
La agotadora realidad de la transmigración a novelas
Capítulo 89
La agotadora realidad de la transmigración a novelas Capítulo 89 Lillian. De acuerdo a los recuerdos de Rosetta, “Lillian” era el nombre de la difunta duquesa. Y el Duque amaba a Lillian profundamente. “Por supuesto, parece que aún la ama hasta hoy.” De todas formas, este jardín era el lugar que su esposa amaba demasiado cuando seguía con vida, y, aún así, la hija de la pecadora que mató a su esposa estaba aquí en este momento. Justo ahora, bueno, definitivamente parecía que ella intentaba provocarlo. Rosetta mordió sus labios agrietados y escogió sus palabras con cuidado. —Me disculpo, padre. No lo sabía. De haber sabido que este era un lugar especial, no habría venido. Realmente lo lamento. En esencia, entre más rápido te disculpes, mejor. Es mejor disculparse de inmediato que agravar tu pecado poniendo excusas inútiles aquí y allá. Al menos, ése es el mejor método cuando te enfrentas al Duque Valentine. Escuchó la disculpa de Rosetta sin interrumpirla, y cuando terminó, finalmente abrió los labios: —Ya que tú… Sus labios se abrieron sólo una fracción, luego se cerraron de nuevo después de decir sólo el comienzo. “Ya que fuiste tú quien lo mantuvo, puedes venir cuando quieras.” Las palabras que no podía pronunciar desaparecieron de su boca. Estas palabras casi salieron de sus labios sin que se diera cuenta, y era obvio que se habría arrepentido de decirlas si realmente las hubiera dicho. No podía creer que casi permitió que alguien entrara y saliera libremente de un lugar donde permanecían sus recuerdos y los de Lillian. Y era esta niña, nada menos. ¿Tenía eso algún sentido? Mientras el Duque se encontraba en un dilema sobre qué decir, las cejas de Rosetta se fruncieron al sentirse confundida. Pero eso era todo. Ni siquiera quería saber qué tipo de respuesta iba a darle. Ahora que sabía que no se trataba de un lugar cualquiera, su único objetivo era salir de allí inmediatamente. En ese momento, supo que la conversación había terminado. “Incluso estoy un poco sorprendida de que me hayas hablado tanto.” Ya que la conversación había terminado, no sería descortés de su parte pedir permiso para irse primero. Rosetta recogió suavemente la espada que estaba en el suelo. Saliendo de su ensueño, la mirada del Duque siguió en silencio los movimientos de Rosetta. Sus miradas se cruzaron durante un segundo, pero ella bajó la cabeza. —Padre, me iré primero. Por favor, tómese su tiempo y mire a su alrededor como le plazca. Y tal como ella predijo, el Duque no impidió que Rosetta se marchara. Se limitó a mirarla sin decir nada, sólo asintió una vez para dar su permiso. Rosetta se dirigió en silencio hacia el camino. Ya estaba en el límite entre el sendero y la entrada del jardín, pero se detuvo en seco: —Ah. Es porque algo le vino de repente a la mente cuando se dio cuenta de que el Duque habló mucho tiempo con ella aquí. El rostro que le vino a la mente fue el de Alicia. Era esa expresión algo afectuosa y algo apenada de su rostro cuando antes estaban dando un paseo por el jardín. Esto fue lo que dijo: “—Veo a menudo a mi hermano cuando está en casa, pero es difícil ver a mi padre incluso cuando vuelve del trabajo. Tampoco hablamos mucho... Es una pena.” Rosetta, que ahora estaba lejos, se volvió para mirar de nuevo a su padre, llamándole brevemente: —Padre. El Duque parpadeó aturdido desde detrás de ella. Esto pareció ser suficiente respuesta, por silenciosa que fuera. Así que Rosetta continuó hablando sin esperar a que él lo hiciera primero. —Si le enseña este lugar a Alicia, creo que se pondrá muy feliz. —¿A Alicia? La forma en que respondió a la pregunta se asemejaba a la de un niño que no entendía nada. ¿Alicia se pondría feliz si le mostraba este lugar? ¿Por qué? Ante su pregunta, que genuinamente sonaba como si buscara una respuesta que no conocía, Rosetta se encogió de hombros una vez y contestó. —Alicia siempre se alegra mucho cuando habla con ella, padre. Así que si le cuenta historias de Madre... quiero decir, de Su Alteza la Duquesa, creo que se pondrá muy contenta. —Rosetta sonrió ambiguamente cuando Alicia le vino a la mente. Ya podía imaginarse a Alicia saltando de alegría. Esto sólo sería posible si el Duque accede, por supuesto. Sin embargo, el Duque se limitó a mirar fijamente a Rosetta. De alguna manera, mientras soplaba una suave brisa, la voz de Lillian se superpuso. “—Por favor, sé una figura amable con los niños. Véalos a menudo, ríanse juntos, muéstrales buenos lugares, cuéntales historias y escúchalos también. Eso te convertirá en un gran padre. No tienes de qué preocuparte.” Para él, que temía no poder ser un buen padre para sus hijos, estos eran los susurros reconfortantes de Lillian. Hoy fue la primera vez que se dio cuenta de que Alicia se alegraría si conversaba con ella. Pensó que ella se sentiría incómoda con él porque era severo incluso cuando le saludaba de vez en cuando. Por eso no decía mucho a propósito… —Tú. —¿Sí? —Rosetta se sorprendió al oír una llamada abrupta como ésta en lugar de una respuesta. Al principio, el Duque pareció dudar sobre lo que iba a decir, pero luego habló con frialdad. —¿Qué te gusta? Por un momento, Rosetta pensó que podría estar oyendo una alucinación auditiva. Si no era eso, se sintió un poco obligada a preguntar al Duque si estaba enfermo o algo así. Era la primera vez que él hacía tal pregunta. No se refería sólo a después de poseer este cuerpo. Incluso si ella escaneaba todos los recuerdos de la Rosetta original, nunca hubo un momento en el que él hiciera una pregunta como esa. Pero ahora, como si estuviera a punto de aceptar a Rosetta, con una pregunta así… Rosetta consideró brevemente qué responder, pero su contemplación terminó pronto. En lugar de responder a la pregunta, negó con la cabeza. —No hay necesidad de que me pregunte eso. A primera vista, parecía que la sonrisa de sus labios estaba teñida por una mueca de desprecio. Por supuesto, cualquier indicio era tan tenue que cualquiera que la mirara no lo habría notado. Rosetta se sentía excepcionalmente incómoda con la atención del Duque. Pensó que sería cómodo y agradable si pudieran mantener el tipo de relación, o la falta de ella, que tenían los desconocidos. Dar lo que quieres dar y recibir lo que quieres recibir. Además de eso, era risible que estuviera haciendo esta pregunta por primera vez a alguien que ya era casi una adulta. No es como si ahora debieran empezar a pretender ser padre e hija. Podría decirse que estaba exagerando un poco, pero cualquier cosa que pudiera causarle ansiedad más adelante debería cortarse de raíz. Ni siquiera era la verdadera Rosetta. Cualquier atención de su parte sería innecesaria y problemática. “Por supuesto, aún así quiero que empieces a prestar más atención a Alicia y actúes como su padre ahora.” Pero no con ella. Su cambio de comportamiento era como el de Damian. Como si algo —quizás una espina— estuviera alojado en su garganta. Una sóla persona así ya era suficiente. —Estoy lo suficientemente agradecida de que me hayas criado amablemente hasta ahora. Conozco mi lugar. “No te preocupes. No intentaré robar ni una minúscula fracción de lo que pertenece a Alicia.” Haciendo otra reverencia, Rosetta inclinó la cabeza hacia él con una sonrisa en los labios. Su aspecto era aún más formal y distante que antes. Y sin decir nada más, Rosetta se dio la vuelta. Estaba impaciente por salir de aquel jardín secreto y volver a recorrer el sendero. Hasta el punto de que parecía estar huyendo. El Duque sólo pudo permanecer inmóvil mientras observaba la figura de Rosetta que se alejaba. Una vez más, la voz susurró detrás de él: “—No se te permite educar a Rosetta para que se convierta en una persona que camina constantemente sobre cáscaras de huevo. ¿De acuerdo?” Y aquí, se dio cuenta de que no había cumplido ni una sola de sus promesas. Cerró los ojos. Permaneció allí mucho tiempo, como si hubiera vuelto al pasado. El viento pasaba entre las hojas, agitándose de vez en cuando. Parecía el sonido de Lillian reprendiendo sus acciones. * * * —¿Qué es... esto? —Tu espada. —¿Mi espada? —-Sosteniendo la larga espada en sus manos, Cassion preguntó sorprendido. Cuando le dijeron que era su espada, se limitó a parpadear como si no pudiera creerlo. Estaba satisfecha. Cierto, ya que es un regalo sorpresa, esa reacción es natural. Tuve que pasar por un incidente como ese hace dos días mientras probaba la espada, pero ya no me pareció injusto puesto que la reacción de Cassion fue buena. Hace un par de días, tras encontrarme inesperadamente con el Duque en aquel lugar, escapé de allí como si huyera. Fui directamente a mi habitación. Hacía tiempo que no me esforzaba tanto, aunque lo único que hiciera fuera cortar algo de hierba en aquel jardín, pero mi cansancio era más un subproducto del incidente con el duque que de mi esfuerzo físico. “A descansar.” Y así, después de decidirme, realmente me limité a descansar. Al día siguiente, volví a hablar con Blanca a través de la bola de cristal. Después de decirle que la espada era excelente, Blanca asintió. Aunque, en lugar de alegrarse por el comentario, pareció tomárselo como una evaluación natural. Luego, en la noche del mismo día, prometí cenar con Alicia, así que tuve que posponer la entrega de la espada a Cassion para otro momento. Y eso ha sido hoy. Finalmente, la espada látigo de Cassion encontró el camino hacia su amo. —Mi espada… —Después de entregarle la espada, Cassion pasó cuidadosamente una mano sobre ella. Sus ojos oscuros estaban emocionados. No era un caballero sino un mago, pero parecía muy feliz de recibir esta espada. Después de todo, llevaba meses viviendo como un caballero. —Ahora tiene una espada, Sir Maxwell. Felicitaciones. —Lady Rosetta inventó esa espada ella misma. Frente al emocionado Cassion, Diana y Logan dijeron una cosa cada uno. Cassion sonrió agradecido tras escuchar primero las palabras de Diana, y después, tras oír lo que Logan dijo a continuación, se volvió hacia mí asombrado. —¿En serio? Me miró como si no pudiera creérselo. Ante su pregunta, asentí. “Aunque no es del todo una invención mía.” Aun así, sería la primera persona en este mundo a la que se le hubiera ocurrido el diseño de una espada látigo, así que no es del todo erróneo decir que la inventé yo. La humildad innecesaria no es mi estilo. —Sí, y por eso es la única espada de este tipo en el mundo. Es una espada que nadie más puede intentar imitar. La única en el mundo. Y es toda tuya. Después de añadir esas dos últimas cosas en voz baja, Cassion se limitó a mirarme aturdido. Sus labios silenciosos parecían murmurar las palabras "único" y "mío". —Gracias. Es una espada realmente especial. —¿Verdad? Pruébala una vez. Ante mi sugerencia, Cassion asintió. Mientras respiraba hondo, sus dedos tensos agarraron la empuñadura y la sacaron de su vaina. Shiiing. Y al desenvainarla, el sonido único de la espada lo saludó. Traducción: Arkonte.