La agotadora realidad de la transmigración a novelas

Capítulo 84

La agotadora realidad de la transmigración a novelas ● Capítulo 84 Lentamente, levanté mis pesados párpados. Cuando mi vista se adaptó al entorno, éste era excepcionalmente luminoso. Bajo el cielo despejado, flores blancas florecían en un campo, meciéndose con el viento. Flores de melocotón. No, tal vez magnolias. Extrañamente, la dulce fragancia de las flores llegó hasta la punta de mi nariz. Era un aroma desconocido pero familiar. Y sólo entonces me di cuenta de aquello sobre lo que me recostaba. “Una roca.” Yacía sobre una roca ancha y plana que parecía tallada. Parpadeé con los párpados pesados. Después de pasarme ambas manos por la rostro, me fijé en las mangas largas de mis brazos, que hacían ruido al moverme. Tal vez. No, estoy segura. Esto era un sueño. Un sueño sobre la segunda transmigración. “Me pregunto cuánto tiempo ha pasado desde que tuve un sueño vívido.” Era la primera vez después de haber soñado con Urien, lo que ocurrió después de visitar la mazmorra la última vez. Había tenido tantas pesadillas y sueños tontos antes de éste, que me había cansado de ellos, pero éste era tan inusualmente vívido. "¿Por qué demonios sigue pasando esto?” Era sólo la segunda vez que experimentaba un sueño vívido. Pero si lo pones de otra manera, se repitió por segunda vez. He vivido múltiples transmigraciones, pero es la primera vez que lo experimento en esta ronda. Cerré los ojos y pensé. Ha pasado un tiempo, pero estaba experimentando tan vívidamente la fuerte condición de este cuerpo otra vez. Este cuerpo se sentía tan ligero que no podía compararse con el débil cuerpo de la hija de un Duque. Así es. Solía viajar por el mundo con este cuerpo. ¿Pero cuánto tiempo había estado acostada de esa forma? Poco después, un crujido llegó desde un lado, y una presencia. Al oír el sonido que no se ocultaba a propósito, mis ojos se giraron rápidamente para ver de quién se trataba. Y allí, la persona que hizo ese sonido me devolvió la mirada. Era un joven alto, de cuerpo ágil y cabello largo. Aunque sus ojos estaban cubiertos con un paño blanco, sus labios sonreían mientras se abrían lentamente para hablar. —Seola¹ La voz que hablaba era profunda, suave. Pensé que esa voz sonaría ajena a mis oídos porque hacía mucho tiempo que no la oía, pero no me resultó para nada desconocida. Tal vez porque era un sueño. Con la mirada perdida, abrí los labios. —Mogi-Oraboni²… En la segunda transmigración, fue mi hermano mayor, el que me enseñó a hacer el elixir. Shin Mog. Ese es su nombre. Sus ojos, siempre cubiertos por un paño blanco, fueron heridos muchos años antes del nacimiento de la persona que yo poseía. Así que nunca pude ver sus ojos, ya que estaban cubiertos con una tela blanca. No sabía el color de sus ojos, la forma de sus ojos, la longitud de sus pestañas. Inmediatamente después de poseer el cuerpo de Baek Seol, le tuve mucho miedo. Todo lo que tenía para disfrazarme era este caparazón exterior. Y, para alguien que no dependía de sus ojos, él podría ver a través de mí. Tenía miedo de que él, cuyos ojos estaban cerrados bajo esa tela blanca, pudiera captar mi esencia. Tenía un miedo increíble. Pero por una razón u otra, me acerqué a él. Porque fue el único que se apiadó de mí, entre los hermanos que no se tenían ningún afecto. Su simpatía fue como la lluvia sobre una tierra asolada por la sequía mientras yo intentaba navegar por este difícil mundo. No tenía ni idea de por qué se compadecía de mí. Quizá sintiera lástima por este cuerpo, que era débil comparado con el de los demás hermanos. Quizá porque vomitaba sangre cada vez que entrenaba y tenía que suplicarle por medicinas todos los días. Los demás le llamaban la "Grulla Austera", y sin embargo, era especialmente amable conmigo. Originalmente era un destacado guerrero de artes marciales, pero perdió la vista, lo que le impulsó a sumergirse en la investigación de la medicina. Al final, demostró un talento especial en la elaboración de elixires artificiales. Muchos querían convertirse en discípulos suyos para que les enseñara a fabricarlos. Sin embargo, la única a la que tomó bajo su tutela como alumna y enseñó a elaborar el elixir fui yo. “—Seola, sigue dominándolo. Estoy seguro de que algún día te será útil.” A través de su mirada de sangre fría y eternamente helada, había una brecha en su semblante al considerarme cariñosamente como de la familia y no como la “Grulla Austera”. Y al mismo tiempo, también era mi estimado maestro. Cuando me golpeé la cabeza contra el suelo y encontré la muerte durante aquella segunda transmigración, el único rostro que me vino a la mente fue el de Mogi-Oraboni. A veces decía esto. Que, tal vez porque le habían robado la vista, miraba las cosas de forma diferente a los demás. Diciendo esto, sólo a veces se empapaba el paño blanco que cubría sus ojos. Aquellos ojos bajo el paño, que nunca había visto antes, se humedecieron en ese momento. “—Pobre niña. Tú, pobre niña…” Por sus ojos corrían lágrimas frías y cálidas a la vez mientras repetía estas palabras una y otra vez. Mientras tanto, me acariciaba el cabello. Su voz, mientras me recitaba las mismas palabras, era tan terriblemente afligida que, después de esto, lloré en secreto para mí misma unas cuantas veces mientras lo recordaba. Aquí, en mi sueño, caminaba por el campo mientras miraba la ancha espalda de Mogi-Oraboni. Las flores blancas, que habían crecido mucho, me hacían cosquillas en los tobillos. —Seola. —Sí, Oraboni. Cada vez que daba un paso y cada vez que soplaba el viento, el cabello largo y oscuro de Oraboni se agitaba. La última vez que vi a Oraboni fue durante aquella escena lacrimógena, así que no pude evitar morderme los labios al reencontrarme con él después de mucho tiempo. —Deseo que domines tus técnicas despacio, muy despacio. Tras decir esto, dejó de caminar. En el mismo momento en que las zancadas de Mogi-Oraboni se detuvieron, el viento que soplaba también se detuvo. Cuando el viento se detuvo, los pétalos que danzaban junto con la brisa aparentemente se detuvieron en el aire. Y aquí, los pétalos cayeron mucho más despacio hacia el suelo, como si fuera una lluvia de pétalos. Era realmente una escena propia del reino celestial. Con voz algo suprimida, le respondí. —Pero, Oraboni. ¿Eso no pondría mi vida en peligro? Se giró lentamente. Los ojos ocultos por aquella tela blanca permanecían desconocidos. Sus finos labios dibujaron una hermosa sonrisa. —... Quién sabe. Aún así, me arrepiento por cómo te fuiste. Podría decirse que te he cogido cariño. —¿Eh? Sin saber de qué estaba hablando, le pregunté. Pero ante esto, sonrió en silencio y me acarició el cabello. Desde que era muy joven, hasta que aprendí artes marciales y viajé entre el reino mortal y el celestial, él me acarició el cabello como hacía habitualmente. —Seola. —Sí, Oraboni. —Tal vez todos los discípulos del Monte Baek, junto con los hermanos discípulos y hermanas discípulas del mismo maestro, ya podrían haber descendido si lo único que necesitas hacer es prepararte con todo lo necesario. En un momento dado, yo también descendí. Fue sólo un momento, pero me sentí como si estuviera montado en una nube. Oraboni siguió hablando en voz baja, y su voz era como la brisa de un buen día de primavera. —Supongo que es así. A lo largo de donde deberían estar sus ojos, la tela blanca se humedeció. Sin decir palabra, me quedé mirando el paño blanco mientras seguía empapándose. —Deseo que desciendas muy lentamente. —Oraboni. —Deseo que pases menos penurias, aunque sólo sea un poco menos. —Oraboni... ¿Por qué dices estas cosas? —A dónde más irás esta vez, me pregunto, en estos viajes errantes. La mano que me acariciaba el cabello se detuvo. Sonrió apenado. Lloró, apenado. Sonriendo y llorando, dijo una última cosa. —Seola, pobre niña. * * * Con los ojos lentamente abiertos, desperté del sueño. A diferencia de la pesadilla en la que vi a Urien, no me desperté gritando ni sintiéndome como si me persiguieran. “¿Qué clase de sueño fue ese?” Era un sueño tan vívido. Realmente sentí como si hubiera estado allí, como si realmente hubiera visto a Mogi-Oraboni. Por eso, aunque sólo hubiéramos hablado en sueños, me pareció una conversación realmente significativa. Él hablaba así de vez en cuando. Mientras veía otra cosa con sus ojos que no veían, hablaba así conmigo. “—Me pregunto adónde irás esta vez, en estos viajes errantes.” “—Pobre niña.” Sin embargo, su voz clara resonaba detrás de mis oídos. Se me llenaron los ojos de lágrimas, entonces parpadeé y las aparté. A través de mi nublada visión, vi la espalda de Cassion. Y ver la apariencia de aquella persona tan familiar me hizo darme cuenta por fin de que aquella era la realidad en la que vivía ahora. Dejando a un lado mis pensamientos sobre el sueño, jugueteé con la manta. Parecía que el lugar en el que me había despertado era la habitación de Cassion, y yo estaba en su cama. “¿Cómo me he dormido?” Mientras miraba fijamente la ancha espalda del hombre, intenté asimilar mis recuerdos de antes de dormirme. Era el día de la revisión de Ría, así que Diana salió pronto del trabajo. Como Logan iba en la misma dirección, les dije que regresaran juntos. Así que me quedé sola en esta habitación, observando a Cassion mientras dormía y, al mismo tiempo, organizando mis planes para el futuro. Eso es todo lo que recordaba. Parecía que había sucumbido al sueño mientras estaba en el sofá. Sin embargo, me desperté dormida en esta cama, no en aquel sofá. El sofá donde me quedé dormida sólo tenía un pequeño cojín. Mirando alternativamente entre el sofá vacío y la ventana, pronto abrí los labios para hablar. —¿Qué haces? Como acababa de despertarme, mi voz era un poco ronca. Ante la escueta pregunta, el hombre giró tranquilamente la cabeza para mirar en mi dirección. —¿Estás despierta? —¿Por qué estás despierto si eres el paciente? ¿Por qué estoy aquí durmiendo aquí otra vez? —El que duerme debe acostarse y el que está despierto debe levantarse. Con una pequeña sonrisa, me levanté de la cama. Sus ojos negros me observaron, y habló: —¿Por qué? Deberías dormir más. —Acabas de decir que alguien que está despierto debería levantarse. —... Si hay un concurso para clasificar a la gente que siempre tiene la última palabra, tú serías la primera de todo el Imperio. Una ceja se crispó al decir eso, aunque respondió con una sonrisa. Al ponerme en pie, fui a ubicarme al lado de Cassion. Mientras él miraba hacia la cama, estaba recostado contra el alféizar, y en ese mismo alféizar, yo me incliné con el pecho contra el marco. Sólo oía nuestras respiraciones alternarse mientras mirábamos cosas distintas. En medio del oscuro silencio, Cassion giró la cabeza cuando nuestras respiraciones se sincronizaron. Y al sentir su mirada en un lado de mi rostro, yo también me giré para mirarle. A esa corta distancia, nuestros ojos se encontraron. —¿Estás bien? —¿Por qué lo preguntas? La repentina pregunta fue respondida con otra pregunta. —Hasta ahora, parecía que no estabas bien, así que no podía preguntar. Sin embargo, tu complexión es mejor hoy. Así que quería preguntar. “—¿Estás bien?” Recordé la misma pregunta que había oído antes. “—Hasta ahora no parecía que estuvieras bien, La³.” Las dos preguntas se mezclaron. Parecía que yo no tenía buen aspecto. Y en algún lugar de otro mundo, en ese otro cuerpo, tampoco tenía buen aspecto. Originalmente, Cassion no era ingenioso cuando se trataba de estas cosas. Especialmente cuando está oculto, no se supone que se dé cuenta, como un fantasma. Pasándome la lengua por la boca, asentí. —Mm-hmm, estoy bien. De nuevo, hubo un momento de silencio. La noche era esencialmente un período de quietud, por lo que el silencio no era extraño. Esta vez, fui la primera en romper ese silencio. —¿Y tú, estás bien? Ahora tienes mejor aspecto, así que también pregunto. Al oír la pregunta formulada con tono juguetón, los ojos de Cassion se encontraron con los míos a través de la distancia que nos separaba. Una sonrisa tonta adornó sus labios mientras él también asentía. —Mm-hmm, a mí también me va bien. La tonta respuesta hizo juego con su tonta sonrisa. Después de devolverle la sonrisa brevemente, volví a hablar. —Por cierto, no preguntaste. —¿Sobre qué? —Sobre lo que pasó durante el funeral. Por qué ese día me congelé como una loca. Después de preguntar si el otro está bien o no, ahí continuamos. En medio del silencio posterior, sus ojos tranquilos se giraron hacia mí. —Si tienes un motivo para contármelo, me lo contarás. No hay necesidad de entrometerse. Su tono era tranquilo. Incluso más tranquilo que cuando me preguntó si estaba bien. Mientras le miraba sin decir palabra, Cassion inclinó ligeramente la cabeza, preguntándome si me pasaba algo. Desvié la mirada. Tal vez porque estaba mirando fijamente sus ojos negros, pero la habitación en penumbra ya no parecía tan oscura. —... Me ha parecido ver un monstruo. Uno que me persigue desde hace mucho tiempo, ese monstruo. —Monstruo… Era algo extraño de oír, pero Cassion no se entrometió. Sin embargo, sólo dió esta respuesta. —No hay monstruo que no puedas vencer. Tal vez socorro, tal vez no. De lo que sí estaba segura era de que, fuera cual fuera el propósito de sus palabras, volvía a sentirme tranquila. —En efecto, es verdad. Ahora que me sentía mejor, volví a sonreír. Bajo este cielo oscuro, la noche estaba llena de risas. ¹En coreano, después del nombre se agregan los sonidos “a/ah” y “i/ie” cuando se habla con una persona cercana, como un apodo de cariño. Los nombres originales son “Shin Mog” (siendo Shin su apellido y Mog su nombre) y “Baek Seol” (con Seol de nombre y Baek de apellido). ²Oraboni es un honorífico coreano, sumamente respetuoso y algo anticuado, que significa “Hermano Mayor”. Rosetta y Alicia también llaman así a Damián, sin embargo, el traductor original lo ha conservado como “Hermano”. ³“La” también podría ser traducido como “Ra” ya que el Hangul (alfabeto coreano) sólo tiene un carácter para “R” y para “L”. Traducción: Arkonte.