pensar era que este hombre era un idiota muyextraño. Y… "Loco bastardo." —Por casualidad, ¿es eso todo lo que necesita? Si esa es la razón por la que me ha buscado, entonces me gustaría excusarme ahora. Como mencionó antes, me duele bastante la cabeza. —Rosetta hablaba como si estuviera atravesando un mal momento. La mirada de Leo estaba fija en Rosetta todo este tiempo, pero cuando se rompió el largo silencio entre ellos, apartó la vista. Aquellos ojos rojos se volvieron uno a uno hacia las personas que estaban al lado de Rosetta. Hacia Alicia, que estaba ligeramente detrás de ella. Luego hacia Cassion, que estaba de pie mirando fijamente a Leo. Sus ojos rojos se detuvieron en Cassion. En su cabello, que tenía el tono del azul del cielo nocturno. Como si aquella mirada fuera calculadora, como si intentara atravesar el velo del otro hombre. Con sólo un fino trozo de tela entre ellos, los dos hermanos se miraron fijamente. —Disculpe. —Una vez más, Rosetta rompió el silencio. La mirada que estaba sobre Cassion volvió hacia Rosetta. —Ah, se encuentra mal y, sin embargo, le retengo aquí. Sí, eso es todo. Es sólo que me sentí mal al verle llorar antes, así que quería preguntarle si se encuentra bien. —Muchas gracias por su preocupación. Entonces, con su permiso, nos pondremos en camino. De nuevo, mi más sentido pésame. —Rosetta respondió así e hizo una reverencia hacia él. No tenía ni idea de cuántas veces se había visto obligada a inclinar la cabeza así hoy. ¿Por qué era tan difícil salir de esta mansión? Mientras Rosetta refunfuñaba para sus adentros, agarró la mano de Alicia por detrás. Alicia se estaba escondiendo en silencio, y eso era exactamente lo que Rosetta le había pedido que hiciera antes de que entraran en la residencia Carter. Nunca entablar conversación con el joven duque Carter, aparte de darle el pésame. Nunca establecer contacto visual. Al principio, Alicia pensó que eran peticiones extrañas, pero cuando vio el ardiente cabello rojo del hombre bajo la luz del sol, se dio cuenta de que el consejo de su hermana mayor no era en vano. Así que Alicia se apresuró a bajar la cabeza y se colocó junto a Rosetta. Cuando le agarró la muñeca, pareció ser la señal de que por fin se iban. La mirada de Leo se paseó entre las dos hermanas, pero se apartó como si no tuviera intención de retenerlas. Después de hacer una ligera reverencia a modo de despedida, Rosetta se llevó a Alicia y a Cassion. Sin embargo, al final, aquel fingimiento ni siquiera duró mucho. Una vez más, la misma voz las retuvo. —A partir de ahora, ¿por qué no vienen a visitarnos más a menudo? Aquellas palabras, podía atestiguar Rosetta, eran las peores que había oído en su vida. Traducción: Arkonte.