
La Belleza De Tebas
Capítulo 37
La belleza de Tebas Traducido por: Suni ??? Los ojos de Apolo se abrieron de par en par, el arco todavía en la mano. Era el cuervo, su mensajero volador. Apolo no le había dado ninguna orden al cuervo, pero corrió hacia la mujer mortal y bloqueó la flecha que se dirigía hacia ella. El cuervo estaba sin aliento. Apolo se acercó al costado del pájaro y levantó su cuerpo. Muchas plumas negras de cuervos cayeron del cielo, así le dieron homenaje por la perdida de su compañero. Cantaron a una sola voz. — Dios Sol… por favor cuida de ella. Una mujer que no reconociste vino a tu templo y ofreció su cabello como sacrificio. — ¡! Dejó el cuerpo del cuervo y rápidamente miró en la dirección que perseguían los sabuesos de Artemisa. Artemisa vació barriles de flechas uno tras otro. Había una sonrisa malvada en el rostro de su traviesa hermana. Su pensamiento, que no podía ocultarse en la niebla, finalmente pudo verse. Su rostro parecía decir: '¡Cómo te atreves a cortarte el cabello y ofrecerlo como sacrificio a un festival para conmemorar la dignidad de mi hermano sin ocuparte de los problemas que tienes!' La ira de la diosa contra la mujer mortal, que era lo suficientemente seductora como para llamar la atención de su hermano, era ferviente y de una ira extrema. Una virgen debe ser pura. Incluso si no sirve a la diosa de la castidad, la mujer mortal debe vivir una vida de castidad. Nadie recorre el camino de la esclavitud por su cuenta sin enfrentar represalias. El cabello corto de la mujer mortal fue visto como un símbolo de sexo cuando se trataba de los ojos de Artemisa. No estaba casada y debe haber buscado los ojos de Apolo mientras deambulaba por el festival sin nadie que la cuidara. Cuanto más lo pensaba Artemisa, más repugnante se volvía. La sangre en el hombro de la mujer mortal se esparció gradualmente por su espalda. Artemisa la miró, quien corrió y corrió y huyó de los sabuesos, y levantó su flecha, dirigiéndola a la espalda de la mujer mortal. — ¡Artemisa! La voz enojada de Apolo – resonó. — ¡Ella es Eutostea, princesa de Tebas! ¡Baja tu arco! Mientras la sangre continuaba esparciéndose sobre la espalda de la mujer mortal, una bandada de cuervos se acercó a ella a toda prisa. Artemisa chasqueó la lengua y miró a Apolo con enojo, luego dejó caer el arco que sostenía. Eutostea chilló agudamente. Golpeada por una rama gruesa, sus hombros se rompieron. Eutostea se tambaleó, cerrando los ojos con fuerza. El sonido de los sabuesos se acercaba ominosamente. — ¡Concéntrate en la caza, hermano! ¡Es para terminar esto! Artemisa miró agresivamente a los cuervos como para recordarle a Apolo a qué apostaron. — Si no quieres molestarme, baja tu arco, Artemisa. – gruñó Apolo. Los cuervos volaban por encima. Sus ojos de color rojo pálido brillaron, ojos que provocaban miedo como el león de la muerte. — No hermano. Artemisa sacó un nuevo juego de flechas de su cañón. — Si quieres que se detenga, sé más agresivo. Eres gracioso. Ganaré esta cacería, hermano. Artemisa fulminó con la mirada. Un lado de su cara brillaba con enojo. 'Levanta tu arco si no quieres perder. ¡Hermano estúpido!' Artemisa miró el arco de Apolo, con los brazos caídos. Recordó que Apolo mencionó su antebrazo antes de que comenzara la cacería que lo había lastimado. Ella pensó que era divertido que su arco, que podía matar cualquier cosa a la vista, estaba a punto de pudrirse en este momento. La impotencia visible de Apolo tocó el sadismo de Artemisa para acosar aún más a la mujer mortal. Artemisa se puso derecha, la parte de atrás de su cabello ondeando. Su arco plateado brillaba amenazadoramente. — Rompe los tendones de su tobillo esta vez. ¡Si fallas, serás castigado, Tigris! Su leal sabueso respondió a su solemne orden con un fuerte ladrido. Las hadas de Artemisa, observando la caza en las ramas de los árboles, agitaron los brazos para celebrar la victoria de la diosa. Al escuchar las tranquilas voces de las hadas cantando, Artemisa realizó con calma su ejecución. Su flecha voló con precisión y se hundió bajo las piernas de la mujer mortal. Eutostea gritó entre lágrimas. El dolor penetró todo su cuerpo. Entonces... se cayó sobre los arbustos. ???